2021-09-12

EXPLICA EL DOCTOR SEBASTIÁN ROMERO DEL HPR

“La hora de oro”: La importancia de acudir a la guardia ante un dolor de pecho

Con motivo de la inauguración de un equipo de última generación para tratamientos y diagnósticos en pacientes que sufren infartos o enfermedades cardiovasculares, el actual Jefe de Servicios del área de Cardioangiología Intervencionista del HPR, Sebastián Romero, habló sobre la importancia de acudir tempranamente a la guardia ante posibles síntomas de estas enfermedades. 

En diálogo con El Cordillerano, el profesional detalló la importancia de atender a los signos de alarma que se generan ante un infarto: “Llamamos ‘la hora de oro’ a esa primera hora en la que el paciente registra síntomas de estar sufriendo un infarto, ante un dolor de pecho, por ejemplo. Y le decimos así porque si en esa hora se logra desobstruir la arteria causante hay menor consecuencia para el corazón”.

En este sentido, el doctor explicó que las enfermedades cardiovasculares y sobre todo el infarto agudo de miocardio tienen una ventana de tiempo de escasas horas para ser tratados. “Cuando alguien tiene un infarto el tiempo para abrir la arteria determinado es de 12 horas, incluso hasta 24 horas, pero mientras más rápido se realice la apertura del vaso habrá menos posibilidad de secuelas por insuficiencia cardíaca, o de fallecimiento” indicó.

“No solo importa la calidad del recurso humano y de la tecnología que dispongamos, sino también la responsabilidad de las personas de acudir con rapidez a la guardia” señaló. Así, consultado acerca de la cantidad de personas que acuden al centro asistencial por estos motivos, indicó: “de las personas que ingresan a la guardia, aproximadamente un 30 por ciento es por dolor torácico, y de esas personas un 25 sufren, por lo general, síndrome coronario agudo por arteria obstruida”.

Signos de alarma

  • Presión, ardor, tensión o molestia opresiva en el pecho que dura cinco minutos o más.
  • Molestia constante que parece indigestión.
  • Presión incómoda del pecho que irradia a los hombros, los brazos, el cuello, la mandíbula o la espalda.
  • Mareo, desmayo, sudor o malestar de estómago.
  • Dificultad para respirar sin que haya una explicación obvia.
  • Ansiedad, debilidad, náuseas o cansancio inexplicables.
  • Conciencia de tener alteraciones de los latidos normales del corazón, con sudor inexplicable y palidez de la piel.
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