FRANCISCO SEGUNDO ANDRADE: ARGENTINO Y CHILENO
El orgullo de votar con la mente puesta en el país de sus padres
Francisco Segundo Andrade se presenta como “periodista en boxeo nacional e internacional”.
Acaba de salir del Consulado de Chile en Bariloche, donde emitió su voto para el balotaje presidencial de aquel país.
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Muestra la cédula de identidad chilena, donde dice que tiene sesenta y cinco años.
Pero él no llegó al mundo en el país trasandino.
“Nací en Río Grande, Tierra del Fuego, y estoy radicado en El Bolsón, pero mis padres son de la isla de Chiloé, y, por ser hijo de chilenos, tengo doble ciudadanía”, cuenta.
Más allá de que cualquier jornada electoral encierra (o debería hacerlo) cierta aura de responsabilidad cívica para el votante, este día es particularmente especial para Francisco: “Es la primera vez que voto por Chile; no sabía que se podía”, señala.
En realidad, no hace tanto que es así. Los chilenos en el exterior tienen la posibilidad de sufragar desde 2017.
Para Francisco, hacerlo es “un orgullo”.
“Siento que hago honor a mis padres”, apunta. “Yo siempre digo que soy argentino porque nací de este lado, pero mi sangre es chilena”.
Explica que su papá falleció hace veinticinco años, y que su mamá tiene ochenta y cuatro y vive en Bariloche, junto a la hermana de Francisco (hasta hace seis meses, los hermanos eran tres, pero el menor murió a causa del COVID-19).
Manifiesta que sus padres desembocaron en la Argentina por trabajo, y cuenta que su mamá, al casarse, tenía dieciséis años, mientras que su papá ya andaba por los treinta y seis.
“En aquel momento, tanto las estancias del sur chileno como las del lado argentino convocaban mucha gente, porque la ganadería funcionaba muy bien”, informa.
Así, detalla que los tres hermanos fueron a La Plata para estudiar.
En su caso, es técnico en soldadura industrial en gas y petróleo.
“Me jubilé hace diez años”, puntualiza.
Mientras se desempeñaba en la labor para la cual estudió, solía hacer informes sobre temas técnicos destinados a la prensa.
Así le fue picando el bichito del periodismo.
“Empecé haciendo radio, después televisión… Ahora tengo una página de Facebook ('Kondor Boxeo Patagónico. Francisco Segundo Andrade. Boxeo para todos') dedicada al boxeo”, indica, para luego destacar el avance de su espacio virtual: “En seis años creció muchísimo. Nació en El Bolsón y ya se conoce en diez países”.
–¿Por qué el boxeo?
–Porque es una pasión… Corrí mucho tiempo en moto, pero quería boxear y nunca se dio… Un amigo boxeador, que falleció de cirrosis, me había pedido que nunca dejara de acompañar a los que se dedican al box, porque son los que menos prensa tienen…
Más allá de su fervor por el boxeo, Francisco habla de la necesidad de unión entre chilenos y argentinos. “Peleo mucho por la integración”, sostiene, y recuerda un momento histórico, del 5 de abril de 1818: “Pareciera que nos hemos olvidado del abrazo de Maipú entre José de San Martín y Bernardo O’Higgins Riquelme”, suspira, al evocar aquel instante en que, tras vencer a los realistas, y asegurar la independencia chilena, aquellos dos hombres reflejaron de esa manera la unión entre Argentina y Chile.
Luego, en este día electoral, vuelve verbalmente a Chiloé: “Allá tengo una casa, y, cuando voy, siento el placer de caminar donde trabajaron mis ancestros”, aprecia.
Ese cariño que muestra por aquella isla, en algún modo, se asemeja al sentir de Nicanor Parra, el “antipoeta” chileno, que narra en versos cómo llegó a Chiloé (a los ocho años): “Mas sucedió que cierta vez mi padre / fue desterrado al sur, a la lejana / isla de Chiloé donde el invierno / es como una ciudad abandonada”.
Aquel poema (“Se canta al mar”) culmina con el encanto que causó el agua salada en el futuro escritor: “Desde ese entonces data la ferviente / y abrasadora sed que me arrebata: / es que, en verdad, desde que existe el mundo, / la voz del mar en mi persona estaba”.
Quizá en Francisco también figure un discurso interno formado por palabras acuosas, y por eso, al pisar aquella tierra, con la vista en el horizonte, piense en quienes lo precedieron, aquellos a los que él siguió.