2021-04-04

"LA MUDANZA VA A SER FAVORABLE"

El encargado de internación de Salud Mental previó buenos resultados en la nueva sede

El médico psiquiatra Juan Pablo Rendo, referente de internación de Salud Mental del Hospital Zonal "Dr. Ramón Carrillo", sostuvo que el traslado de los pacientes del área a su cargo, que se encontraban en la Escuela de Hotelería y Gastronomía desde comienzos de la pandemia, al edificio donde antes se ubicaba el jardín materno infantil Girasoles, efectuado el sábado, se realizó de manera correcta, aunque aclaró que todo movimiento genera un impacto: “No solo en los internados, sino también en uno mismo, como pasa en cualquier mudanza”, apreció.

“Hubo que utilizar ambulancias, movilizar las pertenencias, acomodarse al nuevo lugar”, enumeró.

Asimismo, especificó que, la primera noche, quince pacientes durmieron en el predio de la calle Saavedra, frente a la plaza Belgrano.

Sobre las características del nuevo destino, lo calificó como “un lugar más céntrico, metido en la ciudad”.

“Si bien la Escuela de Hotelería y Gastronomía no se hallaba lejos, no estaba enclavada en la localidad como el sitio actual, lo que permite pensar en un montón de actividades para hacer con quienes se encuentran internados”, comentó.

De acuerdo al psiquiatra, “eso permitirá favorecer la inclusión social, en pos de que recuperen su autonomía”.

“Creo que, en ese sentido, la mudanza va a ser favorable”, sostuvo.

Así, aunque indicó que “va a llevar un tiempo terminar de acomodarse”, apreció: “El sitio es muy lindo, y, por su ubicación y características, creemos que es acorde a lo que necesitamos para que los pacientes estén bien, cumplir con sus expectativas y, a la vez, proyectar varias cosas para hacer en torno a ellos”. 

Sobre las particularidades del espacio, describió: “Es una casa antigua de dos pisos, con cuartos grandes, que permiten, de ser necesario, contar con más internados”.

“Tiene un patio enorme, una huerta… todo eso lleva a pensar creativamente en actividades para hacer”, consideró.

Informó que “en la planta baja hay habitaciones que facilitan la comodidad de los pacientes con movilidad reducida, e inclusive se cuenta con un lugar de esparcimiento”.

En el otro piso, en tanto, según relató, se ubican cuartos amplios que llaman a la tranquilidad.

En cuanto al tiempo pasado en la Escuela de Hotelería y Gastronomía, manifestó: “Fue una gran experiencia. Tuvimos la posibilidad de cuidarnos del coronavirus, que, en el hospital, generó más problemáticas, porque hubo muchos contagios”.

“Estar ahí nos permitió proteger a los pacientes, a la vez que habilitar camas para que se encuentren disponibles en el hospital”, sostuvo.

“Somos muy agradecidos con el colegio. Sabemos que había que recuperar las clases, cosa que era fundamental, pero, durante once meses, dejaron que los pacientes estén en un lugar cómodo, trabajar muy bien, y protegerlos de una posible infección”, valoró.

En ese sentido, expuso que, durante el tiempo que se permaneció en la institución educativa, solo se vivió una situación de contagios, “que se pudo controlar bien”.

“Hubo un episodio que no sabemos bien cómo ocurrió, si con un familiar, un operador de enfermedad mental, una enfermera… y, a partir de ese contagio, hubo tres más, entre personal de salud y pacientes, que fue lo único que tuvimos en esos once meses, lo que, si uno lo compara con las situaciones que se produjeron en el hospital, y en otros lugares cerrados, como geriátricos, es muy bajo”, evaluó.

En cuanto al modo en que se operó en la Escuela de Hotelería y Gastronomía a partir del comienzo de las clases presenciales, estimó que no se causaron inconvenientes para ninguna de las partes.

“En una internación, existen dos instancias”, apuntó.  

Así, describió: “Primero, está lo que puede calificarse como un momento agudo, donde el paciente se encuentra en una suerte de terapia intensiva de salud mental. En ese caso, obviamente, no podía circular por las instalaciones y el estacionamiento, donde era factible cruzarse con algún estudiante”.

