2021-03-18

UN SOCIÓLOGO ANALIZA LA PROBLEMÁTICA

Conductores ebrios y el doble mensaje en Bariloche sobre el tema del alcohol

En Bariloche, el alcohol conforma una problemática particular.

Cuando sucede algo que conlleva un final trágico, como en el caso de Lucas Caro, un joven de diecisiete años que falleció al ser atropellado por alguien que habría conducido en estado de embriaguez, el tema se pone en primer plano.

Lo mismo cuando se busca concientizar sobre el peligro del consumo desmedido con “Una noche sin alcohol”, acontecimiento que fue impulsado por la Mesa 6 de Septiembre, la cual nació, precisamente, porque en una fecha así, en 2007, se produjo en la avenida Bustillo un accidente, en el que perdieron la vida cuatro adolescentes que regresaban a sus hogares alcoholizados, tras salir de un boliche bailable.

¿Pero qué sucede el resto del tiempo?

Basta mirar las vidrieras céntricas para notar que, en aquellos locales que tienen como principales compradores a los egresados que visitan la ciudad, abundan las remeras con inscripciones donde se festeja el uso desmedido de bebidas alcohólicas.

Y, hasta antes de la pandemia, era usual que, en los alrededores del Centro Cívico, adolescentes borrachos se trenzaran a golpes, o incluso se quedaran dormidos, en la zona donde está el edifico del Concejo Deliberante.

Era habitual, de madrugada, ver, en el mismo Centro Cívico, vehículos estacionados de los que bajaban personas (la mayor parte, jóvenes) con botellones enormes que pasaban de una mano a otra.

Se debe recordar que allí hay una comisaría…

En esa especie de ambigüedad, es que se plantea el problema del uso excesivo de alcohol en la localidad.

El presidente de la Asociación de Sociólogos de la República Argentina, Daniel Natapof, aclaró que, si bien la cuestión está relacionada con la conducta y la responsabilidad, se puede realizar una lectura social.

Consideró que el tema “debe ser encarado desde múltiples aspectos”.

“Tiene que haber concientización, capacitación, pero también una regulación estricta de la temática”, dijo.

El profesional destacó que es notoria, durante los últimos meses, la ausencia, o al menos la poca asiduidad, de los controles de alcoholemia.

“El relajamiento de la vigilancia del tránsito es un incentivo para aquellos que tienen conductas de este tipo”, aseveró.

Además, destacó que, cuando se habla de alcohol, suelen existir “posturas demagógicas y pocas medidas de fondo”.

“Tengo mis dudas acerca de las leyes de tolerancia cero al volante, porque penalizan a todo el mundo, incluso a aquel que toma responsablemente una copa de vino, pero desatienden a los que realmente son peligrosos”, señaló.

“Son medidas para la tribuna, porque después no veo que los mismos legisladores que postulan ese tipo de propuestas se preocupen por el efecto de las publicidades que estimulan una cultura favorable al consumo de alcohol, y ese es un tema central”, agregó.

En ese sentido, amplió: “Tenemos un bombardeo permanente de propagandas que incentivan el consumo. No tiene ningún tipo de relevancia que se ponga una leyenda que diga que es nocivo para la salud, porque lo que se destaca, en el ámbito publicitario, es una asociación entre juventud, belleza, fiesta y la bebida, lo que claramente pone como un valor positivo la ingesta de alcohol. Existe un estímulo permanente para su uso excesivo”.

“Por cada propaganda que hace el Estado (que en general son escasas y deslucidas) hay muchísimas más que dicen que si tomás sos canchero”, añadió.

Así, consideró que se trata de “un doble mensaje, donde precalece el comercial”.

“Es muy difícil decir: ‘Podés consumir alcohol hasta caerte, pero no manejes’”, apreció.

Y recordó que no es algo nuevo. “Nos impacta el último hecho trágico, pero nos olvidamos de los miles anteriores. La única solución se relaciona con políticas sostenidas en el tiempo, de fondo, permanentes y constantes. Hay que difundir, controlar, penalizar…”, sostuvo.

“A nadie se le ocurre que haya una propaganda diciendo que el consumo de estupefacientes es bueno, pero con el alcohol es distinto, porque socialmente aceptamos su uso, pero tiene que ser dentro de límites, de una moderación”, indicó.

