UN PASTOR SOLIDARIO BRINDA SU OPINIÓN SOBRE LA SITUACIÓN ACTUAL
“Hay hambre y frío, esa es la realidad”
“La realidad muestra una necesidad espiritual muy fuerte”, reflexiona el pastor Rubén Vera, perteneciente a la Iglesia Avivamiento Centro Bariloche, ubicada en Ruta 40 y Rolando.
Vera está acostumbrado a transitar los lugares más necesitados de la ciudad. Por ejemplo, los sábados, junto con un grupo de fieles, acude a la biblioteca Néstor Kirchner, del barrio Nahuel Hue, para cocinar y dar comida a la gente del barrio.
De ahí, parte a la toma de Diarco, para seguir con la entrega de viandas.
Por eso, cuando dice que “la calle está complicada”, lo hace con conocimiento de causa.
“La situación es la misma que el año pasado, o incluso peor”, considera.
“Le gente no tiene a dónde acudir… Escucho a personas decir ‘tengo frío’, y eso hace que te duela el corazón. Van a buscarte la porción de comida temblando… Es una realidad muy dura”, describe.
“Ves a familias pidiendo en la calle, y vendiendo lo poco que tienen, para sobrevivir”, señala.
“Hay hambre y frío, esa es la realidad”, sostiene.
“Al no tener qué comer y no poder darle alimento a sus hijos, se quiebran emocionalmente”, manifiesta.
El pastor cuenta que, cuando llevan la comida, consultan si precisan pedidos de oración, y, en ese momento, se aprecia la necesidad espiritual existente, “incluso mayor a la de 2020”.
“La gente precisa una palabra de aliento, de esperanza, para poder levantarse”, asevera.
“Vos le podés dar un plato que la va a satisfacer durante tres o cuatro horas, pero después viene la desesperación… Nosotros solo podemos entregar comida una vez por semana, pero todos los días hay hambre. Ojalá pudiéramos hacerlo a diario… La población está desesperada”, analiza.
“A más de un año del comienzo de la pandemia, la gente reflexionó mucho, y sabe que la única ayuda que va a venir es de Dios”, considera.
En ese sentido, apunta: “No hay otra cosa que te pueda suplir el alma y el espíritu”.
“Nosotros oramos por la gente: la oración tiene mucho poder, levantamos la esperanza de que hay una salida. Donde el hombre no puede llegar, Dios, sí”, afirma.
“Tratamos de levantar el ánimo, de que la fe se mantenga en alto, porque, si se pierde la fe, todo cae, y ya no hay estímulo para nada”, manifiesta.
Ante las restricciones actuales, que impiden los encuentros religiosos, para brindar ese apoyo, el pastor debe recurrir a la virtualidad. “Tratamos de que se conecten a las reuniones online, porque no nos podemos congregar”, indica.
“Es la única manera de hablar de la palabra de Dios en este tiempo”, dice, para luego opinar al respecto: “Uno entiende que existe un peligro, que no hay que juntarse, pero debería ser parejo para todos, porque cómo permiten que un bar, donde se sacan el tapaboca y demás, abra hasta las once de la noche, mientras que nosotros, que estamos con barbijo y distantes unos de otros, no podemos realizar las reuniones… es medio injusto”.