2021-07-04

DÍA NACIONAL DE LA CONVIVENCIA Y PLURALIDAD DE LAS EXPRESIONES POLÍTICAS

Osvaldo Nemirovsci: "Me proclamo y manifiesto enemigo de la grieta"

“Fue uno de los últimos gestos de sincera y gran cordialidad política, respeto y hasta afecto”, sostuvo el exdiputado nacional justicialista Osvaldo Nemirovsci, al recordar las palabras que el líder radical Ricardo Balbín pronunció el 4 de julio de 1974, hace cuarenta y siete años, al despedir los restos de Juan Domingo Perón en el Congreso de la Nación: “Este viejo adversario despide a un amigo”. “Haber encontrado esos términos me parece un hallazgo”, reafirmó el peronista.

“Hay que revisar un poco la historia y ver que, durante la primera presidencia del general Perón, a mediados del siglo pasado, Balbín, que era diputado nacional, fue desaforado y encarcelado por aquel gobierno”, apreció Nemirovsci, para destacar que la relación entre aquellos hombres no había sido presidida por un lecho de rosas, y, sin embargo, el radical proponía la unión de los argentinos en el último adiós a su rival político.

A su vez, el exlegislador recordó que, cuando Balbín fue a prisión, se vivía una situación muy particular: “Existía una fuerte polarización entre el gobierno y la oposición, y eso conducía a desatinos de un lado y del otro. Probablemente, la Unión Cívica Radical, con Balbín y Arturo Frondizi a la cabeza, generaban actitudes casi golpistas, destituyentes hacia el mandato constitucional de Perón, y, desde el sector opuesto, se buscaban todos los argumentos de legalidad, o semilegalidad, con mayorías circunstanciales, como lo era la de la Cámara de Diputados, para desaforarlo y mandarlo preso. Igualmente, no fue mucho lo que estuvo detenido, y el mismo gobierno lo indultó. Pero el hecho en sí sirve para marcar el clima de intolerancia de la época”.

Al pedírsele que comparara aquellos tiempos con los actuales, marcados por la “grieta”, sostuvo: “Estimo que aquella era una polarización de partidos fuertes y existentes, prácticamente bipartidaria, mientras que hoy existen bicoaliciones, donde se expresan posiciones encontradas desde marcos más amplios: no son dos partidos los que se enfrentan sino coaliciones que tienen posiciones diferentes”.

“Casi cuarenta años de democracia ininterrumpida han morigerado y calmado las posibilidades de que se generen encontronazos violentos y de que ocurran cosas como las que sucedían en aquel tiempo”, consideró.

Igualmente, apreció que cree que, precisamente, la grieta existe, y, en ese sentido, señaló: “Me proclamo y manifiesto enemigo de ella, porque creo que no sirve para nada”. 

Así, recordó que Perón hablaba de que “conducir es convencer, persuadir”.

“No se puede obligar a nadie a que piense como piensa uno. Para mí las posiciones políticas no hay que defenderlas con fanatismos, sino con convicción, razonabilidad, cordialidad”, continuó.

“La falta de esa capacidad lleva a extremar los términos, y después hay actitudes con responsabilidades particulares, de acuerdo a dónde está ubicada cada parte de la grieta. Por un lado, están las de la oposición, que a la vez pueden ser respondidas con ciertas irresponsabilidades del gobierno, aunque en esto yo soy más benigno, porque los gobernantes tienen la tarea de conducir a todo un país, en este caso a cuarenta y cinco millones de argentinos, y pueden tomar decisiones que, gusten o no, son las que consideran necesarias, mientras que, en la actualidad, la oposición lo único que hace es criticar y denostar”, opinó.

Y ejemplificó: “El último fenómeno social, político y cultural que se vio, que es un caso sanitario, como el de la pandemia, muestra una despiadada crítica opositora hacia las distintas medidas tomadas, sin tener en cuenta que el gobierno afronta un episodio con características absolutamente desconocidas para el mundo entero, y que hizo lo que pudo desde el primer momento, en virtud de defender la vida de los argentinos. Se puede discutir, e incluso algunos decir que está equivocado, pero después existen ataques permanentes que motivan esta grieta, la cual, en general, creo que se da por un fanatismo por las propias ideas, cosa que me parece absolutamente desatinada”.

Por eso, al recordar a Perón y Balbín, tras mencionar que la despedida brindada por el líder radical fue precedida por un abrazo que se habían dado los referentes máximos de los mayores partidos de la Argentina, al poco tiempo del regreso del justicialista al país, Nemirovsci indicó que sería bueno que se repitieran acciones semejantes, aunque resaltó: “Tampoco es que me refiero a que se debe llegar a la magnificencia de gestos tan grandes. Se necesitan acciones cotidianas, de militantes, simpatizantes de los distintos partidos… Sobre todo en lo que tenga que ver con manifestaciones públicas: que no se carguen de violencia las palabras, el uso más responsable de las redes sociales, el cuidado en las declaraciones a los medios…”.

“Me parece que eso, junto a las grandes señales que dieran los dirigentes, ayudaría a dejar de lado la grieta”, remarcó.

“Si la violencia extrapolítica, extraparlamentaria, extrainstitucional, como la que se vivió en la década del setenta, donde la naturalización de las armas había hecho que la política se desarrollara, al mismo tiempo, en las instituciones, pero también en las calles con las armas, generó que los dos más grandes líderes del momento, conductores de las tradiciones políticas más importantes de la Argentina, se juntaran, me parece que a lo mejor la pandemia podría haber generado algo similar… Lejos de eso, provocó mayor división, diferencia y distancia”, aseveró.

“Insisto en que fanatizarse en las convicciones no es algo propio de un político inteligente, ya que se debe asumir que se tiene una verdad que es relativa, y que otros tienen otras verdades también relativas. Eso lo aprendí de Néstor Kirchner”, contó Nemirovsci.

“Pienso que no hay nacionales y antinacionales, pueblo y antipueblo… Me niego a usar esas categorías tan dramáticas”, aseguró.

El justicialista recordó que, cuando Perón murió, y Balbín brindó el discurso tan sentido, él tenía veinticuatro años. “Había cierta distancia por parte de los que militábamos en la juventud peronista con las prácticas institucionales de la política. No existía mucha confianza ni en el parlamento, ni en el Poder Judicial. Lo que hoy analizo como un gesto magnífico de la historia, y también de valía personal por parte de Balbín en el velorio de Perón, en aquel momento lo vi bien, pero no le di mayor importancia”, explicó.

“Ahora, incluso destaco la denodada lucha del general Perón, en los meses previos a su fallecimiento, por pacificar a la Argentina, calmar los ánimos tan caldeados que había. Lo observo de una manera en que no lo hacía en ese entonces. Hoy lo reivindico, y le asigno un valor clave en la historia del país”, sumó.

“Tantos años después, y sobre todo a partir de la propia edad, del camino recorrido, se ve la historia desde otra dimensión”, reflexionó.

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