A UN AÑO DE LA DESAPARICIÓN DEL KAYAKISTA, EL RECUERDO DE SUS PADRES
“No llorisqueamos por los rincones porque ya no nos quedan lágrimas, pero el dolor es constante”
“El 4 de diciembre cumplió treinta y seis años”, dice su papá, Juan, así, en presente. Ha pasado un año de la desaparición de Andrés Quinteros, y todavía cuesta hablar en pasado.
Andrés, el 9 de diciembre de 2020, ingresó en kayak al lago Moreno, en la zona de la Playa del Viento, junto a Marcelo Vera, quien al atardecer saldría del agua con principio de hipotermia…
De Andrés, que no llevaba chaleco salvavidas, no se supo nada más.
El kayak dio una vuelta de campana y, mientras Vera quedó aferrado a la embarcación, Andrés supuestamente intentó llegar a la costa a nado.
Mirta Nicolás, la mamá del muchacho desaparecido, pasa sus días deseando que transiten con rapidez…
–Aun sin encontrar todavía el cuerpo, un año después, ¿pudo hacer el duelo?
–No… Es una desesperación tan grande… Hay momentos en que parece que lo veo llegar… Yo no tuve un entierro para mi hijo. Sólo veo agua, montaña… Pero no sé qué le pasó. Si fue un accidente, bueno, no hay nada que decir… ¿pero si fue otra cosa?
–¿Tiene esa duda, de que haya ocurrido algo más?
–Sí. No puedo entender cómo pudo haberse metido en el medio del lago, sabiendo que era peligroso. Me queda como un espacio en blanco sobre eso: tengo un vacío profundo.
Mirta habla de Vera: “Se conocieron en la Universidad del Comahue, donde estudiaron enfermería… Todavía no se acercó a nuestra casa. No lo culpo, pero, si fue supuestamente amigo de mi hijo, por qué no nos dice cómo fue ese momento, qué sucedió. Sería enfrentar la situación y contarnos cuáles fueron las últimas palabras de Andrés… Ese pibe nunca vino… Dejo lo que hace en manos de Dios…".
La mujer cuenta que, tras el 17 de abril, cuando se realizó una búsqueda en el lago Moreno con una cámara subacuática, y Vera fue para demarcar la posible zona donde habría ocurrido el hecho, no lo vio más.
En aquella ocasión, se vivieron momentos tensos.
Vera, en vez de saludar a los familiares, ingresó a la Playa del Viento por una zona alternativa y rápidamente hizo señas a quienes estaban embarcados en el semirígido que llevaba la cámara para que se acercaran a la costa.
Luego, cuando salió, fue Mirta quien se acercó a consultarle, de buena manera, si podía indicarle el lugar por el que habían ingresado al lago aquel día fatídico diciembre del año pasado.
Vera apenas balbuceó algo, sin mayores detalles, y se marchó como había llegado, sin saludar a los familiares de Andrés.
Aquella búsqueda, como varias más, estuvo a cargo Pedro Mariano Nowakowski y Leonardo César Leocata, integrantes de Pancora, el emprendimiento de robótica subacuática que recientemente obtuvo el premio “Emprendedores de Río Negro 2021”, impulsado por el Banco Patagonia y la fundación Nobleza Obliga.
En ellos, los padres de Andrés depositan la esperanza de que hallen su cuerpo, ya que les prometieron que seguirían sondeando el fondo del Moreno.
“La vida cambió. Ya no somos iguales. Nos tenemos que acostumbrar a la ausencia”, señala Mirta.
“El dolor nunca pasa, pero conocimos mucha gente que se acercó a ayudar”, añade su marido.
Sobre su presente, Juan dice: “Salgo a caminar, sigo laburando (es remisero en la empresa de la familia)… Estoy con un psicólogo del hospital, que me ha ayudado mucho… A la Playa del Viento, voy por la noche, cuando trabajo, o paso al mediodía…”.
Mirta, en tanto, señala que, tras aquella búsqueda de abril, no volvió a aquel sitio. “Estoy cerca de ahí… pero no puedo”, revela (tiene pensado regresar para el lanzamiento del sendero educativo ambiental que llevará el nombre de su hijo).
La mujer dice que se enteraron de lo que había sucedido en la jornada siguiente, el 10 de diciembre.
“La Prefectura había venido el 9 por la noche, para avisarnos, pero no los escuchamos, porque estábamos durmiendo. Al otro día, a las ocho de la mañana, llamaron al trabajo”, cuenta.
También habían acudido a la casa, donde estaba la hija menor (tienen otra; Andrés era el único varón); Juan había salido a caminar.
Así, la familia recibió la noticia de que su hijo había desaparecido en las aguas del Moreno.
“Los prefectos, educados, nos intentaron tranquilizar. Nos decían: ‘Vamos a buscarlo, a lo mejor llegó a la costa nadando y en este momento está metido por ahí, debajo de una rama o algo así…’”, indica Mirta.
El día de su desaparición, había visto brevemente a Andrés.
Ella había partido temprano a trabajar, mientras él dormía.
Al regresar, a eso de las tres de la tarde, el resto de la familia ya había comido y el hijo se fue al departamento que tenía en el mismo terreno.
Cuando se saludaron, él le dijo: “No voy a ir a laburar porque no hay mucho trabajo (Andrés manejaba un auto de la remisería familiar). Saldré a tomar unos mates con un amigo”.
Mirta, hoy, reniega: “A veces me arrepiento de no haberle contestado que fuera al trabajo”.
Ella luego salió a pagar unas cuentas.
Al regresar, Andrés no estaba.
Nunca más lo volvió a ver.
Sobre su actualidad, cuenta: “Trabajo desde temprano (atiende los llamados de los clientes). Vuelvo a la casa a las tres o cuatro de la tarde, picoteo algo, duermo la siesta, me baño, voy a caminar durante una hora, después regreso y cocino… Quiero que el tiempo pase rápido”.
Su marido añade: “Hemos tocado muy pocas cosas de donde vivía; la puerta está casi siempre cerrada”.
Las voces se quiebran…
“En la casa no podemos estar mucho tiempo… Buscamos salir, ocuparnos… Porque Andrés no está… Y no lo vemos llegar”, expresa Mirta, para luego concluir: “No llorisqueamos por los rincones porque ya no nos quedan lágrimas, pero el dolor es constante”.