EL DERRUMBE DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL GEÓLOGO CARLOS BEROS
“Ninguno de los problemas que aparecen como posibles en Miami está presente en Bariloche”
Ante el desconcierto que hubo alrededor del globo por la caída del edificio del complejo Champlain Towers, de Miami, el geólogo Carlos Beros aclaró que la situación, al menos en relación a la temática referida a los suelos, “es totalmente distinta a la nuestra”.
Para empezar, expuso: “En nuestra zona, no tenemos sal”.
Por eso, las problemáticas “se abordan con técnicas y procedimientos propios”.
“En las fundaciones tenemos que tener en cuenta el tema sísmico, la agresividad (como se llama al contenido de sales), el poder corrosivo del suelo y del agua”, explicó.
“Todo eso está muy tenido en cuenta en los cálculos, por eso, en lo que se hace según las reglas del arte y las normas vigentes, no debería haber ese tipo de problemas”, apreció.
Más allá de aclarar que opinar sobre lo que sucedió en Estados Unidos, sin conocerse el diagnóstico, es aventurarse, manifestó: “Ninguno de los problemas que aparecen como posibles en Miami está presente en Bariloche, porque ese es un ambiente marino y nosotros estamos en otro contexto”.
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Al consultársele que importancia tenía la geología en una construcción, Beros expuso: “Es parte significativa de la geotecnia y de la mecánica de suelos o rocas”.
En ese sentido, cabe la explicación sobre cierta terminología.
La geotecnia es la rama de la geología que trata de la aplicación de los principios geológicos en la investigación de los materiales naturales -como las rocas- que constituyen la corteza terrestre implicados en el diseño, la construcción y la explotación de proyectos de ingeniería civil, como autopistas, vías férreas, puentes, presas, oleoductos, acueductos, unidades habitacionales y edificios en general.
Así, Beros manifestó que, a la hora de levantar un edificio, “o un ingeniero civil tiene en cuenta la geología, o bien se consulta a un geólogo, o a un ingeniero geólogo, o a un profesional de la geotecnia, o a un geofísico”.
“En Bariloche tenemos la suerte de que hay muchos geólogos", indicó.
"Habitualmente nos consultan para realizar construcciones; de hecho, parte importante de mi trabajo se relaciona con eso”, añadió.
“En realidad, se trata de una obligación para construcciones de determinada envergadura hacia arriba, de acuerdo a los pisos y el lugar: es necesario contar con un estudio de suelos firmado por un profesional habilitado para ello”, apuntó.
Respecto al tema, reconoció: “Me ha tocado decir que en algún lado no era posible construir”, para enseguida aclarar: “Siempre existen técnicas que pueden ayudar a salvar cualquier situación, ya que la ingeniería tiene herramientas para hacer construcciones en lugares prácticamente al límite, pero el costo hace que a veces se tenga que desestimar la obra”.
“En Bariloche existen particularidades que la gente que trabaja habitualmente en esto -ingenieros, arquitectos, técnicos de todo tipo- tiene muy en cuenta, porque cada lugar posee su peculiaridad y hay que considerarla en el diseño y en el cálculo”, desarrolló.
“En la zona, hay un conjunto de profesionales con mucha experiencia, y eso hace que los defectos que puedan aparecer, teniendo en cuenta el volumen de obra que posee la ciudad, sean mínimos”, añadió.
Puntualizó que “en la localidad hay cuestiones muy particulares”.
Así, mencionó por ejemplo los suelos hidromórficos, que son aquellos que están saturados de agua.
“Los mallines son justamente de ese tipo, porque tienen relación íntima y unívoca con el agua subterránea; la napa llega prácticamente a la superficie”, dijo.
También habló de los taludes, que son las superficies inclinadas respecto de la horizontal que adoptan las estructuras de tierra.
Asimismo, citó la referencia de la zona sísmica que, de acuerdo al Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), en Bariloche es la número 2, la cual, según explicó, se trata de una calificación “media/baja” en relación de probabilidades.
Por otra parte, expresó que “con el deshielo en pendientes importantes hay un movimiento muy leve, pero que termina afectando las estructuras, y eso hay que tenerlo en cuenta”.
“También se debe considerar la profundidad de congelamiento de suelos”, agregó.
“Por eso la construcción en Bariloche es más cara que en otros lugares: todo se traduce en más hormigón, más hierro, y pensar mejor el modo de diseño de las fundaciones”, sostuvo.
“La ciudad tiene una variedad enorme de suelos”, afirmó.
Como ejemplos, citó los de sustratos rocosos, el denominado till (que es el de sedimentos de origen glacial), y los andisoles (de origen volcánico), además de los ya mencionados hidromórficos.
En cuanto a las edificaciones en cercanías del lago, expuso: “Esa proximidad implica un análisis de otro tipo, para ver si puede afectar la construcción”.
“Hay una normativa vigente que determina que las construcciones se hagan a partir de determinada cota (770,4), a partir de la cual se supone que en ningún caso llega el efecto del lago, ni siquiera en la situación más desfavorable”, continuó.
“Contemplando ese detalle, de no poner ninguna estructura por debajo de esa cota, quedaría descartada la influencia directa de la acción del lago sobre una construcción”, aseveró.