EL TEMOR DE QUE EL FUEGO PASARA AL OTRO LADO DE LA RUTA
Ceniza bajo un sol rojo
Y, de repente, el sol se puso rojo.
Durante la tarde del miércoles, pasadas las 17, la esfera en el cielo se tiñó de un colorado incandescente.
El fuego, el humo, todo se confabuló para ofrecer un panorama apocalíptico.
Cerca del acceso a Río Villegas, en la zona de Cañadón de la Mosca había un aire pesado, con ceniza que hacía entrecerrar los ojos, mientras arriba aquella bola se mostraba encendida.
Más allá de los problemas de visibilidad por el humo, el verdadero temor lo causaba la posibilidad de que el fuego cruzara la ruta 40, no como pasó en Las Golondrinas, en marzo, cuando las llamas “caminaron” sobre el asfalto de un lado al otro, sino por la abundancia de pavesa, tal la denominación de esas partecillas ligeras que saltan de una materia inflamada.
Así, la lluvia que se observaba en ese momento no era la de agua tan deseada, sino que caían trozos pequeños de hojas negruzcas.
La llamada columna convectiva, que es la conformada por los gases y el humo, es la que eleva aquellas partes chamuscadas, que luego, al enfrentar en las alturas el cambio de temperatura, caen sin rumbo fijo, hacia donde el viento las impulse.
Y ese soplido, en horas de la tarde, las dirigía hacia el otro lado del incendio de las cercanías de los lagos Steffen y Martin, o sea, para el sector opuesto de la ruta.
El miedo era que esos restos, aún calientes, cayeran en un área que los recibiera con elementos forestales combustibles.
“Son hojas de radal, maitén, ciprés, a veces ramitas, que en ocasiones caen prendidos, y eso es lo que genera focos secundarios. El viento, la poca humedad que hay en el terreno y demás, todo hace que empiece a quemar”, detalló Gustavo Quilodran, jefe de cuadrilla de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE) del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Ante este panorama, se apuntó a trabajar sobre la seccional Villegas de Guardaparques, del mismo lado de la ruta donde se encuentra el fuego -aunque alejado de él-, y en una vivienda del sector opuesto, la única en ese sitio, donde vive un hombre de setenta y pico de años.
“La tarea preventiva consiste en hacer un raleo alrededor de la casa, desde una distancia de veinte metros aproximadamente. Cortamos el matorral, todo lo que es combustible alto, para que quede lo más bajo posible”, explicó Quilodran.
“Además, lo mismo se hace en el perímetro de los corrales de los animales”, añadió, para luego indicar: “También, en la medida que se pueda, se humedece todo el lugar, para que si caen chispas o pavesas se apaguen”.
El brigadista contó: “Ingresé a Parques en el 2010, pero trabajo desde 2002 en el combate de incendios, porque primero estaba en el SPLIF (Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales)”.
Con una amplia experiencia en el tema, acostumbrado a estar frente a las llamas, dice que “todos los incendios se comportan del mismo modo”, aunque aclaró que el que azota a la zona en la actualidad tiene una particularidad: la presencia de población en los alrededores.
En ese sentido, expuso: “Está la gente que vive en El Manso, en Villegas… Salvo lo que sucedió en Golondrinas, que fue un desastre, no se vio algo así. Porque acá lo que hay es un incendio que comenzó como netamente forestal, iniciado en un lugar intangible, que se está transformando en de interfase (los que se desarrollan en áreas contiguas urbanas-rurales, o donde se entremezcla la vegetación con estructuras edilicias como casas, establecimientos agrícolas y demás); es decir que está latente la posibilidad de que queme viviendas”.
Igualmente, aclaró que la zona de Villegas, que es el sector poblado más cercano al fuego, se encontraba, todavía, “a unos cuatro kilómetros de las llamas”.
“Todo depende de la dirección del viento”, expresó.
Quilodran tiene treinta y siete años, y sabe que su profesión es complicada, incluso desde lo emotivo. Tiene una hija de un año y medio, y el 24 de diciembre estuvo hasta último momento con la duda de si podría pasar Navidad en familia.
Finalmente, sí, recibió a Papá Noel junto a su niña, y al día siguiente regresó a combatir el fuego.