PERDURA EL DOLOR
Cálido recuerdo de los compañeros de trabajo de Valeria Coppa a tres años de su asesinato
Valeria Coppa fue asesinada a una cuadra de su lugar de trabajo, luego de salir de su turno, que comenzaba a las 7 y terminaba a las 15 horas.
Cocinaba, jugaba al fútbol, ponía límites, enseñaba y siempre llegaba con un regalo para los chicos alojados en el CAINA Varones. Era franca, sin pelos en la lengua, sus consejos siempre eran crudos, sinceros, “no se ponía el casete”, algo que gustaba a los menores. Le gustaba participar de las actividades y salidas recreativas. Aunque era fanática de River, supo regalar una camiseta de Boca a uno de los adolescentes, pero siempre insistiendo para que cambiara de club y se pasara a la vereda de enfrente.
Sus compañeras de trabajo la recuerdan con sus ganas de ayudar y de alcanzar ese tan ansiado pase a efectividad. Además de ser operadora, ejercía otros trabajos complementarios y al mismo tiempo estudiaba la licenciatura en Enfermería.
Llegaba al dispositivo con su bicicleta, la guardaba y comenzaba la jornada con energía y buen humor. Ese 29 de enero del 2019 realizaría su último turno en el hogar y se subiría a su bicicleta por última vez.
Los días posteriores a su asesinato, sus compañeros y compañeras marcharon por las calles de la ciudad exigiendo justicia. Sus fotos comenzaron a verse en las paredes del CAINA, para recordar a la “tía Vale”. Ese verano, había realizado actividades, excursiones, asados, les cortaba el pelo y ayudaba a los adolescentes a vestirse “facheritos”.
En sus turnos dejaba toda su energía para que los chicos pasen un buen momento, para ayudarlos a crecer con buenos hábitos, con respeto hacia sus compañeros. Dejaba todo para poder alcanzar esa estabilidad económica que le permitiera trabajar un poco menos y darle lo mejor a sus dos hijos.
Valeria no pudo recibirse ni ver crecer a sus hijos ni compartir momentos con los chicos del hogar o una charla más con sus compañeras mientras intercambiaban mates. Queda el recuerdo de las personas que la conocieron y compartieron esas tardes de alegría. El primer día de trabajo que ejerció en SeNAF, se le ocurrió hacer un asado afuera, hizo el fuego y salió a comprar una pelota de fútbol para jugar un partido con los adolescentes mientras se cocinaba la carne. Con esa espontaneidad la continúan recordando sus compañeras y compañeros.