2021-05-14

LA MAMÁ DE LUCAS CARO AFIRMA: “LOS RECUERDOS NO SE PUEDEN ABRAZAR”

El dolor de una madre que conocía a quien atropelló y mató a su hijo

Un muchacho camina junto a su novia y la madre de la chica, a la vera de Bustillo, sobre el sendero de tierra lindante a la avenida.

De repente, un rugido de motor.

Un auto que sale del camino.

El conductor maneja con alcohol en sangre.

Viene de una fiesta en la que estuvieron presentes varios dirigentes municipales.

El adolescente es arrollado por la espalda.

Deja a su compañera con la mano extendida, sosteniendo la nada.

La mamá de la joven entra en estado de shock.

El vehículo continúa la marcha sobre la tierra durante un tramo más.

Luego, retoma el asfalto y se va.

El hombre al volante nunca se detuvo.

No hizo nada por socorrer a la víctima.

Atrás suyo, quedaba una persona muerta, y muchas otras a las que, a partir de ese momento, se les haría difícil respirar.

La historia parece el punto inicial de una película.

Pero, para los protagonistas de esta historia, se trata una realidad apabullante, densa, donde todavía el final se encuentra abierto.

En este hecho, hay nombres y apellidos.

El chico de diecisiete años que murió se llamaba Lucas Caro.

Matías Vázquez es quien manejaba.

Verónica Salinas, la madre de Lucas, lo conocía.

El conductor había sido repositor externo de supermercados.

La mujer, en tanto, trabaja en el área de panadería en una sucursal de la cadena Todo.

Mucho antes de que el mundo se le viniera abajo con el llamado nocturno donde le avisaron que su hijo había tenido un accidente, mantuvo breves conversaciones con Vázquez, algo habitual entre los empleados del lugar y los repartidores de mercadería.

Ahora, Verónica devela que, al estar en una audiencia, él la reconoció y sólo atinó a agachar la cabeza.

La mujer expresa que su propia vida “se detuvo, minuto a minuto, esa madrugada del 27 al 28 de febrero”.

Recuerda que, aquella vez, a la medianoche (“a la 00.00”, apunta), sonó el teléfono.

“Entre gritos y llanto, Aymará (novia de Lucas) decía: ‘Vero, vení. Lucas tuvo un accidente’”, cuenta.

“Con mucha bronca, dolor, preguntas y respuestas, todos los días trato de retomar mi vida… nuestras vidas…”, suspira.

Pero, en el instante de saludar a sus hijos, pesa una ausencia.

Falta Lucas, y Verónica menciona que en la casa hay “un cuarto vacío”.

“Sus sueños se fueron…”, murmura.

Lucas, junto a su hermano Santiago y Verónica.

“Al hablar con mi esposo, Lucas está presente en nuestras miradas, en el interior de cada uno”, expresa la mujer, para luego sentenciar: “Pero físicamente no se encuentra, y no es lo mismo, porque los recuerdos no se pueden abrazar”.

En cuanto a la situación de que Vázquez, en vez de estar en una celda, aguarda el juicio en su casa, cuestiona: “A diario me pregunto si ser honesto, y hacerse cargo de lo que se hace, es lo correcto”.

Habla de la vida como “un rompecabezas al que le patearon las piezas”.

“Algunas no las encuentro, otras me las esconden, pero la principal ya no está, y no tiene reemplazo”, expone, en obvia referencia al hijo que falleció.

Explica que cada día que comienza, para ella, se detiene cuando llega la primera evocación de la jornada. “Busco a Lucas y vuelvo al 28 de febrero… a verlo en la ruta, ya sin vida…”, expone, y afirma: “Ya nada será igual”.

“Me pregunto cómo Matías Vázquez mira a su familia, hijos, amigos y conocidos, sabiendo que arrancó una vida a una familia”, remarca.

“Quizá sentiría un poco de consuelo, por decirlo de alguna manera, si se hiciera cargo de lo que realizó, se entregara, y asumiera como hombre su responsabilidad”, observa.

“Pero su cobardía no lo deja ver más allá de su ego”, considera.

“Siento lástima por sus hijos, debido a la clase de enseñanza que les deja el padre”, asevera.

“El día de la formulación de cargos, estuvimos frente a frente, y nunca levantó la mirada para pedir perdón por lo que hizo, aun dándose cuenta de que me conoce, por el trabajo”, apunta.

Verónica comenta que la aborda un sentimiento donde se mezclan bronca e impotencia, un dolor “sin forma, ni tiempo, ni explicación”.

Así y todo, asegura: “Lucas no hubiese querido que me rindiera”.

Atrás, Lucas abraza a su madre; adelante, Agustina y Santiago, hermanos menores del muchacho.

“Lo extraño, siento que estoy muerta en vida, pero tengo que seguir luchando, por mis otros hijos, por mi familia”, exterioriza.

 “Él me da la fuerza para seguir”, concluye.

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