2021-09-21

DÍA DEL FOTÓGRAFO

Matías Garay, la mirada distinta

Matías Garay tiene treinta y cuatro años.

Llegó al diario El Cordillerano en enero para realizar un reemplazo, y ya no se fue.

En el fútbol, hay arqueros, defensores, mediocampistas, delanteros… y están lo jugadores “diferentes”, aquellos que no importa en qué posición jueguen, aunque suelen moverse por el centro de la cancha, como volantes de creación, desbordando si la situación amerita, pero también bajando a dar una mano a los marcadores cuando hace falta.

Ese tipo de atleta destaca por una visión propia del juego.

Cuando se tiene ese don, se ve lo que otros no.

Matías lo posee.

Es un fotógrafo “distinto”.

Luis Caro, papá de Lucas, el joven al que atropellaron y mataron en la avenida Bustillo.

En su infancia, observaba cámaras de 35 y 110 milímetros, de uso familiar, que daban vueltas por la casa, y ahora, cuando se pone a analizarlo, cree que tal vez allí se haya iniciado su acercamiento a la fotografía.

Tendría unos dieciséis años cuando comenzó a echar mano a esos aparatejos y tratar de aprender sus secretos.

Al culminar el secundario, decidió partir de Bariloche, su ciudad natal, en busca de un camino propio, para donde soplara el viento. 

Y la corriente lo llevó hacia donde atiende el Dios argentino: “No sabía qué hacer de mi vida, y fui a Buenos Aires, a estudiar Comunicación Social”, cuenta.

Realizó el Curso Básico Común (CBC) y un año de la carrera, pero no llegó a enamorarse de ese aprendizaje, así que, una vez más, quedó cautivo de la duda: ¿qué hacer?

8 de marzo: Día de la Mujer.

En Buenos Aires, su cable a tierra a nivel emocional era una especie de hermana postiza, con la que compartió su infancia, que vivía en el barrio de Palermo.

Ella trabajaba en un banco de fotos de origen suizo llamado LatinPhoto, fundado en 1999, referido exclusivamente a Latinoamérica, con archivos de fotos documentales sobre distintas cuestiones de esta parte del mundo. 

Matías había empezado a tomar fotografías en las calles porteñas, y se las mostró a la joven, quien vio potencial en el material.

“Me hizo un contacto para entregar fotos en ese banco de imágenes, y ahí me inicié en el mundo del fotoperiodismo, que, hasta ese momento, desconocía”, expresa.

Villa Llanquín: la balsa Maroma, que une la ruta con el poblado, a primera hora de la mañana.

Comenzó a estudiar fotografía en un instituto de Flores, vecindario en el que Alejandro Dolinas sitúa sus Crónicas del Ángel Gris.

Y cierta aura angelical hubo en esa decisión, porque, a partir de ahí, vivió pegado a una cámara.

Pasó también por la escuela de la Asociación de Reporteros Gráficos de la Argentina (ARGRA), y se metió de lleno en la actividad, como trabajador independiente, en varios medios de comunicación, tanto de los grandes como otros no tan conocidos, sin dejar nunca de estar en el staff de LatinPhoto.

Además, presenció de cerca el barro político cubriendo campañas electorales para distintos partidos.

Villa La Angostura: femicidio de Guadalupe Curual.

Luego, agobiado por la pesadez asfáltica de la gran ciudad, volvió a sus pagos de origen.

“Buenos Aires me había cansado; me robaron dos veces”, rememora.

En una ocasión, le sustrajeron el equipo fotográfico de una sala destinada a la prensa, durante el desarrollo de la Copa América.

Parece ser que un reportero extranjero se había acreditado con el fin de llevarse distintos recuerdos…

A la salida del estadio de All Boys, en Floresta, en tanto, tras un partido donde el local enfrentó a Rosario Central, le tocó ser víctima de un robo a mano armada.

“Laburar de manera independiente tiene esos riesgos; lo que se te pierde o rompe lo tenés que cubrir vos”, apunta a la distancia.

Ya en la Patagonia, trabajó para el Ministerio de Turismo, Cultura y Deporte de Río Negro, y ahora pone su mirada al servicio del diario El Cordillerano.

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“Me gusta el fotoperiodismo, lo amo”, afirma.

Señala que le gusta fotografiar acontecimientos deportivos, pero, sobre todo, esas situaciones donde la tensión popular se hace carne en la calle, muchas veces a partir de cuestiones vinculadas a lo sociopolítico, como es el caso de algunas manifestaciones.

“Me apasiona meterme en contextos donde aflora la adrenalina”, sostiene.

Y aclara: “Sacar fotos porque sí no me llama la atención. Tiene que haber un mensaje. Que lo que fotografío me dé algo, o yo dárselo a eso que estoy fotografiando”. 

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