2021-08-04

GOLPES DE LA VIDA

El abuelo de Lucas Caro: dolores que se entremezclan

“Lo que pasó con mi nieto fue un golpe bajo de la vida”, dice José Salinas, abuelo de Lucas Caro, el joven que murió al ser atropellado por Matías Vázquez.

La situación le trajo al presente otro momento difícil de su existencia.

José, de sesenta y cinco años, cuando tenía dieciséis, perdió a su padre en un accidente aéreo.

“Era un avión carguero, de la empresa Aerotransportes Entre Ríos”, cuenta.

El 20 de julio de 1972, la aeronave LV-JYR impactó contra un glaciar de la ladera sur del cerro Aconcagua.

José María, su papá, iba en el interior, junto a otros cinco ocupantes, entre ellos “dos petiseros, porque la carga era ganado: ochenta y cinco vacas”.

Se trasladaban, desde Montevideo, a Santiago de Chile.

“Mi ‘viejo’ era técnico aeronáutico y mecánico de vuelo”, cuenta José.

“Hacían dos cruces por día, con distinta tripulación, pero ese día no sé qué pasó y los mismos tripulantes repitieron el viaje… En realidad, mi papá no tenía que estar en ese vuelo”, explica.

“Los cuerpos descansan a seis mil metros de altura”, suspira.

En un principio, el avión no pudo ser hallado, pero, años más tarde, tres andinistas vascos se toparon con un neumático y trozos de metal.

José es el mayor de cuatro hermanos (en el momento del accidente, el menor tenía dos años). Soñaba con ser piloto, pero debió cambiar de planes. “Mi adolescencia pasó de largo; tuve que salir a laburar y mantener a la familia”, señala.

Afuera de tribunales, mientras aguarda que se decida qué sucederá con la persona que mató a su nieto, aquel dolor de hace casi cincuenta años se entremezcla con el que lo atormenta en la actualidad.

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