2021-03-24

CHARLY GALOSI Y LA CUMBRE EN EL TECHO DEL MUNDO

Pasaron momentos muy duros para celebrar el Bicentenario de la Patria

Desde el Club Andino Bariloche (CAB) se lanzó la idea de celebrar el Bicentenario de la Revolución de Mayo haciendo cumbre en la montaña más alta de mundo, el Everest (8.848 metros). La misión se cumplió en forma exitosa en la mañana del 23 de mayo de 2010.

De esta manera Ramón Chiocconi, Marcelo Deza, Charly Galosi, Alvar Puente y Leonardo Proverbio, cumplieron con el objetivo que había nacido varios meses antes en forma institucional. Estuvieron en la cumbre alrededor de una hora, disfrutando el logro y pensando que “aún faltaba la mitad del camino, el descenso”, según relató Charly Galosi al recordar la expedición y agregó: “fue muy duro, fue muy importante la aclimatación y adoptamos la ‘forma serrucho’ para alcanzar la cima”.

La llamada “Expedición Everest” tuvo su idea inicial en el marco del Club Andino Bariloche. Los montañistas son amantes de la naturaleza, no están ligados solo a la elite o a los entrenamientos. Para ellos es importante que se conozcan las distintas actividades que se pueden llevar a cabo en la región y valorar aquello que se hace acá en Bariloche, “un lugar donde se pueden hacer todas las disciplinas, para todos los que disfrutamos este maravilloso entorno”, relató Charly Galosi en el reportaje que se llevó a cabo en el programa “El Cordillerano Entrena” que se emite por la FM 93.7.

El reconocido deportista se explayó sobre la “Expedición Everest” al decir: “todo surgió en el seno del Club Andino, con compañeros, amigos de la Comisión de Auxilio, en ese momento tal vez éramos unos cuantos más, en las reuniones que hace el Club habíamos visto que hacía muchísimos años que no había una expedición afuera. Hay muchísimos montañistas, deportistas que van al exterior, pero no en una expedición de carácter institucional”.

Luego agregó: “En ese entonces el grupo ya rondaba los 30/35 años, en realidad pensamos en dejar el espacio a los chicos, pero a su vez dijimos por qué no comenzamos a hacer algo, tomemos la decisión de armar una expedición y allí surgió la idea. También pensamos en levantar el estandarte que se puede hacer algo, que no es imposible, vimos cómo conseguir la financiación, no teníamos la experiencia suficiente, ya que uno solo de nosotros había estado en el Himalaya, en Pakistán y en la India. Los demás teníamos experiencia en Perú, en los cerros centrales de Argentina, en la zona de Mendoza, San Juan… y bueno alguna vez había que aventurarse”.

Consultado sobre cómo surgió el Everest, indicó que “fue una idea, pero dijimos que era muy caro y cuando pensamos otras expediciones eran el 20% del costo y si el Everest nos salía 10, las otras nos salían 2, pero cuando pensábamos en otros lugares nadie sabía identificar cuál, aunque esos otros son cerros con una característica increíble. Entonces dijimos, ‘probemos con el Everest'”.

Asimismo mencionó Galosi que “todos tenemos una cierta experiencia en montaña, mas allá de la capacidad física que sí la tenemos, es importante la experiencia previa con recorridos de montaña, en eso teníamos confianza, sobre todo con respecto a la exposición a la altura y sabíamos más o menos cómo íbamos a reaccionar en esos ambientes. Así se fue gestando, con varios empresarios y comerciantes locales. En Bariloche hubo gente con muy buena voluntad para hacer aportes pero aún así no era suficiente, no logramos el total y sobre el final Ramón consiguió un sponsor muy fuerte que puso todo lo que faltaba, que era muchísimo”.

Explicó que “subimos el 23 de mayo del 2010, fue todo un acontecimiento y apareció Francisco Minieri, que fue como un director de la expedición. Nos ayudó, fue a visitar el campamento base, obviamente el esfuerzo más fuerte que hay que hacer es conseguir la plata. Fuimos un claro ejemplo que cuando uno quiere se puede, ya que somos gente que no somos millonarios, gente de pueblo, de clase media y esto fue una cuestión de un equipo que se puso a trabajar”.

Como aporte positivo consideró el entrevistado que “todos nos conocíamos entre nosotros de haber salido a la montaña, eso fue muy importante, la amistad ya es para toda la vida, fue muy fuerte, creo que ese momento te queda grabado, más allá de la altura, de hasta dónde se llegó, pero en cuestiones emocionales, de interacción y relación entre nosotros, las cordadas hermanadas, las decisiones son compartidas, siempre tiene que existir un consenso, cada uno asumimos distintos roles, cada uno de nosotros tenía un potencial diferente para ayudar al grupo y todo eso es importante más allá que alguno tomó la batuta de director”.

