2021-07-24

ACTIVIDAD SOLIDARIA

Canelones por juguetes para el Día del Niño

Marcelo y Manuel González son hermanos.

El primero tiene cuarenta y dos años; el segundo, treinta y tres.

Ambos son cocineros, aunque el menor posee el título de chef, cosa que, entre ellos, suele ser motivo de broma.

Marcelo llegó a Bariloche cuando tenía tres años.

Nació en Chile, ya que la familia era originaria de aquel país.

Manuel arribó al mundo cuando ya estaban de este lado de la frontera.

Desde chicos, mamaron el valor que implica dar una mano.

Sus padres, Blanca y Juan, casi toda la vida fueron parte de Cáritas.

Ellos mismos, de pequeños, ayudaban en iglesias.

Hasta no hace tanto, integraban un grupo de carácter solidario, pero vieron cosas que no le gustaron en cuanto a la forma de manejarse, y decidieron dar un paso al costado.

Pero que dejaran de ser parte de aquello no significó que sus ganas de ayudar a los necesitados hubieran desaparecido, aunque buscaron otra forma de manifestarla: idearon una agrupación propia, a la que bautizaron con el nombre de su papá, y ese título de nobleza popular que suele otorgar, en su trato, el pueblo chileno: Don Juan.

El padre falleció hace casi siete años, y lo escogieron para la denominación como una forma de homenaje.

Alrededor de treinta y cinco personas conforman Don Juan, y las actividades que llevan adelante son diversas.

Por ejemplo, una vez al mes cocinan un plato distinto.

Utilizan una página de Facebook para ofrecer las porciones: Doon Juan (Agrupación), con el don escrito de esa forma, con doble o.

A cambio, suelen pedir algo que, a la vez, ellos distribuyen entre quienes más lo necesitan.

“Este mes hicimos lasaña, y solicitábamos alimentos no perecederos”, cuenta Marcelo.

El menú que ofrecen siempre es de calidad.

En otra ocasión, por ejemplo, dieron pollo al horno con salsa de champiñones y papas rústicas, sin olvidar el pan casero. Para hacerse con una porción, los interesados debían ofrecer verdura y fruta.

“Las cosas que juntamos las separamos en bolsitas y las repartimos por diferentes barrios”, señala Marcelo.

A veces también les dan una bolsa a algunos miembros de la agrupación que no la estén pasando bien, porque este conjunto de personas, que se reúne para llevar a cabo tareas solidarias, lo hace por amor al prójimo, no porque le sobre dinero.

Lo integran personas humildes de buen corazón.

En cuanto a lo que planean para agosto, Marcelo se muestra entusiasmado: “El sábado 7, vamos a hacer canelones de verdura con salsa de queso o boloñesa, y los cambiaremos por juguetes”, dice.

La idea es repartir lo reunido, junto con calzones rotos que prepararán algunas de las chicas que son parte de Don Juan, y también golosinas, la jornada previa al Día del Niño, por diversas zonas de la ciudad, con una última parada en el merendero Pan de paz, del barrio Vivero.

Marcelo indica que, para ese momento, “varios de los jóvenes del grupo se van a vestir de payasos”.

También están tratando de encontrar otros disfraces, con la intención de sorprender a los más pequeños.

“Además, algunas chicas están decorando latitas vacías que vamos a llenar con caramelos y chupetines”, añade.

“Desde la cuna, venimos con la necesidad de ayudar al prójimo”, apunta.

En ese sentido, expresa: “Muchas otras veces, cuando llegaba el Día del Niño, sin pertenecer todavía a ninguna agrupación, hacíamos alguna actividad: por ejemplo ir al hospital, en familia, y llevar algo a la parte de pediatría”.

Sostiene que ve a la ciudad sumida en una serie de problemas relevantes.

“Hace falta trabajo. Es algo que se palpa en la calle: la gente busca el pan de cada día. Muchas personas han perdido su laburo. Nosotros tenemos conocidos que trabajaron toda su vida y, de repente, quedaron en la nada misma”, manifiesta.

“Siempre digo que los merenderos y los comedores no tendrían que existir, porque lo ideal sería que hubiera trabajo para que cada uno pudiera llevar la comida a su casa a partir de las tareas que cumple”, agrega.

Incluso resalta que la problemática también los alcanza a ellos, ya que él y su hermano, en vez de trabajar en la cocina de algún restaurante, por ejemplo, están buscándose el peso participando en obras en construcción.

“Pero igual nos hacemos un tiempito para la tarea solidaria, que es algo reconfortante para nosotros”, advierte.

Con Don Juan, más allá de la actividad gastronómica con la que juntan elementos para distribuir en distintas partes de la ciudad, también abrieron un ropero comunitario, en el barrio Bella Vista II.

Los hermanos que dieron vida a la agrupación, en este punto, agradecen especialmente al secretario de Desarrollo Humano Integral municipal, Juan Pablo Ferrari, y al subsecretario de Comunidad y Territorio, Marcos Pavón, quienes colaboraron para facilitar que eso fuera posible.

En la intersección de Pasaje Gutiérrez y Mascardi, la gente deja la ropa que ya no necesita y se lleva lo que precisa.

Incluso la mamá de Manuel y Marcelo, Doña Blanca, les da una mano a las chicas del grupo, enseñándoles a coser con su vieja máquina Singer, con la que, a partir de la ropa que no está en condiciones, hacen frazadas o bolsitos.

“Hay mucha gente que, en Bariloche, la está pasando mal… Nosotros sólo queremos ayudar”, afirma Marcelo.

Quien desee colaborar con la agrupación Don Juan, puede comunicarse al 294 495-1188, o bien al 294 451-7028.

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