2021-06-14

14 DE JUNIO: DÍA DE LA MÁXIMA RESISTENCIA Y FINAL DEL COMBATE EN MALVINAS

“Tristeza, por el horror de la guerra; alegría, por estar vivo”

“Casi cuarenta años después, cargo con el mismo sentimiento confuso: tristeza, por el horror de la guerra; alegría, por estar vivo”, señala el director provincial de Veteranos de Malvinas, Ruben Pablos, al referirse al 14 de junio, fecha a la que los excombatientes denominan Día de la Máxima Resistencia, “en honor y recuerdo de todos los que lucharon, principalmente de aquellos que dieron su vida, con coraje, valor y entrega, en defensa de la soberanía”.

“Aquella vez, comencé a comprender esa marcada ambigüedad… Por un lado, sigo diciendo que fue el momento más doloroso de mi existencia: aún recuerdo el instante en que nos informaron que ya no se peleaba más, que habíamos perdido… La angustia era tremenda, por los compañeros que murieron… Todas las imágenes asaltaban la cabeza”, expresa.

“Pero, por otra parte, sentí mucha tranquilidad y felicidad, porque había terminado la guerra y podía volver a mi casa con mis seres queridos, reencontrarme con mi vida”, añade.

Ruben, cuando estalló el conflicto, estaba haciendo la conscripción. 

“Viajé a Malvinas como soldado, a defender a la patria; pertenecía al Regimiento 7 de Infantería, de La Plata”, cuenta.

“Los enfrentamientos del 11 al 13 de junio fueron los más cruentos. Ahí se definió la guerra… La zona donde me encontraba era la más batallada. Estuvimos treinta y seis horas defendiendo la posición. Esos últimos días se vivió un horror tremendo”, recuerda.

“Estábamos en Colina de la Radio, o Wireless Ridge. Durante la noche anterior a la jornada final, peleamos hasta la madrugada, que nos dieron la orden de replegar y fuimos al pueblo, que se ubicaba a unos tres o cuatro kilómetros. Todavía siguieron unas horas más de combate en una zona cercana, y alrededor del mediodía paró el fuego”, apunta.

“Los ingleses, con una bandera blanca, pidieron el cese de hostilidades para ofrecer la posibilidad de una rendición, diciendo que para nosotros estaba todo perdido, y que, si se seguía peleando, sería una masacre, con muertes sin sentido, porque la suerte ya estaba echada”, narra.

Pablos rememora que los británicos “habían hecho cabecera de playa”, un término militar que se utiliza para describir cuando un grupo de unidades armadas alcanzan la costa y defienden el área, hasta que arriban los efectivos suficientes como para comenzar una ofensiva.

El veterano de Malvinas comenta: “Los ingleses contaban con el apoyo de Estados Unidos, gran cantidad de barcos, una flota importante de aviones… Ya habían rodeado las colinas donde antes estaban nuestras posiciones; era imposible continuar la batalla con vista a tener un resultado favorable”.

“Pasado el mediodía del 14 de junio, todavía llevábamos nuestro armamento. Estábamos en una zona elevada del terreno, y, cuando bajamos, vimos a muchos ingleses en el pueblo. Precisamente, una de las imágenes que me quedó de aquella jornada es que, tanto ellos como nosotros, íbamos armados, pero nadie disparó un tiro”, manifiesta.

“Ahí los superiores nos informaron que la guerra había terminado, y que debíamos deponer las armas, porque ya no se combatía más”, asevera.

Pablos explica que Reino Unido exigía “la rendición 'incondicional', lo que, de haberse concretado, hubiera implicado la pérdida de potestad para volver a reclamar la soberanía”.

Finalmente, “se firmó la rendición, como un cese de hostilidades, pero no de la manera que los ingleses querían”, detalla.

A Ruben, le llegan instantáneas mentales de aquel 14 de junio de 1982: “Nos encolumnaron a todos, y cada uno tuvo que dejar su arma”.

Para él, la guerra, en realidad, se extendió un mes más, ya que fue uno de los prisioneros con los que se presionaba para que Argentina aceptara la incondicionalidad. “Se comentaba que nos iban a llevar a la isla Ascensión (de dependencia británica, a medio camino entre América y África, clave en el conflicto bélico del Atlántico Sur, ya que era la última base con que contaban los ingleses antes de llegar a Malvinas) o a Inglaterra, pero que no nos devolverían hasta tanto no se firmara la rendición total”, asevera.

La intervención de diferentes organizaciones internacionales, como la Cruz Roja, ayudó a que los prisioneros fueran devueltos al continente.

Todo aquello se arremolina en la mente de Pablos cuando llega el 14 de junio, una fecha que cala profundo entre los excombatientes. “Desde temprano nos mandamos mensajes, y compartimos el sentimiento. Es un día para recordar, donde la tristeza se mezcla con el festejo de estar vivos”, reflexiona.

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