Consultado sobre cuánto duró la expedición señaló que “70 días desde que salimos de Bariloche hasta que volvimos, fuimos anexados a otra expedición de otros argentinos, los Benegas, Damián y Guillermo, que nos hicieron la asistencia en la parte logística y nos encontramos también con otros argentinos que subían. Hicimos un grupo con un esfuerzo muy colectivo donde la idea era llegar a la máxima altura posible”.

¿Cómo realizaron la aclimatación?, “el cuerpo se va adaptando a la distinta presión, a los cambios atmosféricos, a medida que se asciende la atmósfera es más liviana, la cantidad de oxígeno que hay en el aire tiene menos presión y esa presión es la que ayuda a los pulmones en cuanto al intercambio de gases. La aclimatación hay que hacerla con tiempo, los primeros cambios se ven a los 2.500, 3.000, 3.500 metros ahí empieza el organismo a reacomodarse, te sentís con náuseas, mareos, vómitos, en algún momento sentís el malestar, hay personas que dicen ‘no me pasó nada’ y les pasa más adelante o capaz que no sufre ningún cambio. Tuve dolor de cabeza, a veces no se puede dormir bien a la noche o se tiene sueño durante el día, esos cambios al principio son muy fisiológicos, la mente en lo personal te juega cuando son muchos días y cómo uno planifica los días que faltan y cómo uno se siente, además, abajo hay que dejar todo armado, el trabajo, el hogar y lo emocional”.

También el montañista aseveró que es importante “tener muchísima paciencia para esos días en los cuales hay que tener muy claro el objetivo, nosotros teníamos muy en claro que queríamos volver todos sanos y la aclimatación tiene que ser lenta en la partes bajas, los primeros días, las primeras semanas uno debe tener paciencia, no caer como con esa fiebre de cumbre, donde el cuerpo aún no está adaptado”.

Al respecto explicó que “hay una primera etapa de aclimatación donde uno se acerca al cerro, se llega a Nepal que está entre China y la India, es un país chiquitito, la capital es Katmandú, esa zona atraviesa toda la cadena del Himalaya donde hay varios cerros que superan los 8.000 metros. Nosotros fuimos al Everest que es el más alto de toda esa cordillera y ahí cerca, a unos cuantos kilómetros está Katmandú, aterrizamos en un pueblo bien de montaña y ese lugar ya está a 2.750 metros, sería la altura de puente del Inca (Mendoza), más alto que Catedral y más bajo que el Tronador” e indicó: “allí aterrizás y comienza la aproximación, primero uno se acerca al cerro, allí hay distintos monasterios y campamentos, para poder parar y estar tranquilo, en esos kilómetros se va uno acercando a la montaña. Nosotros lo disfrutamos y tratamos de poner el pie en el freno para hacer bien la aclimatación, sobre todo sabiendo que las dos primeras semanas son muy importantes, tardamos más de siete días en llegar al campamento base, y a la montaña casi diez”.

Al continuar con su relato refirió que “el campo base está un poco por arriba de los 5.000 metros, ahí es donde pasamos de 35 a 40 días en total, para ir preparándonos. Hay muchísimas actividades para hacer, sobre todo en el aspecto de aclimatación, el cuerpo se va entrenando, pero también te vas desgastando, porque ahí arriba todo el organismo lo padecés y no se recupera en forma completa toda la energía”.

Sobre la comida mencionó que “en el campo base había un abastecimiento interesante, que tenía una gran logística, con los yacks, los sherpas que asisten, algunos van a las partes altas de la montaña, otros se quedan más abajo y ellos forman pequeñas empresas, nosotros estábamos asistidos en el campo base por una de esas empresas que nos cocinaba, es muy importante el agua caliente y eso no es fácil porque se saca de los glaciares y entonces hay que fundir el hielo y hacer agua para hidratarse. Esa logística es de gran ayuda, al principio depende de lo que uno come cómo te vas aclimatando, es como cuando uno se siente mal y no quiere comer, te duele el estómago o la cabeza, entonces comés una galletita de agua y un té y a la cama. Si te sentís bien, tu cuerpo quiere comer, entonces una vez que nos íbamos aclimatando comenzábamos a hacerlo de a poquito, cosas más sólidas, más contundentes. Comíamos de todo”.

Galosi señaló que “los sherpas te asisten, con los tubos de oxígeno por ejemplo, sobre todo para la parte más alta (arriba de los 7.000 metros) esta filosofía para el ascenso fue utilizada por nosotros, se puede subir sin oxígeno, sí, pero se debe encarar de otra manera. El riesgo está siempre, para hacerlo sin oxígeno se necesita más tiempo y los problemas están un poquito más arriba, también está la decisión de uno en decir ‘no doy más tengo que volver'”.

