2021-06-06

UN GUITARRISTA QUE VENDE INSTRUMENTOS OFRECE UN PANORAMA SOBRE LA ACTUALIDAD DE ESE MERCADO

La música, una alternativa contra el encierro y el miedo

“Si no trabajara acá, estaría muerto de hambre”, dice Emiliano Zamora, rodeado de guitarras y otros instrumentos, en un local de Onelli dedicado al rubro musical.

Sucede que él es guitarrista, pero, ante el panorama atravesado por la pandemia, la banda de flamenco que integra, La Gipsy, si bien, al ser reconocida en el circuito de bares de la ciudad, actuó varias veces durante 2021, la cantidad de presentaciones estuvo lejos de ser la de otras épocas.

“Habremos tocado veinte veces en lo que va del año…  Antes, eso lo hacíamos en un mes”, apunta.

En su faceta de vendedor de instrumentos, en tanto, explica que hace un par de semanas, en el momento en que las restricciones fueron más estrictas, apenas vendieron -por take away o delivery- “cuatro o cinco cosas”.

Emiliano vive arriba del local donde trabaja, así que lo de retirarse antes para llegar al hogar antes de lo que marca la normativa, en su caso, no es un problema. Pero sí lo es la venta escasa. 

Igualmente, reconoce que, más allá de la pandemia y las normas sobre la modalidad en que se puede o no despachar, “mayo, de por sí, a nivel comercial, es un mes complicado”.

Así, aunque se trata de una etapa del año donde no se ve mucha gente dispuesta a gastar, el lunes en que se extendió el horario, ya Emiliano sintió cierto alivio. “Se vio algo de movimiento, y se comenzó a vender un poquito más”, señala.

Pero los productos que salen son los más económicos. “Las personas no quieren gastar la platita que tienen, porque no saben cuánto se va a estirar el tema, si van a tener que estar encerradas de nuevo o no… Se asustan, y lo cierto es que lo que vendemos no es esencial, entonces, por ejemplo, dicen: ‘Las cuerdas me las compro el mes que viene’”, expresa.

“Se venden accesorios, cuerdas, correas… Compran muchas púas: ¡imaginá la cantidad que tengo que vender para que se note una diferencia en la caja!”, exclama.

“Es más, cuando vienen a comprar cuerdas, las llevan sueltas, ni siquiera los encordados completos”, comenta.

En cuanto a las guitarras, que son el atractivo visual principal del negocio, informa que la más económica cuesta ocho mil novecientos pesos, y el valor máximo ronda los ochenta mil. De ese rango, la mayor parte de las ventas corresponden a las de menor costo. “Hace muchísimo tiempo que no vendo una guitarra de cincuenta mil”, especifica.

“Durante las temporadas, siempre hay un poco más de plata, y ese tipo de instrumentos salen un poco más; pero este año, eso no sucedió”, revela.

También se refiere a algo de lo que no se suele hablar mucho: con las modalidades de compra que se utilizan en particular en los momentos donde las restricciones son más estrictas, muchos comerciantes quedan al margen de la ecuación.

“El año pasado, sobre todo en el período de más encierro, Internet fue el boom. Ahí, nos perdimos gran cantidad de ventas. Los que trabajaron muchos fueron los vendedores de Buenos Aires, que andaban más aceitados con ese tema y despachaban pedidos para todos lados”, manifiesta.

“Nosotros estamos acostumbrados a que vengan al local y les probemos las guitarras; todos somos músicos”, puntualiza.

Pero, ante la nueva realidad que marca el COVID, ellos también profundizaron en esos modos de comercializar, con envíos y demás. Ahora les prestan más atención a las alternativas que brindan el WhatsApp y Facebook, por ejemplo.

Entre tantas cuestiones complejas que vinieron con la pandemia, hubo, también, casos donde la música emergió como una posibilidad de alivio para el alma, de escape (en el mejor sentido del término) de una actualidad agobiante. “El año pasado, cuando nos dejaron abrir, nos dimos cuenta de que mucha gente que tenía, por ejemplo, una guitarra guardada, la había sacado para volver a tocar después de años. También, varias personas que hacía tiempo que no contaban con un instrumento sintieron la necesidad de venir a buscar uno”, cuenta.

De esa manera, refleja que la música se ha convertido en buen antídoto contra “el encierro y el miedo”.

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