PLEGARIA POPULAR POR JUSTICIA
Conmovedores testimonios en la marcha por Lucas Caro
Lucas Caro era un adolescente.
Y, como tal, todavía había en él un niño: era un nene grande que estaba despertando a la madurez, con una personalidad carismática que lo transformaba en alguien querido por todos.
“Un ángel”, suele calificarlo Luis, su papá, ahora que le tocó salir a dar la cara en los medios de comunicación, con el fin de que la muerte de Lucas no quede impune.
Porque Lucas falleció.
Lo mataron hace menos de un mes.
Fue en las primeras horas del domingo 28 de febrero. Caminaba por la banquina de la avenida Bustillo, a la altura del kilómetro 9,500, cuando un auto lo atropelló violentamente.
El conductor, Sergio Matías Vázquez, presuntamente en estado de ebriedad, partió sin siquiera amagar a ver qué había pasado con ese ser desplomado a la vera del camino. La novia de Lucas, y la madre de la chica, que lo acompañaban, quedaron en estado de shock.
La familia del joven fallecido decidió convocar a una marcha por las calles de Bariloche, a la que acudieron más de trescientas personas. El motivo fue pedir justicia.
Existe, en los allegados a Lucas, temor de que el caso quede impune.

Lucas Villalba compartía con el adolescente muerto mucho más que el nombre.
Hace algo más de siete años, Villalba arribó a Bariloche, proveniente de Buenos Aires, porque su familia escogió esta ciudad como lugar de residencia.
Desde el primer momento, se hizo inseparable de Lucas Caro.
“Es… era… mi mejor amigo”, apuntó durante la marcha. “Él siempre estuvo conmigo, en las buenas y en las malas”, destacó.
Villalba, un par de años mayor que Lucas Caro, se encontraba de vacaciones en Buenos Aires cuando lo llamaron para avisarle lo que había sucedido. “Ese mismo día, me tomé un avión y vine”, contó.
“Le arrebataron la vida como si fuera una basura… Sergio Matías Vázquez estaba en pedo; lo dejó ahí y se fue a dormir como si no hubiera pasado nada… Es un asesino, tiene que estar toda su vida preso, por más que sea de una familia de plata”, sostuvo.

Entre quienes marchaban, se encontraba el secretario gremial de la Asociación Empleados de Comercio, Alberto Arabarco, quien, acongojado, con apenas un hilo de voz, dijo: “Yo sé lo que es pasar por esto”.
Su hija Camila, en abril de 2017, murió en un choque. Conducía Fernando Penepil, y ella iba en el asiento del acompañante. Al manejar con exceso de velocidad, en una calle de tierra, perdió el control y el vehículo se estrelló contra un árbol. La joven, al igual que Lucas, tenía diecisiete años.
Penepil fue condenado a cuatro años de prisión y a seis de inhabilitación para conducir automotores.
A Fernando Caro, hermano mayor de Lucas, lo llamó una tía minutos después de que el muchacho fuera atropellado.
“Me vestí enseguida, salí, y me crucé con un policía, al que le pedí que, por favor, me ayudara, porque ya era tarde, no había colectivos. Me consiguió un taxi, y fui al lugar”, relató Fernando.
“Encontré a mi hermano tirado… Fue muy chocante. Me habían dicho que había tenido un accidente, y cuando llegué lo hallé muerto… No sabía cómo reaccionar”, expresó. “Es algo que no tiene explicación… Buscás respuestas que no llegan…”, añadió.
Fernando, cinco años más grande que Lucas, comentó que tenía una relación especial con él. “Hacíamos todo juntos. Se reunía con mi grupo de amigos, lo llevaba a jugar a la pelota, andábamos en bicicleta”, recordó.
“Más que como a un hermano, lo quería como si fuera mi hijo”, afirmó.
Su papá, Luis, en tanto, expresó: “Acompañé a muchos amigos que tuvieron pérdidas… hoy me tocó vivirlo a mí. Algunas veces me manifesté pidiendo que se esclarezcan ciertas cosas, ahora debo marchar por mi hijo”.
“Hasta que esta persona (Sergio Matías Vázquez) no pague, esto no se puede sobrellevar…”, aseveró Luis.
“Por más que tenga una condena, a mi hijo no me lo va a devolver, pero debe cumplirla”, destacó, a lo que sumó que el conductor que terminó con la vida de su hijo no intentó comunicarse con la familia, ni siquiera para expresar sus condolencias.
“Lo que más duele es que lo abandonó como a un perro, y mi hijo no era un animal, sino un humano… Pero lo dejó tirado ahí, y se fue a dormir a su casa tranquilamente”, manifestó.
La marcha partió de Onelli y Brown, y se dirigió, a paso lento, hasta el Centro Cívico, donde, al arribar, Luis aclaró: “No quiero llamar a la violencia, lo único que deseo es justicia por mi hijo, para que él pueda descansar, y nosotros, como familia, sigamos adelante”.
“Les agradezco a todos por haberme acompañado…”, expresó, con la voz quebrada, y se perdió entre la gente, que se acercaba para brindarle palabras de fuerza, así como también manifestarle recuerdos que tenían a Lucas como protagonista: “Era la luz del barrio”, le dijo una señora.
A un costado, estaba Santiago, el hermano más chico de Lucas. En sus manos, había una biblia.
La imagen de las personas esparcidas por el Cívico, y el niño en silencio, sosteniendo el texto religioso mientras miraba el cielo, hacía pensar en una plegaria popular… un rezo solicitando que Lucas pueda descansar en paz.
Christian Masello/ Fotos: Facundo Pardo- Fabio Hernández