En el mismo rumbo mencionó que “nosotros tuvimos una filosofía un tanto conservadora, no hicimos el estilo alpino, que es salir con todo y llegar, en nuestro caso elegimos la ‘forma serrucho’ que es la del Himalaya, una forma bastante más pesada. Además cuando se abre esa ventana, cuando el clima está bueno, ahí hay que hacer el empuje final y allí hay que hacer la montaña completa, mientras tanto hacíamos la ‘forma serrucho’, subir bajar, armar una carpa, bajar, comés, cargas otra, descansar un día más, al tercer día subís al campo dos, bajas al campo uno, hacés base, al otro día subís llevás otro poco de material. Es decir, te exponés un ratito y bajás a recuperarte, te cansás y bajás a lugares más calmos, para recuperar, son como ciclos de aclimatación donde cada día te esforzás un poco más”.

Contó que “en el campo dos había una gran carpa donde estaba esta empresa que nos asistía, tenían una cocina donde nos daban agua, agua caliente, té, uno se va alimentando con el líquido básicamente porque en altura no se llegan a digerir bien los alimentos, entonces son muy importantes los jugos, caldos, las cosas bien líquidas, así es como entran los alimentos, estar bien hidratados porque se pierde mucho líquido y la dificultad de la montaña así lo amerita y por otro lado uno exhala mucho todo el tiempo, eso hace también que se pierda mucho líquido”.

Ya con admiración señaló Galosi que “cuando llegué a Nepal miré los cerros y no te da la vista para observar, son tan grandes que no terminan más. Esas montañas son enormes, 6.000 o 7.000 metros, muchas no han sido ascendidas, no tienen nombres todavía, son kilómetros y kilómetros de cerros, también hay algunos “sagrados” que no permiten ni siquiera acceder a la base por una cuestión religiosa, pero igual hay otros miles que hasta hoy son inaccesibles a los recursos de una persona que va por su cuenta”.

Sobre qué se observa al hacer cumbre refirió que “la vista cuando llegás a la parte más alta es increíble, yo miraba hacia arriba, el cielo ya se pone oscuro, en la parte del horizonte es celeste, después más azul y mirando bien hacia arriba ya era un color negro, como mirar directamente el espacio, mi sensación era esa ‘guau que alto que estamos’, además decir ‘bueno aún debemos volver, queda el 50% por recorrer’, haber llegado todos juntos fue muy importante, los 5 barilochenses que estuvimos más los que nos acompañaban, que también eran argentinos, una sensación de muchas emociones, el trabajo en equipo”.

Casi sin quererlo relató que “los últimos metros, para mí fueron un esfuerzo muy duro, no es que tenés muchos días para ascender, tenés todo preparado para hacerlo: los tubos, la comida y hay un solo intento porque no hay chance de otro intento, proque ese solo te compromete a realizar todo el esfuerzo. Ese día duro, muy duro, porque no dormimos la noche anterior, salimos algo así como las 4 de la tarde del campamento 4, a 8.000 metros y caminamos durante toda la noche, hasta que amaneció, fue la jornada más fría porque ya estábamos arriba de los 8.000, íbamos con ese mono de pluma que abriga muy bien, triple bota, en realidad con el material adecuado se está justo, frío hace, se siente y hay que tener mucho cuidado con las congelaciones de la piel que está expuesta, como ser la cara, los labios, la nariz, la oreja, si uno se saca el guante, hay lugarcitos de piel que siempre están expuestos, hay que protegerlos porque el hielo congela esa pielcita, también la exposición solar es altísima”.

Por eso insistió “hay que mantenerse en movimiento, es muy importante no frenar, no quedarse quieto, no transpirar, una serie de premisas a cumplir porque si transpirás esa transpiración se congela, si te dejás de mover mucho también te afecta el frío, hay que tomar líquido y evitar a la vez que ese líquido no se congele, no exponer el lóbulo de la oreja porque se te queda negra, que no se te caiga un guante, hay que estar muy atentos”.

Por último Charly Galosi señaló que “sabíamos que nos íbamos apuntalando entre todos, sabíamos que estábamos enteros, contenidos, íbamos a nuestro paso, siempre estuvimos a nuestros ritmo, aún así es una jornada de las más duras en cuanto lo que hemos vivido y todo el componente de altura te va deteriorando. Poner la Bandera Argentina allí arriba fue muy grato, todo lo institucional que formó parte del Bicentenario de 1810, en ese momento lo ves de otra manera, aunque decís ‘saquemos la foto y vayámonos de acá’, sabemos que hoy es una montaña llena de recuerdos. También fue un momento de disfrutarlo, fue nuestro momento. Estoy dichoso de haber podido participar de esa experiencia y que sirva para que otros se motiven”.

 

 

Juan Carlos Montiel

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