2021-11-06

EL OBISPO Y LA TEMÁTICA MAPUCHE

“En todas partes puede haber gente buena y gente mala”

El obispo de Bariloche, Juan José Chaparro, participó de la apertura del “Encuentro Intercultural: territorio, derecho y pueblos originarios”, en el Centro Regional Bariloche de la Universidad Nacional del Comahue.

El religioso siguió con atención el desarrollo de los paneles que hubo durante la mañana en el aula magna Juan Marcos Herman.

–¿Qué representa este encuentro para usted?

–Me parece interesante y necesario en este momento que en el ambiente de la universidad se discutan estos temas, que se vean y se analicen. Lo considero muy lúcido. Creo que es bueno para toda la sociedad, para comprender este fenómeno de los pueblos originarios. A mí, particularmente, me interesa mucho, como ciudadano y, también, como pastor de una iglesia, ya que uno tiene que acompañar, conocer, profundizar. Aparte, soy parte de una comisión de la Episcopal sobre Pastoral Aborigen, así que veo esto como algo muy apropiado.

–¿Dudó en venir?

–Me invitaron para estar y acompañar. No tuve dudas en participar, porque creo que es muy bueno. Aparte, tengo conocimiento: participé en la mesa de diálogo, así que he estado en distintas instancias, y esto me parece adecuado.

–¿Desde cuándo está en Bariloche?

–Llegué en 2013.

–Cuando arribó a la región, ¿con qué se encontró en la temática relacionada con los pueblos originarios?

–Noté que había mucha gente con apellidos de origen mapuche. Hay personas que he conocido, como los Maliqueo, que son también de nuestra comunidad cristiana. Luego, cuando fue la muerte de Rafael Nahuel, me convocaron para una mesa, y ahí empecé a conocer un poco más de cerca lo que es la organización. Pero, en un principio, no estaba “el fuego” que se ha producido en todo este tiempo.

–¿Y por qué piensa que el tema tomó este matiz últimamente?

–Me imagino que tiene que ver con reivindicaciones, con el hecho de ocupar lugares, de reclamos que se van dando, de la conciencia del mismo pueblo mapuche. Existe gran diversidad entre todas las comunidades, tanto de opiniones como de estilos. Por ejemplo, cuando hicieron una gran marcha hacia Viedma (en abril 2016, como protesta por la intención de modificar el Código de Tierras Fiscales), hubo algunas que no querían participar, y otras, sí… Voy conociendo todo de a poco… Esa es mi realidad.

–¿Y la violencia que se ha generado en los últimos años? ¿Nota algo particular en la sociedad de esta región?

–Me parece que tiene que ver con la marcha de los pueblos, con lo que va pasando. Habría que estar dentro de las comunidades para hablar… No tengo una explicación, lo que yo veo es el hecho. Y, desde hace dos años, cuando me convocaron para la mesa de diálogo, comencé a estar más cerca de estas realidades.

–¿Cómo se sintió en esa mesa de diálogo, al estar entre las partes?

–No sé si verdaderamente había deseo de solución de los problemas. Me parece que la responsabilidad es del Estado, que debe buscar alternativas de resolución de conflicto para estas cosas. La legislación tiene que afrontar también cómo enfrentar estos temas.

–¿Falta legislación?

–La legislación está, sobre todo para el trato específico de los pueblos originarios. Habría que preguntarse si en el ámbito de la justicia no tendría que haber más gente especializada en derecho indígena, por ejemplo. O hacer tratamientos especiales… Pero me parece que gran parte de la responsabilidad en todo esto la tiene el mismo Estado, ya que en la medida que vaya solucionando las cosas se van a evitar más conflictos.

–¿Cómo recuerda la muerte de Rafael Nahuel?

–Yo conocía a su mamá, porque había visitado su lugar, como hago con tantas familias. Lo que sucedió me golpeó, evidentemente. Y me parece que lo que hicimos con la mesa de diálogo, más allá de su eficacia o no, tuvo como positivo favorecer un entramado y evitar más muertes. Creo que era lo único que queríamos, que no se avanzara con eso. Es una pérdida, como tantas otras, sobre la que la justicia no termina de expedirse. Pensemos en el caso del policía Lucas (Muñoz, el joven oficial que, en 2016, fue hallado muerto en un descampado de Bariloche, con dos tiros en su cuerpo, tras haber permanecido veintisiete días desaparecido), que también me golpeó mucho, porque conozco a su familia de Ramos Mexía. Todo eso lo hace pensar a uno sobre qué es lo que pasa…

–Usted, más allá de su opinión personal, representa a la Iglesia. ¿Cómo se observa, desde lo religioso, la temática de los pueblos originarios, con este conflicto continuo que se aprecia en el último tiempo?

–Respecto a los pueblos originarios, el papa Francisco siempre ha manifestado interés, diálogo, conocimiento… Hay que decir que, a veces, esos pueblos son muy marginados dentro de la sociedad. Entonces, el acompañamiento es fundamental. Después, puede haber distintas miradas en toda la Iglesia sobre cómo se actúa en cada caso. Pero hay un interés en estar en estas situaciones, como también nos toca asistir en otras, como por ejemplo lo que sucedió con Cáritas en tiempo de pandemia, con la manera en que se trabajó con los más empobrecidos; o en un proyecto que tenemos para madres que esperan a chicos en sectores vulnerables… También con los extranjeros, porque nosotros tenemos una casa, “El buen samaritano”, que a veces recibe tanto a gente del interior como de otros países, que no tiene ni para empezar… Tratamos de estar cerca de todas las realidades, no solo de esta.

–Usando una terminología religiosa, del bien y el mal: ¿acá hay actores buenos y malos? ¿O en este tema se mezcla todo?

–Todos tenemos algo de bueno y algo de malo. En todas partes puede haber gente buena y gente mala. Lo que no se debe decir es “toda esta gente es así o es asá”… Si dentro de los católicos hay uno que es violento, no se puede señalar “los católicos son violentos”. Me parece que hay que tener una mirada serena y tranquila para analizar las cosas y ver las situaciones particulares.

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