2021-10-04

PROBLEMÁTICA AMBIENTAL

Aligia y la utilidad de la utopía

Su cara aún se observa en los afiches que permanecen en ciertas paredes de la ciudad. Las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) quedaron atrás, pero la cartelería perdura, y todavía falta que se agregue la referida a las generales de noviembre.

Así, muchos identifican su rostro con el de un militante político (en los carteles mencionados se lo ve como una opción dentro del Frente de Izquierda), pero lo cierto es que Armando Aligia -de él se trata-, además de eso, y de su labor como investigador del CONICET, es un ecologista activo.

¿Pero cómo se originó en él ese interés?

Por un lado, cita antiguos textos que se vinculan con su faceta política: libros de Karl Marx y Friedrich Engels. “Se preocupaban por el cuidado de la tierra; lo que hoy sería agricultura sustentable”, explica.

“Siempre me llamaron la atención esas miradas, y la protección de la naturaleza en general”, señala.

A su vez, menciona que, por cuestiones laborales, estuvo en Alemania a mediados de los ochenta. “Ahí, el Partido Verde tenía un programa para reducir las emisiones de óxido de nitrógeno de los autos… Es decir que hablaban de contaminación ambiental y respeto por el cuidado del planeta”, apunta, en referencia a una cuestión que acrecentó su interés en la materia.

Otro momento significativo en su avance personal hacia la defensa del medioambiente sucedió en los noventa: “En la época de Carlos Menem, hubo una propuesta de canje de ‘verde por verde’, que, básicamente, era naturaleza por dólares. Se realizó un movimiento formado por guardaparques que se oponían, entre ellos Alejandro Beletzky. Fuimos al bosque del Llao Llao, donde hicieron una concentración, explicando sobre la flora y la fauna, y, finalmente, aquello que pretendían desde el gobierno no avanzó”.

“Siempre, en mayor o menor medida, existió un problema relacionado con la ecología”, indica, dando a entender que todo lo que observaba vinculado a la temática se iba haciendo carne en él. 

Justamente, el 27 de septiembre se conmemoró el Día Nacional de la Conciencia Ambiental.

Es una fecha que se estableció en 1995, en memoria de las siete personas que fallecieron en Avellaneda un par de años antes, a causa de un escape de gas cianhídrico.

La efeméride lleva a consultar si en Bariloche existe conciencia ambiental. Aligia considera que la respuesta no es fácil. Recurre a una encuesta que se hizo hace unos años en los supermercados de la ciudad, donde se preguntaba la opinión acerca de la megaminería. “El noventa y cinco por ciento estaba en contra”, recuerda.

Así, opina que, si se toma aquello como un indicativo, se podría pensar que sí existe conciencia sobre la cuestión, aunque aclara que, por lo que aprecia, falta acrecentar el interés en la temática.

“Creo que es responsabilidad del Estado: educación ambiental, información y práctica”, manifiesta.

Acerca de las temáticas sobre las que habría que sembrar conciencia, resalta, a nivel provincial, justamente la cuestión que fue objeto de aquella encuesta realizada en los supermercados de Bariloche: la megaminería.

“En cuanto a la ciudad, la contaminación del lago con residuos cloacales es un gran inconveniente, más si se tiene en cuenta que estamos en una localidad turística”, expresa.

También menciona la situación de los bosques. “En el Circuito Chico hay emprendimientos que no los respetan”, dice.

Asimismo, habla de “fomentar el transporte público”.

“En Bustillo suele haber filas de autos con una o dos personas por vehículo. Sería mucho más práctico que se trasladaran en colectivos, ya que se ocupa menos lugar y se contamina menos”, sostiene.

Cuando se le señala que, para que eso ocurriera, debería contarse con un sistema que funcionara correctamente y fuera tentador, recurre a su lado político y desliza: “Desde la izquierda en general, proponemos la municipalización del transporte, con control de los trabajadores y los usuarios”.

Por otra parte, suma otro tema a tener en cuenta: “En la actualidad hay muchos ciudadanos que se preocupan por la separación de basura, pero es un poco contradictorio, porque, al mismo tiempo, el vertedero es un gran problema. Hubo estudios al respecto, pero sigue siendo un desastre”.

“Hay que reciclar tendiendo a la basura cero”, afirma.

Al preguntársele si realmente cree que ese es un objetivo posible, recurre al escritor Eduardo Galeano y su texto Ventana sobre la utopía, del libro “Las palabras andantes”:

Ella está en el horizonte –dice Fernando Birri–. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.

De esa manera, Aligia reflexiona: “La basura cero quizá sea una utopía, pero, aunque nunca se alcanza, sirve para tener impulso, entonces uno debe tender a ese propósito”.

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