2021-09-20

DÍA DEL FOTÓGRAFO

Facundo Pardo, ése que todos conocen

Facundo Pardo es el fotógrafo del diario El Cordillerano al que todos conocen.

Durante las coberturas (de lo que sea, puede ser una marcha o un partido de fútbol; una inauguración, una fiesta o un velorio), alguien siempre se acerca a saludarlo.

Con la cámara colgando, rumbea por todos los rincones de la ciudad hasta dar con la foto deseada.

En 2007, trabajaba de playero en una estación de servicio.

Un día venía de una jornada complicada, y quería tirar todo al diablo.

En eso andaba, rumiando bronca, cuando fue a cargar nafta una amiga, junto al novio.

Al verlo así, le preguntaron qué le sucedía.

“Facu” les explicó, y entonces le contaron que el muchacho estaba por marcharse a Buenos Aires a estudiar, e iba a dejar su puesto en un laboratorio fotográfico. Así que, recomendado por el joven, el dueño del negocio, Roberto Fernández, lo contrató y Facundo se metió en ese universo donde todavía se hablaba de revelar rollos.

“Se trabajaba mucho con los que laburaban con el turismo”, recuerda.

La dinámica con la que se movían los fotógrafos comenzó a llamar su atención.

Decidió, entonces, realizar un curso.

Aprendió lo básico, como lo relacionado con el encuadre y el manejo en modo manual.

Las primeras prácticas las realizó con una cámara Agfa.

“La tenía mi mamá… Era la de la familia, aquella que no te dejaban agarrar porque se gastaba el rollo. De nene era repesado, cada vez que había que sacar una foto, la quería hacer yo. Me acuerdo que mi primera fotografía fue a mi mamá y mi tía: hay una pared gigante y, abajo, ellas dos”, ríe.

Tras aquella anécdota de cuando tenía alrededor de diez años, retoma el relato sobre los primeros días de su curso inicial, cuando, justamente, enganchó mal dos rollos de treinta y seis capturas: “Recorrí medio pueblo sacando fotos para nada”, carcajea.

Una foto que alcanzó los medios nacionales: antivacunas vestidos como integrantes del Ku Klux Klan.

Facundo siguió realizando diversas labores, y veía a la fotografía como un hobby, aunque tenía el sueño de que se transformara en su profesión.

Recuerda que realizó otro curso, a cargo de Hernán Canuti y Hernán Villar, ya con un equipo digital, donde le enseñaron a cómo manejarse con una cámara, incluso en lo referido al trato con la gente.

Y el camino siguió.

Un amigo del barrio tenía un blog sobre Deportivo Cruz del Sur, y le comentó que sería bueno incluir fotos, porque la mayor parte de lo que aparecía era sólo texto.

De esa manera, comenzó a seguir la campaña del equipo desde adentro de la cancha, lo que, para él, hincha, fanático, le resultaba increíble.

“Antes, cuando desde las tribunas miraba a los fotógrafos, decía qué ganas de estar ahí… Y con el tiempo se dio”, expresa.

La crisis habitacional de Bariloche y la temática de los asentamientos: todo junto en una imagen.

Pero, tras la alegría, llegó un momento complicado.

Se había quedado sin trabajo, y las dos cámaras que tenía en aquel momento dijeron: "Hasta acá llegamos".

Recuerda aquel tiempo como el de “la mala racha”.

Ya que no podía entrar a la cancha como fotógrafo, se le ocurrió acreditarse como periodista.

Agarró una libretita y se metió.

En realidad, lo que quería era ver jugar a su club.

Aquella vez, en el entretiempo, se le acercó el fotógrafo Fabio Hernández, que ya trabajaba en El Cordillerano y lo conocía de verlo fotografiar en los partidos.

Facu le contó su situación.

Fabio lo instó a que llevara su currículum al diario, además de invitarlo a que lo acompañara a diversos acontecimientos deportivos, donde le prestaba una cámara.

Pardo empezó a trabajar en un estudio jurídico, recibiendo a la gente, y lo llamaron del periódico para que comenzara a cubrir los francos de Fabio, así que durante un tiempo realizó las dos labores: “Era fotógrafo a la mañana y por la tarde me transformaba en oficinista”, bromea.

Finalmente, se dedicó por completo al fotoperiodismo.

Era 2016.

Un cóndor rumbo a la libertad.

Entre los momentos destacados de su labor en El Cordillerano, recuerda una liberación de cóndores en Sierra Pailemán.

Más allá del acontecimiento en sí, lo emocionó el trasfondo que tenía aquello para él: Hernán Canuti, que había sido su profesor de fotografía, falleció a los cuarenta y tres años, en enero de 2014. “Él era fanático de los cóndores. Nos contó que, en un momento malo de su vida, vio uno, le hizo una foto, y con eso tuvo una transformación y nació su pasión por esos animales. Siempre me decía que tenía que ir a Pailamán. Yo le contestaba: ‘Ya voy a ir’. Así que, cuando pude presenciar aquello, fue una manera de cumplir mi promesa”, afirma Facu.

Época de pandemia.

Siguieron muchas cosas: la pandemia, ir por la calle como personal esencial y escuchar los murmullos de la gente en sus casas en el marco del silencio reinante en la cuarentena; los trabajadores de la salud enfrentando el virus mano a mano, y retratarlos poniendo en juego el propio cuerpo…

También el eclipse solar del 14 de diciembre de 2020, claro… Y un largo etcétera.

Eclipse solar total.

“Laburar en un diario es el deseo de todo pibe que sueña con ser reportero gráfico”, suelta.

En la actualidad, a los treinta y cuatro años, Facu mira desde lejos a aquel muchacho que era playero en una estación de servicio.

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