2022-02-13

PALABRA DE RECICLADORA (II)

“A veces no daban ganas de venir, pero había que hacerlo”

Trinidad Sánchez hace cinco años que forma parte de la Asociación de Recicladores Bariloche (ARB).

Ella tiene veintiocho.

“Claudia, mi mamá, estuvo trabajando mucho tiempo acá. Como ella falleció, yo quedé en su lugar”, cuenta.

Trini, como la llaman todos, recuerda que, al fallecer su madre, la familia no la pasó bien.

Los seis hermanos, en la vivienda del Nahuel Hue donde estaban, no sabían qué hacer.

“Soy la mayor. En aquel tiempo, yo recién había terminado la secundaria, y nunca había trabajado”, cuenta. 

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“Era complicado llevar un plato de comida a la casa, pagar las cuentas… No había plata y debíamos buscar la forma de hacer algo”, señala, mientras las imágenes tristes de aquella época caen como fichas en su cabeza.

Pero, ante tal panorama, surgió una luz para iluminar el camino: “Estábamos pasando por un muy mal momento, y acá, en la ARB, me dijeron que se encontraba ese cupo libre, por el lugar que había sido de mi mamá, y que me pertenecía”, rememora.

Y, si bien eso significó una tabla de salvación, tampoco es que se encontró con un lecho de rosas. “Nunca había venido al vertedero. Más o menos sabía de qué se trataba, porque mi mamá me contaba, pero, cuando la escuchaba, no imaginaba algo tan duro. Me costó adaptarme; era un mundo muy diferente”, señala.

Así, recuerda los no tan viejos tiempos, donde había que acudir al “manto” –el cúmulo de desperdicios– para revolver la basura y rescatar lo que servía. “Estar entre todo eso en el invierno era muy duro. A veces no daban ganas de venir, pero había que hacerlo”, se sincera.

En ese sentido, resalta las transformaciones producidas desde que tomó el lugar dejado por su madre. “Hubo muchos cambios. Llegó el nuevo camión, por ejemplo, y, además, en vez de meternos en la basura, estamos en la planta, porque ahora se le compra el material a la gente que se acerca a venderlo; ya no estamos afuera”, indica, en relación a que, desde el año pasado, la agrupación tomó la determinación de no acudir más al “manto”, y pasar a adquirir lo que le traen.

En la actualidad, Trini es parte de la comisión directiva. Tiene el puesto de tesorera. Cuenta que está en pleno aprendizaje: “Hago cuentas, y tengo que llevar el sueldo de cincuenta y ocho personas”, manifiesta.

Luego de contar su experiencia, la joven vuelve a su labor, pesando unas bolsas de gran tamaño repletas de cartón, que una familia trae para vender, y encargándose de abonarles.

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