2021-08-24

TODAS LAS CAMPANAS

Las diferentes voces acerca de la desmanicomialización

La desmanicomialización es como se conoce a la tendencia imperante en lo relativo a salud mental, por la que los manicomios, como se denominaba a los viejos neuropsiquiátricos, dejaron de ser una opción.

En la Argentina, en ese sentido, Río Negro fue pionera, ya que sancionó una ley (la 2440) en 1991.

A nivel nacional, con algunas diferencias, recién se estableció algo similar en 2010.

Sin embargo, es un tema que concentra distintas opiniones.

En realidad, la cuestión de fondo se acepta casi en forma unánime, porque el recuerdo de personas vegetando en un manicomio, casi como una imagen medieval, no es agradable para nadie.

El problema radica en los dispositivos intermedios que harían falta para que la normativa se llevara delante de manera positiva.

En ese sentido, se aprecia que ese punto todavía es una deuda.

Yamila Poggi (foto de Matías Garay).

La psiquiatra Yamila Poggi se presenta: “Me formé en Buenos Aires, hice una parte de mi residencia en el hospital Belgrano y otra en el Borda, para después trabajar tanto en el ámbito público como en el privado”.

La profesional explica: “La Ley Nacional de Salud Mental 26.657 impide que se abran nuevas instituciones monovalentes, y las que ya estaban se tienen que reorganizar. Las internaciones psiquiátricas deben realizarse en hospitales agudos, generales. Esto, en Buenos Aires, se lleva a cabo con dificultad: se puede llegar a internar a un paciente en un sanatorio público, pero con inconvenientes, porque todavía no están preparados para eso. En Bariloche, es todavía mucho más difícil, porque solo hay un espacio, que es el Hospital Zonal”.

Poggi, quien se radicó en la ciudad hace ocho meses, señala: “El gran problema es que no se han creado dispositivos intermedios, como hospitales de día, o de noche, y casas de medio camino, cuestiones que están enmarcadas dentro de la ley”.

A eso, suma: “El sistema público, además, termina abarcando el cien por ciento de lo que pasa, incluso a los pacientes que tienen cobertura, porque las clínicas privadas, en Bariloche, no internan”.

“Hay cosas de la ley que me parecen maravillosas; otras, no. Pero, en general, estoy de acuerdo. Lo que sucede es que no se ajusta a la Argentina. La norma necesita un aumento en el presupuesto para salud mental. Está desadaptada a nuestra realidad, en cuanto a recursos y demás. Para que se aplicara de manera correcta, se necesitaría voluntad política, además de mucho dinero”, remarca.

Andrés Calderón (foto de Matías Garay).

El psiquiatra Andrés Calderón, en tanto, considera que “la ley es muy progresista e inclusiva; incluso prevé que, en caso de urgencias, se requieren internaciones agudas”.

“La idea era cerrar los manicomios, donde los pacientes a veces eran tenidos en contra de su voluntad durante años, y así poder hacer un sistema más abierto, con mayor reinserción social”, expone.

“Pero, para que eso funcione, se necesitan varios eslabones. Uno es el referido a la parte de internación aguda necesaria hasta estabilizar al paciente. Otro es el que hace a las casas de medio camino, donde las personas duermen, pero pueden entrar y salir cuando quieren; trabajan, pero están todavía bajo supervisión. Después, vienen los hospitales de día, donde van a recibir terapias y medicación. Finalmente, se llega al tratamiento ambulatorio total, momento en que se precisa visitar a los especialistas cada determinado tiempo, pero siguiendo una vida normal”, relata.

“En Italia, por ejemplo, el sistema se implementó muy bien, porque tienen otros recursos económicos, y, justamente, llevarlo a cabo es carísimo”, aprecia.

En ese sentido, suma: “En Alemania, donde me formé, era el mismo sistema, nada más que las internaciones agudas se hacían en clínicas monovalentes, y funcionaba perfecto”.

Así, considera: “Acá, en la práctica, lo que se hizo fue cerrar la oferta que había, es decir los hospitales neuropsiquiátricos para pacientes crónicos, y no abrir prácticamente nada. En Bariloche, lo único que se vio fue Camino Abierto, un hospital de día, cuyo funcionamiento es polémico. En los últimos años, se comenzaron a hacer dos o tres casas de medio camino, pero siguen siendo pocas para las personas que hay”.

