2021-07-25

LA PEOR PESADILLA

La noche de la muerte de Lucas Caro: el relato de una tía, un hermano y la mamá

Andrea Salinas, la tía de Lucas Caro, la noche del 27 de febrero estaba en su casa.

Como fuma, la ventana se encontraba abierta.

De pronto, vio que se acercaba su hermana Verónica, a los gritos: “Andrea, llevame, Lucas tuvo un accidente”.

Verónica acababa de recibir la llamada de Aymará, la novia del adolescente, contándole lo que había sucedido.

Como su marido trabajaba, había ido en busca de su hermana para que la llevara a la avenida Bustillo.

Viven en diferentes casas, pero dentro del mismo terreno, donde también se ubica el hogar de sus padres, los abuelos de Lucas, Rebeca y José.

Andrea y su pareja, Carlos, se subieron con ella al auto.

“En ese momento pensé: Lucas tuvo un accidente, pero nada más. En el trayecto imaginaba que tal vez lo encontraría lastimado… cosas que una sospecha en una circunstancia así, pero no creía se tratara de nada grave, por eso le dije a las chicas (su hija y las de Carlos) que enseguida volveríamos”, cuenta Andrea, quien aquella noche fue la encargada de manejar desde el barrio Pinar de Festa hasta el lugar que Aymará le había indicado a Verónica.

–¿Dónde es? –preguntaba Andrea.

–Pasando la entrada de los militares –contestaba su hermana.

“De pronto, vi un vehículo con las balizas prendidas, así que dejé el auto en el medio de la ruta. Bajamos, observé a Lucas tirado, le estaban haciendo reanimación cardiopulmonar (RCP)… Le pedí a Carlos que apartara a Verónica, que se había puesto al lado de mi sobrino”, relata Andrea.

Quienes se encontraban haciendo las tareas de reanimación, que habían frenado instantes antes ante los pedidos de auxilio de Aymará y su mamá (Claudia Blasi), le pidieron que tomara distancia, pero ella les contestó: “No, de acá no me muevo, es mi sobrino”.

“Me puse al lado de su pierna izquierda. Uno de los muchachos se colocó del otro lado y me dijo que le hiciera masajes”, recuerda.

–Dale, Lucas; por favor, despertate –gritaba ella.

De pronto, frenó otro auto.

Andrea escuchó que alguien decía: “Déjenla trabajar, es una bombera del Campanario”.

La mujer se acercó y consultó si alguien tenía guantes.

Lucas estaba todo ensangrentado.

Su tía recordó que en el botiquín del auto había, así que fue a buscarlos, y la señora se puso a trabajar sobre el joven.

Luego, llegaron los bomberos de Ruca Cura.

Andrea reconoció entre ellos a una amiga que forma parte del cuerpo. “Cuando la vi, le dije: 'Hacé algo, por favor… es Lucas'”.

Las imágenes de aquella noche se arremolinan en la cabeza de Andrea.

Menciona que vio cómo entubaban a Lucas.

En un momento, giró y observó a Aymará en un costado, abrazando a la madre.

Señala que luego llegaron los bomberos de Melipal, y después una ambulancia.

“Hicieron todo lo posible, pero ya sabíamos que Lucas no tenía vida… Le pusieron suero, adrenalina…”, suspira.

“Pero si bien te dabas cuenta de la situación, no podías asumirla”, explica.

“Una médica preguntó qué familiar estaba en el lugar. Un policía me señaló, así que ella me dio el parte, confirmando que Lucas había fallecido”, relata.

Vio, también, a su amiga, del cuerpo de bomberos de Ruca Cura, llorando…

Y ella, mientras tanto, se preguntaba cómo transmitirle a su hermana lo que le acababan de decir…

“En eso apareció Luis (el papá de Lucas), que caminaba, iba y venía… como perdido…”, rememora.

