HABLA EL JOVEN QUE PERDIÓ UN GLOBO OCULAR A CAUSA DE UN DISPARO DE LA POLICÍA
“Yo no nací con un ojo menos, a mí me lo sacaron”
Se encuentra parado afuera de Tribunales, a la espera de ingresar.
La mirada cíclope cargada de tristeza.
Nehuén Marileo solo tiene un ojo.
Lo que está en su otra cavidad es una prótesis insensible.
Un policía le disparó, a corta distancia, el 9 de noviembre de 2018.
El escopetero llevaba el arma cargada con cartuchos antitumulto.
Nehuén tiene ahora diecinueve años; en aquel momento, dieciséis.
“Me veo en el espejo y me observo sin un ojo; es algo muy feo”, suspira.
Al consultarle qué recuerda de aquella jornada de tres años atrás, cuenta: “Fue por la tarde. Me encontraba en la casa de mi suegra, con ella y mi novia. Estábamos afuera, salimos a chusmear porque había un lío: el hermano de mi compañera tenía un problema con otra gente, se agarraban a piedrazos, pero era como a una cuadra de ahí”.
“De repente, mi cuñado llegó, entró, y apareció la policía, que se metió de prepo, sin ninguna orden…”, narra.
“Él se fue rápido, pasó y salió por atrás. La policía dice que tenía un arma y les disparó, pero todo es mentira; cuando me tiraron a mí, él ya ni siquiera estaba. Nadie les arrojó ni una piedra”, manifiesta.
Cuando se le consulta sobre un aviso que habría tenido la fuerza del orden, acerca de disturbios en el lugar -incluso se mencionaron detonaciones de arma de fuego-, expresa: “No sé qué comunicación habrán recibido. Si los llamaron, debe haber sido por problemas que existían con la otra gente, pero era bastante más lejos, como a una cuadra, pero ellos llegaron directamente a la casa de mi suegra”.
“Fue todo rápido; entraron a los tiros, sin una orden ni nada”, apunta Aldana, su novia.
Nehuén continúa: “Recuerdo que dispararon… Yo salí corriendo por el miedo… No quise quedarme ahí, quieto, porque me asusté. Fui hacia atrás, donde hay un patio”.
Y habla del momento en que tuvo al escopetero frente a él: “Estaba cerquita, y disparó. Ni a las piernas, ni a la panza, directo a la cara”.
“Tengo perdigonazos en el brazo con el que me cubrí, y también en la cabeza… Y me sacó el ojo derecho…”, señala.
Sobre cómo siguió la acción, dice: “Me acuerdo que caí de espaldas, porque el impacto me noqueó”.
“Luego me agarraron, me subieron al patrullero, me llevaron a la comisaría, donde no me bajaron ni nada, pero primero fuimos hasta ahí; después, al hospital”, narra.
–¿Qué pasó en el hospital?
–En un momento la doctora me dijo: “Te tengo que decir la verdad: tuvimos que amputarte un ojo”. Lo sacaron completo. Tengo un hueco. Con la posta de goma, me lo explotó… Mi ojo estaba en mil pedazos, no había manera de salvarlo…
–¿Qué sentiste cuándo te lo informaron?
–Tristeza… No sabía qué hacer… Era darse cuenta de que eso iba a ser para toda la vida, una realidad muy fea. Me costó mucho afrontarlo. En realidad, hasta hoy no lo puedo superar. Yo no nací con un ojo menos, ¿entiende?, a mí me lo sacaron.
–¿Observaste si el policía te apuntó?
–Sí, lo vi reclaro… Estaba a tres o cinco metros… En un momento quise saltar un alambre y quedé frente a él; ahí noté que venía con la escopeta, apuntándome directamente a la cara…
–¿Cómo era tu vida hasta ese momento?
–Yo era un pibe normal… ¿Cómo le puedo decir? Me gustaba salir, ir al lago, andar de acá para allá… Una vida como la de cualquiera.
–¿Ibas al secundario?
–Sí, estudiaba, y también hacía changas: limpieza de terrenos, poda de árboles, esas cosas, ¿vio? Me mantenía con eso… También realizaba labores en la construcción.
–¿Pudiste terminar el colegio?
–No, ¡qué lo voy a terminar! A la escuela, no quise asistir nunca más… Después de lo que me pasó, no tenía ganas de ir a la calle. Me fue muy difícil… Costó mucho que volviera a salir; me incomodaba. Tampoco pude trabajar con mi papá en el campo, como tenía pensado hacer.
–¿Cómo siguió tu vida?
–Me sentía discriminado por la sociedad, por todo el mundo… En lo que respecta a lo laboral, es duro que te digan: “No te puedo tomar porque te falta un ojo”.
–¿Te sucedió que te hablaran así?
–Sí, en un momento una persona me lo dijo: “No te puedo tomar porque sos un discapacitado, te falta un ojo”. Es algo muy feo… En la actualidad no estoy trabajando, porque nadie me acepta… Cobro una pensión, y me manejo con eso.
–Ahora, ¿qué deseás que pase?
–Mi mayor deseo es que se haga justicia. Que se compruebe la verdad, no lo que ellos dicen. No estuvo bien lo que ese policía hizo. Me tenía muy cerca, ¿por qué no me disparó en las piernas o en la panza? Donde me diera, igual me iba a voltear. Creo que no era necesario que me tirara a la cabeza.
–Desde aquel día de 2018, ¿volviste a ver a quien apretó el gatillo?
–Hasta el 22 de este mes, que empezó el juicio, no.
–Pero antes de que llegara el juicio, durante estos tres años, ¿nunca se comunicó?
–No, jamás. Ni siquiera para pedirme disculpas.