COORDINADORA DE ADOLESCENCIA DEL MINISTERIO DE SALUD
Natalia Zemp: “Se deben agotar todas las instancias para que la escuela sea una prioridad”
La discusión entre los gobiernos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de la Provincia de Buenos Aires y las autoridades nacionales por la presencialidad en las escuelas y las decisiones que originaron fallos judiciales crea una amplia polémica por estos días.
En provincias del interior existe otra realidad en cuanto a la escolaridad. En Río Negro las clases continúan de alguna manera. Al respecto se refirió Natalia Zemp, médica de adolescentes a cargo del área de coordinación de Adolescencia del Ministerio de Salud rionegrino. La funcionaria dijo que las escuelas “es lo último que se deberían cerrar y lo primero que habría que abrir como actividad esencial”.
Consultada la profesional sobre cómo repercute en los jóvenes la no presencialidad, cómo impacta la discusión y el debate que se produce por la suspensión de las clases en el AMBA (Área Metropolitana Buenos Aires), consideró que “es un impacto a nivel mundial, el cierre de las escuelas ha sido devastador y se han visto afectados procesos de aprendizajes, el bienestar de niños, niñas y adolescentes, en ese sentido en nuestro país en general la inequidad y la desigualdad han marcado esta grieta, en cuanto a la accesibilidad, en poder sentirse acompañados desde las instituciones”.
A través del programa “Chocolate por la noticia” que se emite por El Cordillerano Radio (93.7) indicó que “no es lo mismo -por ejemplo- un niño o niña que concurre a una escuela privada que aquel que va a una pública, en relación a la disponibilidad de las horas de clases. Lo que sucede en cuanto a la presencialidad es que las clases siguieron estando, los agentes han seguido trabajando aún desde la virtualidad, pero claramente el proceso de aprendizaje no es el mismo y a lo largo del año pasado ha sido muy prolongado, entonces vemos en general cuando tomamos contacto con niños, niñas y adolescentes que estaban deseosos y ansiosos de volver a la presencialidad, volver la sociabilidad, lo que más extrañaban de la escuela es volver a ver a sus amigos”.
Natalia Zemp explicó que “esto genera un impacto sobre todo en su salud mental, cuando empiezan a visualizar sobre la idea que posiblemente las clases se corten en forma presencial. Si bien uno puede decir que es por 15 días, sabemos que durante el año pasado esos 15 días se iban estirando. No es un momento fácil para tomar decisiones, me parece que debería existir cierto consenso para hacerlo, porque la previsibilidad genera mayor tranquilidad en los chicos”.
Asimismo consideró que “todo esto pasa por una disputa política y ellos (los chicos) nos están viendo todo el tiempo para ver qué sucede. Más que nada pensando en esto porque, 'mamá se junta en un cervecería con las amigas y yo no puedo ir a la escuela', 'papá se junta con los amigos para ir a jugar al fútbol y yo no puedo ver a mis amigos'. Entonces creo que la escuela debería ser lo último en cerrar y lo primero en abrir, siempre y cuando las condiciones socio-sanitarias lo permitan” y agregó que “nadie quiere enfermarse o que un familiar se enferme gravemente y no tener una cama disponible donde poder internarlo, pero se deben agotar todas las instancias para que la escuela sea una prioridad”.
La funcionaria también refirió que “todo el tiempo ellos están mirando el mundo adulto, debemos dar ejemplos a la hora de poder exigir, porque ya se ha visto que las chicas y los chicos adhieren perfectamente a los protocolos, utilizan el barbijo, mantienen las distancias, la escuela es un lugar seguro. Si nos ponemos a pensar qué pasaba el año pasado cuando íbamos al supermercado, debíamos hacer cola en la puerta, manteníamos la distancia, nos ponían alcohol en las manos, nos tomaban la temperatura, no dejaban entrar a más de determinadas personas, creo que esos protocolos se han ido relajando en los lugares de encuentro, en los comercios, en los lugares gastronómicos, incluso antes el cubierto venía envuelto en una funda plástica o en una servilleta y ahora ya no”.
Al respecto dijo que “me da la sensación de que hay otras cosas para ir ajustando en el mientras tanto o que ya se deberían haber ajustado. Incluso en las escuelas debería existir más información, porque en algunas privadas también se fueron relajando, flexibilizando o siendo un poco más laxos. En esto tenemos que estar muy atentos como adultos sobre qué estamos transmitiendo, porque los adolescentes se sintieron mal con respecto a los mensajes que llegaron desde los gobiernos y el tema es diferenciar bien si estamos hablando de adolescentes o de adultos jóvenes, porque se tiende siempre a estigmatizar a los población adolescente como que son los culpables de la circulación, por las fiestas clandestinas, por las juntadas y demás y si definimos a las fiestas clandestinas por una cuestión de edad, no participaban chicos de la escuela secundaria y como padres uno también tiene que habilitar espacios de encuentros, por eso como adultos el mensaje es fundamental, sobre qué espacio habilitamos para que los chicos vayan”.
En el mismo rumbo aclaró que “si a las fiestas clandestinas, van personas de 22, 25 o 28 años, no estamos hablando de adolescentes. Por eso muchos se han sentido muy mal por sentirse culpables de contagiar a sus mayores, entonces al problema global le sumamos lo particular, individual y familiar, hoy en día todos tienen un conocido aislado o infectado, internado que no la pasó bien o alguno que se murió por esta enfermedad, entonces el impacto que tiene esto es muy importante, el virus no sabe ni de política, ni de protocolos, ni de edades. Sabemos que las cepas se están poniendo más agresivas, que hoy atacan más a los jóvenes, seguramente no es fácil tomar decisiones, entonces generan espacios de certidumbre o de un marco conceptual que sea un poco más claro y coherente, eso va a favorecer la salud mental de nuestra población”.
Consultada sobre las deserciones señaló que “es cierto que hubo gran deserción por falta de motivación, nosotros tenemos un territorio muy grande y no es lo mismo la conectividad en una zona rural para la educación que en las grandes ciudades y está la falta de conexión, la falta de privacidad en hogares pequeños, lugares con violencia intrafamiliar, eso hace a la deserción escolar, pero no pasa solo en nuestra provincia, sucede en todo el país”.
Por último Natalia Zemp sobre si hubiera que volver a la virtualidad en Río Negro mencionó que “insisto, es lo último que se debería cerrar y lo primero que habría que abrir como actividad esencial, entiendo que no es sencillo y es una posibilidad que esto suceda, para eso tenemos la oportunidad de ir preparando a nuestros hijos, a nuestros alumnos y debemos ver cómo mejorar la oferta con respecto a la experiencia que vivimos el año pasado. Esto ya no nos puede agarrar en forma imprevista, el impacto en este tema debe ser menor a lo sucedido en el 2020”.
Juan Carlos Montiel