2021-03-17

CARTA ABIERTA

“La verdad es un bien precioso que un sector de la sociedad no quiere oír”

Así lo afirmó el periodista Claudio Andrade, quien escribió sobre los recientes escraches que recibió en las redes sociales. En una carta abierta, hizo un repaso de su intervención durante las coberturas de los casos Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. "No importa cuántas veces "mates" al mensajero, la información será siempre la misma", aseguró.

La carta completa

La semana pasada una docente de Esquel publicó una fotografía mía donde le advierte a sus amigos que no olviden mi rostro. En el texto que acompaña mi imagen, indica que soy el peor y "más sádico" de todos los periodistas del país.

Lo posteó a propósito de las sospechas que existen sobre la participación de agrupaciones mapuches radicalizadas en los 7 focos de incendio que azotaron a la Comarca Andina días atrás. Sospechas que no provienen de una investigación mía sino de datos del senador Alberto Weretilneck y de vecinos de la zona de Las Golondrinas.

Esta persona me acusa de haber impulsado una campaña contra los mapuches a propósito de mis artículos sobre la toma de Mascardi, en Bariloche, donde falleció Rafael Nahuel, el 25 de noviembre de 2017, durante un enfrentamiento entre los ocupantes y agentes de Prefectura Naval Argentina.

Otros de sus amigos recuerdan en los comentarios mis artículos sobre el caso Maldonado, hecho en el que supuestamente "operé" para ocultar "la verdad". Fue la cobertura sobre la desaparición y muerte accidental de Santiago Maldonado el 1 de agosto de 2017 en Cushamen, Chubut, por el que obtuve el Premio Fopea al Periodismo en Profundidad que otorgó un jurado compuesto por una periodista nacional y dos extranjeros.

Desde el 2017 mi rostro aparece habitualmente en las redes sociales acompañado de insultos y amenazas. Según pude confirmar, los autores de estas publicaciones son docentes, funcionarios políticos y militantes varios de izquierda y kirchneristas. Aunque también recibí amenazas de ataques por parte de militantes de la RAM, periodistas y hasta de investigadores estatales. El espectro es variado y, a veces, extraño.

"Ex amigos" le han mandado mensajes a mis hijos asegurándoles que "mentí". "Tu papá mintió mucho", les indican. Otros han ido más lejos y se lo han planteado a mi ex pareja en su cara. Como si eso sirviera de algo.

En Wikipedia y medios militantes Maldonado es todavía mencionado como una víctima de la represión que fue detenido y asesinado. Del caso Nahuel, según estas mismas fuentes, se asegura que el joven no tenía evidencia de pólvora en sus manos y que falleció huyendo.

Todo esto aunque un fallo del juez federal Gustavo Lleral ratificó en 2018 que Maldonado murió ahogado, en soledad y sin intervención de la Gendarmería Nacional. Mientras que dos estudios científicos distintos confirmaron la presencia de partículas de pólvora en las manos de Nahuel; y un testigo mapuche, que estaba en Mascardi aquel día, declaró ante la Justicia que los militantes iban armados. Hace apenas tres días el vecino de Villa Mascardi, Diego Frutos, fue amedrentado desde el predio ocupado con el disparo poderoso que semejaba al de un fusil de alto calibre.

La verdad es un bien precioso que un sector de la sociedad no quiere oir. Los escraches y ataques públicos constituyen una forma contemporánea de matar al mensajero.

Me han gritado "periodista decí la verdad" en la calle. También han colgado carteles donde se me ubica al lado de figuras nazis como José Mengele. Y las acciones de este nivel de violencia bajan en número, pero se mantienen vigentes. Se renuevan.

El punto es que no importa cuantas veces "mates" al mensajero, la información será siempre la misma. Si otro periodista la conoce o la recibe, la contará más o menos igual.

Los datos ciertos son justamente eso y no pueden terminar invalidados por el fanatismo o la militancia obtusa.

Una vez que la realidad ha sido transmitida de manera fidedigna, ya no hay vuelta atrás.

Los datos son los datos, incluso si el periodista ya no está con nosotros.

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