En ese sentido, apuntó que “lo más peligroso, con la ingesta irresponsable, es la conducción de un vehículo, pero también hay otros riesgos, porque aun sin manejar la persona puede lastimar a alguien, o a ella misma”. Y citó como ejemplo lo que implica alguien que se encuentra ebrio mientras trabaja en una obra en construcción.

“El alcoholismo es un problema sanitario y social; multicausal y complejo. No es que se toca un botón y se resuelve. Se debe actuar en todos los frentes de forma coordinada, por supuesto que estableciendo colaboración con la sociedad civil, con las empresas. Hay que generar conciencia entre todos”, manifestó.

El profesional precisó que, más allá de analizar la problemática desde el punto de vista social, “nada exime a la responsabilidad individual y al que comete un delito”.

Igualmente, reflexionó: “Hay sociedades que, respecto a esas conductas individuales, son más o menos tolerantes, algunas trabajan más y otras menos en su prevención, en el control y en la penalización”.

Tras tal consideración, el sociólogo y exconcejal expuso: “No veo que la ciudad se ocupe activa y responsablemente de la temática”.

En cuanto a la escasez de controles vehiculares a partir de la pandemia, que ha perdurado más de lo que se podía pensar en un principio, la calificó como “una falencia importante”.

Igualmente, hizo una aclaración y comentó que, cuando las pruebas de alcoholemia eran habituales, tampoco apuntaban a remediar el problema. “Hay que recordar que, en ese tipo de controles, la cuestión de fondo no debe ser la recaudación, porque, en los controles de tránsito, hay una conducta municipal que parece orientada esencialmente a eso, pero la finalidad tiene que ser el ordenamiento, la prevención de accidentes, y la concientización de la gente”.

“La idea es penalizar cuando hace falta, pero como forma de concientizar, no se trata de una tasa”, especificó.

“No se observa una campaña integral. Lo que se lleva a cabo es alguna propaganda cuando llega cierta fecha, como ‘La noche sin alcohol’, que está muy bien, pero es ínfimo”, opinó.

“Y cuando hablo de que se precisa una campaña, no me refiero a la publicidad, sino a la actuación conjunta del municipio con provincia y nación, para que exista difusión en la tele y en los barrios, controles de alcoholemia, penalización… la campaña es todo eso junto”, explicó.

“Se precisa un conjunto de acciones para transformar, en forma sistémica y sistemática, una realidad que deseamos que mejore… Pero eso no sucede en Bariloche”, aseveró.

Además, sostuvo que, en lo referido a la situación vehicular, “en la ciudad hay falta de cumplimiento de la normativa por parte de gran cantidad de gente, de muchos conductores, no sólo por el tema del alcoholismo”.

Así, mencionó problemáticas como “estacionar en cualquier lugar, ponerse en doble fila, tapar la entrada de un garaje, manejar inadecuadamente, no poner la luz de giro, y una forma de conducción por momentos muy peligrosa”.

“En nuestro país en general, y particularmente en Bariloche, hay una temática que acertaría con un concepto sociológico que es el de la anomia, que refiere a una sociedad donde no se responde a las normas… Si bien no diría que somos anómicos, sí que hay niveles preocupantes de incumplimiento de la ley, que, en definitiva, conforma un acuerdo para la vida en común”, razonó.

“Se trata de vivir en comunidad, y, evidentemente, hay un problema con lo que nos une, lo que requiere convivencia, coexistencia”, añadió.

De esa manera, habló de “una cultura en la que parece gracioso poder evadir a la autoridad y burlar la ley”, al mismo tiempo que existe “una falta de control, lo que da el mensaje de que 'no pasa nada' e incentiva ese tipo de conductas en personas que, tal vez, ya tienen una predisposición para actuar de esa forma, porque no cualquiera hace eso”.

“Las acciones tienen que tener una consecuencia: es una regla básica”, afirmó.

Y eso se relaciona con lo que sienten las familias que pierden a un ser querido a consecuencia de que un conductor ebrio lo atropelló. “Es una tragedia, pero, si bien no tiene solución, una forma de poder transitar la vida después de un hecho así tiene que ver con observar que la sociedad y el Estado hacen algo al respecto: que el hecho no queda impune, que el agresor es castigado, que se toma una acción para que no le suceda a otros... Eso es muy importante para la familia de la víctima, ver que no queda en el olvido”, concluyó.

Christian Masello

Te puede interesar