2021-07-07

DÍA DE LA CONSERVACIÓN DEL SUELO

Reflexiones de un referente social que sueña con venderle semillas al INTA

Vía Campesina es un movimiento internacional que coordina a pequeños y medianos productores, comunidades indígenas, trabajadores agrícolas, jóvenes sin tierra, etcétera.

A nivel local, una línea de la entidad, denominada Central Lautaro, colabora con diferentes sectores humildes de la ciudad, incluyendo a varios comedores.

Pero, más allá de diversos tipos de ayuda, destaca la que brinda en relación al uso de la tierra para que de ella surja alimento.

En este punto, al celebrarse el Día de la Conservación del Suelo, Marcos Vargas, referente de la entidad, señala: “La lucha en defensa del territorio significa no sólo techo y trabajo, sino lo vinculado con lo productivo”.

El hombre hace ocho años que llegó a Bariloche, procedente de Córdoba.

Explica que, en esta ciudad, “trabajar la tierra es complicado, por el frío, y también porque la gente suele estar en lugares donde hay muchas piedras entremezcladas”.

“Y hablar de la importancia del suelo también tiene que ver con eso, con acompañar a las personas de los barrios a través de capacitaciones. Cuando hay un pedazo de tierra improductivo, lo que hacemos es enseñar cómo se lo puede producir, teniendo en cuentas las estaciones y otras cuestiones. También se indica la forma de realización de un invernadero, ya que hay que seguir un método determinado, sobre todo por la nieve y la lluvia”, cuenta.

Asimismo, menciona el uso de compost, que es un producto obtenido a partir de diferentes materiales orgánicos sometidos a un proceso controlado de oxidación denominado compostaje.

Libre de olores y de patógenos, es empleado como abono de fondo y sustituto parcial o total de fertilizantes químicos.

La composta (como también se la llama) se usa como abono orgánico, pero además es utilizada en paisajismo, control de erosión, recubrimientos y recuperación -precisamente- de suelos.

En sí, se forma a partir de las heces de animales como la lombriz y sus variantes que comen restos orgánicos.

“Hacemos compost con lo que se tira de la papa, la zanahoria y demás, con todo lo que se pela”, señala Marcos.

“Es para mejorar la tierra cuando está ‘flaca’ de alguna vitamina, pero, por otra parte, es una manera de reciclar y que no haya tanta basura”, apunta.

Si bien Central Lautaro intenta que su prédica se convierta en realidad en distintos sectores de la ciudad con varias familias que realizan pequeñas huertas, su proyecto más importante es el que lleva adelante en el asentamiento Ojo de Agua, del barrio Omega.

“Allí, hemos avanzado en una huerta comunitaria. En el lugar hay una vertiente natural, que durante el verano se utiliza para plantaciones externas;  en la época del frío, se usa mayormente el invernadero”, detalla.

Dice que muchas semillas las aporta el INTA, pero, como provienen de otras regiones, de provincias como Mendoza y San Juan, “a veces resulta difícil que surjan”.

Por eso, una vez que logran que se encaminen, guardan las nuevas semillas para conformar un banco.

Marcos sueña con que, en un futuro no tan lejano, el INTA mismo les compre semillas, ya que, según aprecia, al instituto les servirían porque están adaptadas a esta región.

En relación al uso del suelo en sus diferentes matices, el referente social habla de la necesidad de que la gente viva en espacios grandes, para “no estar hacinada y, a la vez, que le sean productivos”. 

De esa manera, se refiere a la problemática particular de Bariloche: “Tenemos un cuello de botella impresionante: dicen que no hay terrenos, pero el Estado municipal después quiere vender tierras para pagar deudas… Si eso se loteara serviría para la gente que está hacinada en los barrios, porque las personas se amontonan en lugares como los que se ubican cerca del vertedero, donde no tendrían que hacerlo… Son sitios improductivos, no aptos para vivir, pero los compañeros los van a seguir buscando, ya que no les queda otra”.

“Cuando se produce un asentamiento es porque aquellos que van a buscar su pedacito de tierra no dan más: no tienen para pagar el alquiler, y tampoco pueden vivir con sus padres, porque están todos amontonados, abuelos, papás, y ellos mismos, que a su vez conforman su propia familia y deben salir en busca de algo, lo que se transforma en un problema”, considera.

“Cuando nos consultan por qué es que las personas se buscan ese inconveniente, contestamos que, en realidad, eso no es algo que se busque: ¿quién va a querer llevar a su familia a un lugar donde no se puede vivir bien ni producir, y donde además siempre está la presión de la policía?”, continúa, para luego afirmar: “Los compañeros quieren pagar su tierra, pero les dicen que no hay”.

“A través del estado municipal o provincial, no se ve una planificación para que la gente más humilde pueda acceder a una casa. Y repito: no pretenden que se las regalen, quieren pagar. Por más que la provincia dé una vivienda de vez en cuando, no soluciona nada. La situación de Bariloche lleva años arrastrándose”, sostiene.

Por otra parte, reflexiona que se está produciendo una situación extraña: la gente se acerca a las ciudades proveniente del campo, en un fenómeno que ya es histórico, debido a la carencia de oportunidades en sitios donde faltan caminos, luz y agua, además de la inexistente conexión a nivel tecnológico, pero, a su vez, al llegar a las distintas localidades encuentran que el problema no se termina, por el contrario, a veces se intensifica. “Por eso muchos jóvenes quieren regresar al campo”, aprecia Marcos, quien también menciona que bastantes de ellos, ante los inconvenientes que le plantea el rechazo de la urbe, “se pierden en las adicciones, que es otro gran problema presente en los barrios”.

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