“Vero se puso al costado y comenzó a mirarnos a todos. Los bomberos se abrieron y se pusieron al costado. No se podía hacer nada más. Pero en ese momento no lo aceptás… Es muy difícil. Mi hermana decía: ‘Por favor, hagan algo, es mi hijo’”, expone.

“Una debía mantenerse fuerte, no podía llorar, porque tenías que bancar a tu hermana, a la que se le había muerto un hijo…”, manifiesta.

Verónica, en tanto, reconoce: “Cuando lo vi, ya sabía que estaba muerto, pero no podía creerlo… Aunque me sacaban, volvía y observaba el cuerpo… Te dabas cuenta por la mirada: tenía los ojos abiertos”.

Andrea, a pedido de su hermana, llamó para avisarles a sus papás, los abuelos de Lucas.

Atendió su mamá, Rebeca Kedikian.

Se escuchó un griterío… Los hermanos menores de Lucas, Agustina y Santiago, se habían quedado con los abuelos.

“Mis padres tienen problemas de tensión; mi papá hace un tiempo sufrió un preinfarto, y mi sobrino era muy apegado a él…”, apunta Andrea.

Ante los gritos que escuchó del otro lado de la línea, decidió ir hasta su casa. “Esto era un desborde. Mi papá, con un ataque de asma; mi mamá gritando, con los chicos que lloraban; mi otra hermana, Mariana, la menor, que vive cerca y también había venido, se estaba peleando con un vecino por el ruido que se había armado”, enumera.

Entre tal desbarajuste, le comentaron que habían avisado al hermano mayor de Lucas, Fernando.

“Donde vivo, hay un portón eléctrico”, cuenta él.

“Lo salté sin abrirlo, y un policía pensó que estaba robando. Le dije a los gritos que necesitaba un auto”, continúa.

El agente llamó un taxi mientras él regresaba a su casa para despertar a su mujer y contarle lo que estaba sucediendo.

Cuando volvió a salir, ya había un taxi esperándolo.

Le dijo al chofer la dirección aproximada que le habían indicado, pero en el trayecto lo llamó Andrea, que le pidió que fuera para la casa. 

Cuando llegó, vio el caos reinante.

“Andrea me pidió que me subiera a su auto, y una vez dentro me dijo: ‘Preparate para lo peor’”, expone.

La tía explica: “Pensé que él estaba enterado, pero solo sabía que su hermano había tenido un accidente… En el camino le iba diciendo que, por favor, se ocupara de sus papás… Hasta que noté que no estaba al tanto y tuve que contarle”.

“Cuando dijo ‘Lucas murió’ me agarró un ataque de nervios y casi me tiro del auto”, reconoce Fernando.

Andrea lo sostuvo.

Al llegar, el muchacho observó a los policías. Les contó que quien estaba allí era su hermano y atravesó la barrera humana.

“Vi a mis viejos a un lado, me arrojé sobre Lucas y le pedí: ‘Por favor, no te vayas’… Le saqué la gorra que llevaba y me la puse. ‘Volvé a estar conmigo’, le decía”, recapitula.

“La cara de mi hermano estaba llena de sangre y de tierra. Se lo veía pálido; cuando lo tocabas, era entrar en una heladera”, evoca.

“Hay sueños que tengo que me llevan a esa mirada que tenía… Es complicado”, reconoce.

“Puedo tener recuerdos suyos, pero no abrazarlo, ni decirle tantas cosas que quisiera… Te duele, y, al mismo tiempo, decís: ‘Tengo que seguir adelante’”, advierte.

“Ahora estamos a la espera el juicio (que está previsto que se desarrolle del 2 al 4 de agosto), para que esto termine como debe ser, y así poder llevar adelante el duelo que, como familia, todavía no realizamos”, exterioriza.

Andrea, por su parte, concluye: “La fiscal Betiana Cendón, en un inicio, nos dijo que habría justicia, y espero que realmente sea así, que la sentencia muestre los años de prisión que reclamamos para él (Matías Vázquez, quien conducía el auto que arrolló a Lucas)”.

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