“Después, hay una terapia intermedia, previa al ambulatorio, donde el paciente deambula… Pero, en cualquier caso, hay un estigma severo en relación a la problemática de salud mental. No hemos tenido, en los once meses que permanecimos allá, situaciones de violencia, o momentos donde creyéramos que corría riesgo la vida de alguien”, afirmó.

“Hubo momentos difíciles, claro, pero fueron controlados, y jamás implicaron riesgo para otras personas”, observó.

De esa manera, aseveró que los casos donde los pacientes se ven involucrados en actos violentos “son mínimos, y, mayormente, suceden cuando no reciben tratamiento, no al encontrarse acompañados por el equipo de salud mental”.

Sobre la cantidad de días que suelen permanecer las personas durmiendo en el sector destinado a tal fin, informó: “En promedio, las internaciones duran alrededor de dos semanas; obviamente, hay pacientes que requieren más tiempo y otros menos”.

En cuanto a la Ley Nacional de Salud Mental, que se conoce como de desmanicomialización (26.657), que implicó el cierre de los manicomios, y genera equívocos sobre el período que una persona puede estar en un centro de salud mental, explicó: “Nosotros cumplimos con la toda la reglamentación. Hay tiempos que uno no puede acelerar, por más que la ley esté ahí, dando vueltas. Existen pacientes que necesitan más días para recuperarse, y ese es un poco nuestro límite”.

“Las jornadas que el paciente precisa son las que se encuentra internado, ni más ni menos. La ley no establece un límite; eso sería ridículo, porque la normativa se estaría metiendo en el criterio médico”, reflexionó.

En ese punto, confió que, en Bariloche, “hay dos pacientes internados por cuestiones humanitarias, ya que tienen serios problemas habitacionales”.

“Se está trabajando para conseguir una vivienda y que puedan ser externados”, expuso.

“Esos, por decirlo de alguna manera, son los casos más incómodos, porque se trata de personas que quizá se encuentran con posibilidades del alta, pero uno no le puede decir que se vaya a alguien que sabe que terminará en la calle”, opinó.

“La intención es contener la situación, trabajar con servicio social para solucionar el tema, lo que a veces tarda, pero, en general, se termina concretando”, expresó.

“Esas, tal vez, sean las internaciones que se prolongan más de lo que nosotros deseamos”, aseveró.

Para que se comprenda el modo de proceder en cada caso, apreció: “A modo legal, hay dos tipos de internaciones: voluntarias e involuntarias”.

“Voluntaria es cuando se le informa a alguien que está atravesando un determinado cuadro y que debe internarse para su mejoría, y, frente a eso, acepta y firma su consentimiento”, dijo.

“La involuntaria es cuando el paciente no presta el consentimiento, o no lo pude prestar porque, por ejemplo, atraviesa un cuadro psicótico agudo, entonces se hace una internación y se informa a la justicia”, dilucidó.

A su vez, agregó que se comunica también acerca de las internaciones que, por diferentes motivos, se prolongan más tiempo del que se pretende en un inicio (alrededor de tres meses, aproximadamente; algo que, según narró, ocurre pocas veces).

“En general, nos piden informes y se evalúa lo que sucede, y se actúa en beneficio del paciente”, refirió.

“La ley de desmanicomialización no surgió para determinar una cantidad de días para resolver el problema, porque eso sería algo imposible”, advirtió.

“Además, significaría ponerle presión a quien está internado, para que mejore sí o sí… Sería una locura”, añadió.

El psiquiatra consideró que el espíritu de la normativa apunta a que “los pacientes no estén invisibilizados en caso de que se internen sin su consentimiento”.

“Se trata de que tengan un representante legal que acompañe la terapéutica, no de que haya un límite de tiempo por ley”, redondeó.

Asimismo, Rendo aclaró que no todos los pacientes de salud mental, antes, se encontraban en la Escuela de Hotelería y Gastronomía, ni ahora en el nuevo edificio de la calle Saavedra.

En el caso del colegio, aclaró que, en determinado momento, no contaron con camas suficientes. “No nos quedó otra que internarlos en el hospital”, manifestó.

Pero, más allá de eso, sostuvo que “también hay casos con combinación de cuadros clínicos y psiquiátricos, donde es necesario el ámbito hospitalario para su mejor manejo”.

“Cuando hay una comorbilidad clínica que requiere internación, el paciente queda en el hospital”, concluyó.

Christian Masello/ Fotos: Matías Garay

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