2021-04-15

LAS GOLONDRINAS, FUEGO Y DESPUÉS…

Cenizas del recuerdo

Hace poco más de un mes, Julio Castañeda contaba que, cuando llegó el fuego a la Parcela 26, en el paraje Las Golondrinas, no había agua.

Explicaba que el barrio se abastecía por un tanque australiano, ubicado a unos ciento cincuenta metros de donde estaba su casa, aunque aclaraba que no alcanzaba para satisfacer la demanda, y por eso, la mayor parte del tiempo, no disponían del líquido.

Aquella vez, hacía varios días que carecían de agua cuando las llamas atacaron.

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“Todo esto se podría haber evitado”, se lamentaba. Ahora, Julio destaca que, gracias a la Asamblea Defensa del Bosque, de El Bolsón, en la actualidad tienen algo de agua.

Cuenta que ese grupo se propuso ayudarlos e ideó un sistema que, mediante tanques y mangueras, aprovisiona de agua a la mayor parte del barrio.

“No es potable, pero sirve para lavar las cosas e higienizarse”, señala Julio. De su boca salen agradecimientos para todos lo que se acercaron a brindar apoyo.

Está sentado al costado de una casita que levantó en diez días; falta poco para que quede totalmente lista.

“Tiene una piecita, una cocinita, baño…”, enumera. “Y en el futuro, quiero agrandarla”, añade.

Aprovecha para dar las gracias a la sede Bariloche de la Fundación Sí, que lo ayudó con el techo.

También recuerda a “los chicos de Neuquén” (dice que ellos saben a quiénes se refiere). “Estuvieron dos veces acá, y ya son familia”, apunta.

“La colaboración vino de la gente común, no del Estado”, afirma.

“Cuando haya elecciones, en unos meses, los políticos van a querer venir a jugar con nosotros, con la asistencia”, sostiene, previendo lo que puede llegar a pasar en época electoral.

Pero, por lo pronto, ya levantó una estructura donde vivir junto a su pareja, y hace poco retomó algunos trabajos.

“Estoy tratando de recomenzar”, asevera.

Aunque todavía se le nubla la vista cuando mira hacia atrás y ve los restos de su antigua casa.

Sus lágrimas no nacen por ver derruido lo que tanto le costó construir, sino por algo que tiene que ver con el amor de padre.

Por eso, señala hacia donde se situaba la vieja vivienda, en una depresión del terreno, y suelta: “Lo que más me duele es que ahí estaban las fotos de mis hijos, la cosas de cuando nacieron… la primera ropita, el ombliguito, un moisés que me prestó una señora porque yo no tenía plata para comprar uno…”.

“He tenido momentos difíciles en la vida, pero esto…”, indica, sin poder terminar la frase.

“Me agarraste en un día jodido… Estoy hecho bolsa”, suspira.

De pronto, como tratando de darse fuerza él mismo, advierte: “Tengo que seguir adelante. Cuando termine el baño nuevo, voy a ir allá abajo, para limpiar todo…”.

Christian Masello/ Fotos: Facundo Pardo

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