TENEMOS LA RESPONSABILIDAD DE PRESERVAR A LOS NIÑOS
El borderline es una patología que tiene un monstruo interno
Débora Calderón relata una fascinante historia, siendo ella misma la afectada por la tóxica y cruel realidad que le tocó vivir, en su libro. “Había una vez un lugar llamado hemisferio Borderline” entra de lleno al mundo del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). "Nuestro mundo exterior e interior tratan de la vinculación que tenemos y de nuestra actividad cotidiana con el mundo que nos rodea, aclaro porque es un concepto que no podemos dejar ajeno a nosotros y repito que las crisis que podemos estar viviendo están en el presente, en el hoy y esta última es la que hay que superar con esfuerzo, con confianza en nosotros mismos y con la profunda convicción de que somos más que todo aquello que nos pasa y que nos queda, porque siempre hay un espacio para la reconstrucción de nuestras vidas y para recuperar la alegría de vivir y como adultos tenemos la responsabilidad de cuidar a los niños", sintetizó la autora en su presentación.
El trastorno de personalidad borderline es una entidad clínica severa y crónica, que se manifiesta hasta en el 2% de la población en general. Globalmente se caracteriza por una falta de control de impulsos, conductas autolesivas y suicidas, dificultad en las relaciones sociales y alteraciones emocionales. Desde un punto de vista dinámico cabe añadir la desorganización del self (sí mismo) y el uso de defensas primitivas.
Ya en conversación con El Cordillerano, Calderón señaló que el libro es una biografía de autoayuda que habla de una patología que se llama borderline, TLP, que no está muy visibilizada. La persona sufre horrores porque es como un monstruo interior. La idea es visibilizar un poco esa patología y ayudar a los que la tienen y a las personas que acompañan, psicólogos y psiquiatras. "El borderline es similar a la bipolaridad, pero ni siquiera, es una patología que se acrecienta con la niñez poco sólida, de ahí viene, no se involucra en el cerebro como las otras patologías psiquiátricas. Esta patología crece en la adolescencia y en la adultez, en los 25/30 años. Viene con problemas que uno tuvo en la infancia, como violaciones, muertes, padecimientos de familiares muy fuertes, de los padres. Sufrimientos donde el niño no puede sentir que lo estamos cuidando. Es una patología que tiene un monstruo interno”.
Consideró: “Uno se siente devaluado por uno mismo, te empezás a mutilar, siempre contra uno mismo, siempre sintiendo culpas por lo que hiciste o no pudiste haber realizado, poca valoración de la persona. Esta enfermedad no se hace visible, no es que uno va por la vida diciendo yo soy borderline y nadie sabe del sufrimiento de la otra persona, pero ya cuando es algo extremo se trata del borderline”.
En el mismo rumbo refirió: “Uno no nace con borderline, se adquiere en la niñez, por eso es muy importante tener visibilidad de los niños, decirles esto está bien, vos lo podés lograr y no dejarlo devaluado, estar atentos a cuando el niño tiene su formación de futuro, frente a eso nos encontramos con la malformación y la aparición del borderline”.
Distintos profesionales consideran que debido a que algunos de los síntomas son compartidos con otras entidades, el establecimiento de la categoría diagnóstica Borderline ha sido -y sigue siendo- un proceso en constante cambio. Los diferentes modos de entender el comportamiento de estos pacientes han guiado las estrategias terapéuticas de una forma centrífuga durante décadas, disponiendo en la actualidad de un amplio repertorio de teorías y técnicas, basadas cada una en diferentes hipótesis sobre los fundamentos fisiopatológicos de la enfermedad.
Calderón dijo también: “Esto aparece cuando uno empieza a tener crisis, empezás a herir a las personas verbalmente, empezás a autoflagelarte, a cortar, hay muchos en esta patología. Sin medicación es muy difícil no tener crisis. La medicación es muy importante para la persona, como ir a terapia, porque el psicoanálisis ayuda un montón” y reiteró: “Esta patología la tenemos, no se va, hay que tratarla permanentemente, no se puede dejar la medicación, tengo que vivir con esto, la medicación es fundamental no abandonarla, es un estabilizador del ánimo”.
Por último, con mucha empatía contó: “Me encanta escribir, voy a la Universidad Nacional de Río Negro, estudio licenciatura en Arte Dramático, voy por la mitad de la carrera, el arte para las personas con discapacidad es lo mejor que les hace en la vida y además tengo una banda, ‘Llegaste tarde’, soy cantautora, toco la guitarra y canto”.