“Además, se suman los problemas de la pobreza y la indigencia, que en Alemania e Italia no existen, porque no tienen villas miseria o tomas con gente calentando la casa con un tacho con fuego, sin gas ni electricidad”, manifiesta.

“La ley, en sí, está bien pensada; el problema ha sido la implementación y el presupuesto”, concluye.


Los pasillos del hospital (foto de Facundo Pardo).

Juan Pablo Rendo es psiquiatra de internación en el Hospital Zonal “Dr. Ramón Carrillo”, y con anterioridad estuvo a cargo del servicio de Salud Mental hospitalario durante tres años, hasta fines de 2020.

Muchos lo ven como el encargado de cierta transformación en el área, en el sentido de que, a través de su dirección, aportó más cercanía con los pacientes.

A partir de su experiencia, Rendo reflexiona: “La ley es clara en que aquellos con patologías de salud mental deben internarse en el hospital. Entiendo que eso va en pro del intento de la no estigmatización y la no manicomialización, pero, en contraposición, algunos pacientes que son difíciles de contener terminan expuestos frente a un montón de personas, y eso creo que, incluso, contribuye a que sean estigmatizados”.

“Uno acompaña el espíritu de la norma, porque es muy noble: la desmanicomialización y la integración del paciente en la sociedad, lo cual me parece fabuloso, pero muchas cosas no se cumplen: se crearon escasos dispositivos intermedios en estos treinta años que tiene la ley de salud mental provincial”, considera.

“Hay que tratar de pensar en todas estas cuestiones de una forma más objetiva, para no caer en fanatismos, ni de uno ni del otro lado”, asevera.

Romina Miraglia (foto de Facundo Pardo).

Desde el 2 de agosto, Romina Miraglia y Verónica Sacristán asumieron en forma conjunta la jefatura del servicio de Salud Mental del hospital, y anunciaron que, justamente en cumplimiento de la normativa, la idea es que el área de internación, la cual, debido a la pandemia, en la actualidad se encuentra en un edificio frente a la plaza Belgrano, en el futuro retorne al nosocomio.

Acerca de la normativa, Miraglia comenta: “Es interesante ver cómo distintos dispositivos, tanto de la provincia como a nivel nacional, instituciones enormes como los neuropsiquiátricos, han logrado cambiar sus prácticas, consiguieron velar por los pacientes, tratar de mejorar su calidad de vida, pensar en la rehabilitación como algo ideal, teniendo en cuenta que, a veces, es muy posible de llevar adelante, y eso es satisfactorio”.

“La desmanicomialización, más que una palabra, es un ejercicio”, sostiene.

Verónica Sacristán (foto de Facundo Pardo).

Sacristán, por su parte, añade: “El término encierra un entramado complejo”.

“Es muy bueno que se apunte a los derechos del usuario, a un buen tratamiento y a una rehabilitación acorde, para poder insertarse nuevamente en la sociedad, pero creo que falta una patita, que tiene que ver con políticas de salud”, opina.

En la actualidad, internación frente a la plaza Belgrano (foto de Matías Garay).

Por su parte, la presidenta del Grupo de Allegados a Personas con Enfermedades Mentales (GAPEM), Norma Medina, afirma que “el modelo de salud mental comunitaria sobre la base de la desmanicomialización es muy bueno, y ha dado excelentes resultados en países con un sistema integral, donde se invierte muchísimo más dinero que en la Argentina”.

“Acá se tiene que adaptar a una realidad con pobreza y menos recursos. Entonces, el Ministerio de Salud en Río Negro debe trabajar con mucha más idoneidad. Nosotros hemos observado múltiples situaciones en las que podrían hacerse mejoras tan solo con que hubiera mayor coordinación y comunicación entre las partes. Por ejemplo: protocolos de emergencias coordinados entre hospitales públicos y privados, la policía y los juzgados”, expresa.  

“Pero, por sobre todas las cosas, se debe aplicar el modelo, al menos las estructuras básicas imprescindibles: más personal capacitado en salud mental y guardias psiquiátricas, centros que funcionen como dispositivos intermedios de tratamiento, hospitales de día, residencias terapéuticas abiertas, y cooperativas de trabajo que promuevan la reinserción laboral contemplada en la ley nacional”, finaliza. 

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