¡LAS TRES A LA FINAL!
Una mamá comenzó a estudiar para incentivar a sus hijas y se recibió con ellas
“Cuando una pone su vida en manos de Dios, todas las cosas salen bien”, afirma Mabel Sepúlveda, de cuarenta y seis años.
Como se aprecia, es creyente.
Cuenta que concurre a la Iglesia Pentecostal Mahanaim Bariloche.
Así que, para ella, Dios tuvo bastante que ver en que haya podido egresar del Centro Educativo de Nivel Secundario N° 5… ¡junto a dos de sus hijas!
A su lado están Priscilla, de veinte años, y Micaela, de veintiuno.
“Estudiar era algo que tenía pendiente”, explica Mabel, y señala: “Se me presentó la ocasión de poder hacerlo para incentivar a mis hijas, ¡y las tres lo logramos! Terminamos al mismo tiempo”.
La mujer regresa a su infancia y adolescencia, e indica: “Cuando era chica me dejaron terminar la primaria, pero nada más, no quisieron que siguiera… A mis viejos no les gustaba mucho eso de que las mujeres estudiaran”.
“Cuando mis hijas culminaron la primaria, decidí ponerme a estudiar, para empujarlas a que ellas siguieran haciéndolo”, dice.
Añade que ahora va a impulsar a su hijo varón para que también complete los estudios, ya que, según comenta, le quedan pendientes unas pocas materias para recibirse.
Su hija Priscilla está orgullosa de su madre: “Estuvo bueno estudiar con ella, nos motivó mucho”, sostiene, y comenta que había gente que le decía que era imposible que se pusiera a estudiar, ante lo cual, al igual que su mamá, expone que confió en la ayuda divina: “Yo voy a la iglesia, y lo que para el hombre resulta imposible para Dios no lo es”, manifiesta.
Y no piensa cesar de estudiar. Tanto ella como su hermana se anotaron en un curso de formación docente.
“Yo también tengo ganas de seguir”, anuncia Mabel, y enseguida puntualiza: “Quiero estudiar para farmacéutica”.