2022-02-07

¿QUIÉN ES EL HOMBRE QUE ORGANIZA LA MARCHA A LAGO ESCONDIDO?

Julio César Urien: fue compañero de Astiz, se sublevó en la ESMA, pasó por Montoneros y Kirchner lo reivindicó

En la primera parte de los convulsionados setenta, hubo un hecho que pasó a la historia como “la sublevación de la ESMA”.

Sucedió en noviembre de 1972, y ocurrió, precisamente, en la Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada.

Por aquel entonces, estaba la dictadura que se autodenominó Revolución Argentina, que se había iniciado con el derrocamiento del presidente constitucional Arturo Illia.

Así, ante la llegada al país de Juan Domingo Perón, tras dieciocho años de exilio, en un acontecimiento que se recuerda enmarcado dentro de lo que se llamó Resistencia Peronista, como una manera de demostrar que todavía había militares que adherían al líder que volvía del exilio, se produjo la sublevación.

La dirigió Julio César Urien, quien en la actualidad -con setenta y dos años- es titular de Fundación Interactiva para la Promoción de la Cultura del Agua (FIPCA), organizadora de la Sexta Marcha a Lago Escondido, en reclamo de una vía que permita llegar, sin restricciones, a ese espejo de agua.

En medio de los preparativos de la controvertida protesta (la propiedad por la que atraviesa el sendero en cuestión pertenece al empresario británico Joe Lewis; se espera la llegada de manifestantes de todo el país, pero hay muchos pobladores de la zona en contra de la movilización), Urien –que fue montonero– habla de aquella sublevación: 

–A casi cincuenta años, ¿cómo recuerda aquel hecho?

–Sucedió cuando se producía, después de dieciocho años, el primer regreso del general Perón al país en el marco del “Luche y Vuelve” (lema del peronismo revolucionario que impulsaba el regreso del líder). En aquel momento, con otros militares, planteábamos que no queríamos actuar a favor de una dictadura militar, como represores. Por eso producimos esa sublevación en función de la defensa del proceso democrático, y en apoyo al regreso de Perón. Hoy, en democracia, los militares que en aquel momento defendieron la dictadura, y actuaron durante el terrorismo de Estado violando los derechos humanos, están juzgados. En lo que hace a nosotros, fuimos reivindicados por el presidente Néstor Kirchner y reincorporados a la Armada en situación de retiro (después de la “sublevación de la ESMA”, que no tuvo un final feliz, Urien fue a prisión hasta la amnistía camporista –al inicio de los cuarenta y nueve días de “Cámpora al gobierno, Perón al Poder”–; luego, tras la muerte de Perón, fue dado de baja, y apresado por la Triple A; el 17 de noviembre de 2005, Kirchner lo reincorporó en un acto realizado en el Salón Blanco; posteriormente, se desempeñó como presidente del Astillero Río Santiago, y durante su gestión se remodeló la Fragata Libertad).

–¿Cómo definiría su paso por Montoneros?

–En aquel momento, fue una lucha que dimos en contra de la dictadura, y durante el terrorismo de Estado enfrentamos lo que fue esa dictadura. Durante todo ese proceso, estuve preso. Fueron más de ocho años; recién salí cuando recuperamos la democracia, en 1983. La Constitución plantea, en caso de que se la viole, que la resistencia es legítima, más que nada en contra de las dictaduras. Nosotros reivindicamos, sobre todo, lo que fue la lucha contra el terrorismo de Estado y, justamente, la política de resistencia. Una vez recuperado el proceso democrático, la pelea se da en los términos que plantea la democracia.

–¿Usted compartió promoción con Alfredo Astiz?

–Sí, éramos parte de una misma promoción. Muchos de quienes estaban ahí formaron parte de los grupos de tareas, salvo quienes nos sublevamos porque no quisimos actuar como represores... Pero gran parte de mi promoción, como Ricardo Cavallo, fue procesada y detenida por delitos de lesa humanidad.

–Antes de la sublevación, ¿cómo era la relación con Astiz?

–En los primeros años de la Escuela Naval, cuando estudiábamos para ser oficiales, compartíamos muchas cosas, como el equipo de rugby. Cuando nos recibimos, dentro de la promoción, él encarnaba un poco el grupo más pronorteamericano, y yo, por el contrario, lo que se entiende como un proyecto nacional y popular. Al final, nuestras posiciones eran antagónicas. Lo concreto es que esa promoción prácticamente se partió en dos. Por suerte, muchos están juzgados por violar los derechos humanos.

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