2022-02-17

INVESTIGADORES DE INIBIOMA-CONICET-UNCo

Las mascotas no deben ser llevadas a las áreas protegidas del Parque Nacional

Las autoridades del Parque Nacional Nahuel Huapi recuerdan que las áreas protegidas no son espacios para compartir con las mascotas, porque su presencia puede afectar a la fauna nativa. Además, el ingreso con perros o gatos a los Parques Nacionales está prohibido, ya que son especies exóticas que, naturalmente, atacan y ahuyentan a otros animales y ponen en riesgo la fauna nativa. Las mascotas son una de las principales causas de pérdida de la biodiversidad. Sus heces pueden transmitir enfermedades a la fauna autóctona.

La Administración Nacional de Parques Nacionales (APN) emitió, hace unos años, la Resolución HD Nº 59-13 con menciones al reglamento para la tenencia de perros, gatos y otras mascotas en áreas protegidas nacionales. En su artículo segundo se menciona: "Queda prohibida la presencia de perros sueltos en todas las áreas situadas en jurisdicción de la APN, salvo que ello haya sido expresamente autorizado, mediante acto administrativo, emitido por el intendente o responsable administrativo del área".

Por otra parte, un sector del grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo) dio a conocer un reciente informe donde especialistas demuestran el impacto que producen los perros sueltos sobre la fauna silvestre.

Aseguran que dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi se han registrado ataques de perros a especies protegidas como el huillín, el pudú y el huemul. Por eso es que las mascotas deben quedar en casa. Un relevamiento se realiza desde el 2019 y evidencia cómo puede afectar la interacción entre estos animales domésticos y la fauna silvestre. La ocasional relación causa problemas a más de ochenta especies diferentes en todo el país.

Los investigadores que dieron a conocer la tarea llevada a cabo son Lucía Zamora, Agustina di Virgilio y Sergio Lambertucci, quienes revelaron que los perros sueltos sin supervisión afectan al menos a 80 especies de animales diferentes en Argentina, y que este impacto en la fauna silvestre está presente en todas las ecorregiones del país.

En el marco de ese estudio, se llevó a cabo una encuesta a más de mil personas de todo el país, cuyos datos obtenidos muestran que el 68 por ciento vio, al menos una vez, a perros sueltos atacando a la fauna silvestre y que el 7 por ciento de esas especies perjudicadas se encuentran amenazadas de extinción a nivel nacional. Entre ellas, se encuentran el huemul, el pudú, la taruca, los flamencos, los pingüinos, el huillín, las corzuelas y los cauquenes. Para dimensionar estos datos, hay que tener en cuenta que solo el 30 por ciento de las interacciones del perro con la fauna llegan a ser observados por la gente, por lo que la amenaza puede ser aún más grave de lo revelado en las encuestas.

Refieren los especialistas que los perros, con su ladrido y olor, pueden generar estrés y miedo en la fauna silvestre y ahuyentarla. También, al seguir su instinto, persiguen y matan tanto a carnívoros silvestres como a sus presas. A su vez, los perros sueltos sin supervisión y que no son bien cuidados pueden transmitir enfermedades tanto a las personas como a la fauna silvestre. Aquellas enfermedades que pueden afectar a los seres humanos se denominan zoonóticas, entre las cuales se encuentran la rabia, leptospirosis, parásitos gastrointestinales, hidatidosis y entre las enfermedades no zoonóticas que los perros transmiten están el parvovirus y distemper.

Por último, se indica que dentro de los Parques Nacionales el impacto de los perros en la fauna silvestre puede ser mayor en áreas donde los asentamientos humanos están cerca de áreas naturales protegidas. En estas áreas no está permitido el ingreso de perros (a excepción que sean guías o lazarillos), ya que son espacios destinados a la conservación de las especies y sus ambientes naturales. Sin embargo, las encuestas revelaron que en el 75 por ciento de 240 áreas protegidas visitadas por los encuestados se observaron perros sueltos sin supervisión y que el 62 por ciento de las personas presenció, al menos, un evento de caza o persecución de fauna silvestre. Esto sugiere que el problema del perro está ampliamente presente en ambientes naturales que deberían proteger especies de alto valor de conservación.

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