DE ESO SÍ SE TIENE QUE HABLAR
¿Qué pasa con la salud mental en Bariloche?
La salud mental nunca deja de ser “tema”.
Pero, en los últimos tiempos, en Bariloche, la cuestión pasó a tomar una relevancia inusual.
Los inconvenientes que rodean a la temática siempre están presentes, no es que se van y vuelven.
Lo que sí tiene sus marejadas es el nivel de exposición.
En ocasiones, la situación sale a la luz, pero, en otras, permanece en penumbras.
Por un lado, todos procuran la integración de los pacientes en una sociedad que suele mirar hacia otro lado, pero lo cierto es que varios (parientes de los enfermos, pero también algunos profesionales) no están convencidos de la normativa actual.
Obviamente, nadie medianamente coherente quiere regresar a la implementación de los viejos manicomios, donde las personas eran tratadas como plantas macerando al sol (en caso de que no estuvieran bajo un encierro permanente entre cuatro paredes).
El asunto es que las opciones que se presentan tampoco convencen.
No se pretende el enclaustramiento perpetuo, ¿pero las estadías de menor plazo deben llevarse a cabo en una sala común? ¿En qué beneficia esto a quien tiene un inconveniente relacionado con la salud mental? ¿No puede ser perjudicial, tanto para esa persona como para quien por azar esté a su lado debido a una problemática totalmente distinta?
La olla explotó con el Covid-19.
Que Escuela de Hotelería y Gastronomía, sí; que Escuela de Hotelería y Gastronomía, no…
Cuando se anunció que los pacientes serían trasladados allí para evitar una situación de aglomeración en el hospital, dedicado casi en su totalidad a los casos de coronavirus, la mayor parte de los allegados a la gente con problemas mentales puso el grito en el cielo.
Luego, al ver que en ese sitio los afectados vivían en un contexto de tranquilidad que se transmitía en el ánimo, aquellos que despotricaban comenzaron a alabar el lugar.
Pero el regreso de las clases presenciales colocó nuevamente el tema en primer plano: ¿qué harían esas personas que habían encontrado un páramo cerca del lago?
La solución, si bien demoró un poco, pareció ser salomónica. En vez de regresar al nosocomio, se puso a disposición el edificio frente a plaza Belgrano donde había funcionado el jardín de infantes Girasoles.
Después, cuando la pandemia mermó en intensidad, el retorno de la internación a la sala común del hospital erizó los pelos de unos cuantos.
Pero, más allá de este devenir, enmarcado más en una cuestión legal que de gustos, detrás también hay un asunto que va mucho más allá.
Todos apuntan contra una falta de atención en las clínicas privadas.
Justamente, donde hay un punto en el que suele haber coincidencia entre los allegados a los pacientes y los profesionales del Hospital Zonal es que en aquellos sitios acostumbran a hacerse los distraídos, con una carencia de guardia psiquiátrica, y envían a las ambulancias derecho para el nosocomio estatal, el cual, ante esa situación, se transforma en un embudo de deglución lenta, donde, por más ganas que se pongan, difícilmente se pueda alcanzar el nivel requerido.
Ahora bien, si aquella queja referida al ámbito privado, de una carencia de atención, se traslada al público, ¿qué pasa con los afectados?
No es la primera vez que llega a la redacción alguna queja referida al tema.
Pero el arribo de varias donde se puntualizaban situaciones de una falta de cuidado adecuado, con el correspondiente miedo a dar el nombre a resguardo de una futura reprimenda que -señalaban- podría llegar a manera de una carencia total de atención, hizo que se intentara conversar con las autoridades del área en el hospital.
Así, una de las dos mujeres que ocupan la jefatura de Salud Mental contestó e indicó que se encontraba de vacaciones, pero pidió que se hablara con la encargada de prensa del nosocomio, para ver quién podía responder el requerimiento periodístico.
Eso se hizo.
Hubo una comunicación con dicha persona, para solicitar conversar con alguien relacionado con el área de Psiquiatría.
Preguntó el motivo, y se le indicó que la intención era consultar, a partir de reclamos recibidos en la redacción, sobre una supuesta falta de atención.
Su respuesta fue: “Están atendiendo con normalidad”, a la vez que pasó las vías para sacar turno, de lunes a viernes, de 8 a 16: en forma presencial, en el hospital por la entrada de Elflein; a través de WhatsApp al 294 4913201; por teléfono al 4409440.
Cuando se le reiteró el deseo de dialogar con alguien del área, para saber si en algún instante había existido un inconveniente, contestó: “Por el momento no están dando notas, están con mucho trabajo, te aviso más adelante”.
Y añadió que “cualquier reclamo/sugerencias/comentario” se podía hacer enviando un mail a dirección@hospitalbariloche.com.ar, o acercándose personalmente para entregar una nota.
Se le señaló que de esa manera no se facilitaba la tarea periodística, e incluso se le especificó que había gente que no se quejaba por falta de turnos, sino por la ausencia de controles adecuados y demoras eternas, aún con horarios predeterminados de atención.
No hubo respuesta.
Sobre la temática de salud mental se tejen mitos y leyendas que muchas veces entorpecen el entendimiento de una cuestión tan delicada.
Y, si no, se pasa al otro extremo, como en este caso: el silencio.
De eso sí se tiene que hablar.
Pero si las personas a cargo del tema no lo hacen, ¿entonces qué?