FERIADO DE CARNAVAL EN BARILOCHE
Tarde ventosa a ritmo del Rey Momo
La tarde del lunes feriado, en el Centro Cívico, se pintó de tono carnavalesco.
Si bien el clima no era el que uno pueda llegar a imaginar cuando se piensa en una jornada de carnaval, donde, mayormente, la mente se inclina por traer imágenes de la cálida Gualeguaychú, en Entre Ríos, con sus comparsas y sus plumas, en una tradición carnavalesca que viene del siglo XIX.
También está la referencia del otro lado de la frontera, con el exceso visual de lo que sucede en Río de Janeiro, más allá de que este año, por la presencia del Covid-19, en especial de la variante Ómicron, el icónico Sambódromo deberá esperar hasta abril para que desfilen allí las escuelas de samba. Igualmente, cariocas y turistas están viviendo el festejo en eventos privados.
Y, claro, no se puede olvidar lo que sucede en Uruguay, con sus “llamadas” y “tablados”.
Pero estamos en Bariloche, y si bien el viento no arremetió como lo hizo el domingo, el lunes también se apuntó importantes soplidos que en el Cívico se sentían con fuerza.
Por esa razón, resultaba bienvenida la opción gastronómica que deparaban las carpas colocadas a un costado.
Así, más allá de los tentempiés (hamburguesas, pizzetas, empanadas, panchos), que servían para llevar algo al estómago mientras se observaban los shows que se brindaban en el escenario –desde punk a folklore, el abanico de sonidos que se escuchó fue inmenso–, tuvieron especial acogida las bebidas calientes, las cuales, además, se ofrecían a muy buen precio: té y mate cocido a cuarenta pesos, café a sesenta.
Lee también: Durante la tarde, hubo pogo carnavalesco en el Cívico
Además, algunos de los puestos tenían espuma, para los pequeños –y no tanto– que pese al frío insistían en animarse a corretear al ritmo del Rey Momo, personaje que se suele decir que preside los carnavales (en algunas ciudades de Latinoamérica, incluso, se hace un acto donde la autoridad local le entrega a alguien que lo personifica las llaves de la ciudad). Cabe recordar, por ejemplo, que el último álbum de Los Redondos (publicado en noviembre del 2000), con referencias murgueras en los títulos de algunas de sus canciones, se titula Momo sampler, y abre con la composición Templo del Momo.
Momo, en la mitología griega, era el dios de las bromas, los chistes, las burlas. Se decía que, con sus críticas, aunque plenas de sarcasmo, trataba de corregir a los hombres y también a las deidades, y se lo consideraba especial protector de los escritores.
Y a Momo, en los días de carnaval de este año, parece que, en lo que toca a Bariloche, se le dio por soplar con contundencia.
Por eso, muchos de los que acudieron al Cívico realizaban recreos para escapar un poco de la exposición plena al viento, y, tras observar la presentación de algún grupo musical, solían caminar por Mitre, con las manos en los bolsillos, como para ahuyentar el frío.
En estas caminatas, hubo varios que aprovecharon para hacer una especie de almuerzo/merienda o merienda/cena, sentados en algún restaurante, para que las calorías abrigaran por dentro.
También estuvieron aquellos turistas que aprovecharon la tarde para hacer las compras en las chocolaterías, antes de retornar a su lugar de origen.
Y, asimismo, las familias con hijos pequeños optaban por hacerse escapadas desde el Cívico a un local de juegos electrónicos ubicado a una cuadra, para que los nenes se entretuvieran y no protestaran porque los mayores se quedaban prendidos todo el tiempo de lo que sucedía en el escenario de la plaza. Claro que esas visitas al negocio de entretenimiento infantil tenían como límite el punto hasta donde alcanzaba el bolsillo de los padres… Porque el Rey Momo llama a la fiesta, pero no paga.