EL ABUELO DE LUCAS CARO
“En nuestra escala de valores, no existe dinero que pueda aliviar el dolor que sentimos”
El abuelo de Lucas Caro, José Salinas, ante la pausa que se abrió antes de la resolución de la pena que correspondería a Matías Vázquez, quien atropelló y mató a su nieto, se mostró preocupado.
“Entiendo el período de cesura establecido por la normativa vigente para aplicar a cualquier ciudadano que infringe la ley, ya que forma parte de los procedimientos ante cualquier procesamiento, y soy respetuoso de ello”, señaló.
Pero advirtió que cuando la fiscal Betiana Cendón les notificó, a él y el resto de la familia, fuera del edificio de Tribunales, que deberían juntar elementos acerca del comportamiento de Vázquez, porque se habían “desestimado las pruebas de alta velocidad y el testimonio del perito Néstor Vidal (experto en accidentología vial)”, se sintió molesto.
“Considero que este tipo de pedido es muy humillante para los familiares, y una falta de respeto hacia todos los testigos que se presentaron voluntariamente, y más aún para los que estaban esa noche junto a Lucas: su novia Aymará (Fernández) y Claudia (Blasi), mamá de la chica”, opinó.
Así, calificó a Vázquez como “una persona detestable y soberbia”, y, para profundizar en el porqué de la elección de esas palabras, trajo a colación una frase del poeta y político cubano José Martí: “Un hombre lleno de egoísmo es un hombre delincuente”, como así también una de Juan José de San Martín: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.
“Cuando la soberbia se vuelve crónica, el cerebro se enferma, y eso es incurable”, consideró.
Recordó que Vázquez “conducía, según pruebas que constan en la causa, en estado de ebriedad y zigzagueando con actitud temeraria”.
“En nuestra escala de valores, no existe dinero en el mundo que pueda aliviar el dolor que sentimos por nuestro nieto”, afirmó.
Salinas, en cuanto al modo de actuar que él mismo ha tenido, junto al resto de los familiares de la víctima, que más allá de haber brindado opiniones a algunos medios (mayormente, en exclusiva al diario El Cordillerano), y de haber realizado marchas pacíficas por la ciudad en reclamo de justicia, nunca se mostraron exaltados ni violentos, y que cuando aguardaron afuera de tribunales durante el desarrollo del juicio lo hicieron dentro de idénticos parámetros, sostuvo: “Tener una actitud pasiva ante lo sucedido no quiere decir que seamos unos tontos ignorantes”.
Así, en referencia a las cuestiones técnicas que demoran la conclusión del juicio, habló de los peligros de que se transformen en “métodos para enfermar y desorientar aun más a la sociedad”.
Y remarcó la necesidad de que “no se deje de lado la veracidad de los hechos”.
“Una justicia después de un tiempo deja de ser justicia”, concluyó.