2021-08-08

PELIGRO DE INCENDIO

Un ambientalista pide aviones, más combatientes y variar las medidas de detección temprana del fuego

“Corremos peligro de que el fuego destruya literalmente los bosques, no solo las hojas y las ramas, sino también el suelo”, advierte el reconocido ecologista Alejandro Beletzky.

Para quien desarrolló una gran labor como guardaparque, las variantes climáticas, así como el equipo y planes existentes para combatir incendios en la región, hacen augurar el peor panorama para el verano.

“El SPLIF (Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales) carece de un sistema de detección temprana”, afirma.

“No hay nadie en un lugar alto, con un binocular, un equipo de radio o celular, y un mapa, para, al ver que sale humito, despachar urgente el informe a la brigada de incendios”, sentencia.

“Parques puso cámaras en el cerro Otto y otro lugares, pero tienen un movimiento muy lento, y las manejan desde una oficina; de esa manera, lo que se puede llegar a ver es el incendio, no el foco”, expone.

Beletzky opina: “Rio Negro, Neuquén, Chubut y Santa Cruz tendrían que ajustar el sistema, invertir en la detección temprana de los focos y contar con brigadas rápidas, móviles, para llegar al fuego. Así, ante una alerta, se puede mandar a los aviones y alcanzar a evitar que el foco se transforme en un incendio”.

Igualmente, aclara que “los avioncitos que hay ahora, en un fuego grande, no sirven”.

Como ha hecho en ocasiones anteriores, el ambientalista vuelve a destacar la necesidad de que Argentina adquiera aviones Bombardier CL-415 (antes denominados Canadair, por la fábrica de aeronaves civiles y militares de Canadá, que, en 1986, se privatizó y pasó a funcionar con la nueva denominación).

El CL-415 es anfibio y tiene una capacidad de almacenamiento de 6137 litros.

Retira el líquido de cualquier superficie de agua lo suficientemente grande como para que pueda realizar la toma y despegar.

Lleva a cabo la absorción durante el aterrizaje, mediante dos sondas retráctiles montadas tras el rediente de la quilla, operación que hace en movimiento, mientras navega a unos sesenta nudos, lo que permite el llenado de los depósitos en doce segundos.

“En cambio, los avioncitos chicos tienen que bajar en un aeropuerto para cargar agua y volver a levantar vuelo”, diferencia Beletzky.

El ambientalista recuerda que, en su época de guardaparque, pudo verlos en funcionamiento. “Entre 1980 y 1982, habían contratado a dos, y eran formidables. Cualquier foco, lo ‘mataban’”, rememora.

Así, considera que “Argentina tendría que comprar un par de estos aviones y vincularlos con la Fuerza Aérea, para trabajar por todo el país, de acuerdo a las temporadas secas del norte y el sur”.

“Además, se precisan más combatientes; si aparecen dos focos grandes, te quedás sin gente”, aprecia.

“Mauricio Macri, durante su gestión, no solo que no contrató más personal, sino que desfinanció el sistema de combate contra incendios, y después llegó la pandemia…”, opina.

“Hay que alertar al Gobierno nacional, a Juan Cabandié (ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable), de que se debe poner las fichas en el bosque andino patagónico. En eso nos va la energía, la salud y demás”, sostiene. 

“Los porteños tienen que saber que, cuando prenden la luz, parte de la energía sale de ahí”, manifiesta.

“El sotobosque está seco”, añade. “El suelo, que tiene un promedio de sesenta centímetros fértiles de profundidad, si pasa un fuego, se destruye y no se recupera hasta dentro de cien o doscientos años”, advierte.

Una vez más, habla de la necesidad de una detección temprana: “Si no llegás al foco en los primeros quince o veinte minutos, ya tenés un incendio”. 

“Si se iniciara un fuego, por ejemplo, en el kilómetro siete, con la sequía que habrá, hasta el centro de Bariloche no pararía”, concluye.

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