2021-04-01

HUELLAS IMBORRABLES

Islas tatuadas a fuego

“El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender”, escribió Jorge Luis Borges en “Juan López y John Ward”, su texto sobre la Guerra de Malvinas.

Las huellas que dejó el enfrentamiento son imborrables. Nunca nadie sabrá con exactitud por qué sucedió. 

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Islas a la deriva de la historia, ubicadas en el sur del mundo, a lo largo del tiempo fueron víctimas de rumores, errores y horrores.

En 1982, la población mundial dirigió su mirada hacia esos trozos de tierra rodeados de agua. La ambición de unos pocos originó el sufrimiento de muchos.

Allí, donde Dios deja caer a diario su sollozo en forma de gotas de lluvia, se abrió una herida que no cierra.

Intereses económicos y ansias de poder, de ambos gobiernos, el argentino y el británico, se conjugaron para dar comienzo a la guerra.

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De un día para otro, jóvenes de este país fueron enviados al frente de batalla.

Les dijeron que era por la Nación. Les mintieron. Las razones eran otras. Había trasfondos de todo tipo, pero los que dieron las órdenes no lo hicieron por la Bandera.

Sin embargo, muchachos disfrazados de adultos lo convirtieron en algo digno. Transformaron a la guerra en una lucha por la Patria. Enfrentaron las dificultades y se convirtieron en HOMBRES (así, con mayúsculas).

Un día les dijeron que habían perdido, que se había dado la orden de deponer las armas. Les dio bronca, aunque deseaban volver a sus casas para ser abrazados por sus familiares.

El regreso resultó, para muchos, peor que la estadía en el teatro de operaciones. Las autoridades se sacaron “el problema” de encima.

Llegaron los suicidios, las enfermedades psíquicas y físicas, en fin, la locura enmarcada en la “desmalvinización”: de eso no se habla, eso no pasó. La verdad es que sí sucedió.

Quienes estuvieron allá, y lo sufrieron en carne propia, lo saben; también, las personas que perdieron a sus hijos u otros seres queridos.

Los que en 1982 fueron a Malvinas porque hacían el servicio militar, que en ese momento era obligatorio, por sorteo, hoy tienen alrededor de cincuenta y siete años.

Cuando se enteraron de que debían ir a Malvinas, no imaginaban lo que les aguardaba. Pasaron treinta y nueve años, pero ellos tienen aquellas islas frías tatuadas a fuego. Esas marcas no se borran.  

Christian Masello

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