LA PANDEMIA AUMENTÓ UNA VIEJA PROBLEMÁTICA
Proponen crear centro especializado en salud mental
La problemática de los pacientes de salud mental en Bariloche es algo de lo que pocas veces se habla.
En realidad, la cuestión atañe a toda la Argentina, aunque en algunas provincias el tema ha sido encaminado a través de algunos centros específicos.
No es el caso de las principales ciudades de Río Negro -entre ellas, Bariloche-, donde se aprecia un vacío de respuestas ante la cuestión.
La Ley de Salud Mental (N° 26.657) fue promulgada en 2010, y reglamentada en 2013.
Es una norma que tiende a la desmanicomialización, es decir a terminar con esos viejos edificios de antaño que hacían recordar películas de terror, donde los internados se iban consumiendo hasta ya no ser.
En ese sentido, el médico psiquiatra Juan Carlos De Virgiliis dice que la normativa “fue eficaz, ya que esas instituciones de depósito desaparecieron”. Pero, al menos en Bariloche, no surgieron alternativas.
A eso apunta De Virgiliis, quien, con su equipo de trabajo -al que luego, por una cuestión de poder abarcar a todos los afectados, debería sumarse más personal especializado-, sueña con crear una institución que cubra ese vacío, sin llegar, obviamente, a los claustros de otros tiempos, sino a una entidad acorde a las necesidades del presente. Para eso indica que requiere de un apoyo estatal inicial, o bien el respaldo de alguna ONG.
La idea sería, tras ese respaldo del comienzo, lograr un instituto autosustentable, en el que algunos de los pacientes (los de más bajos recursos económicos) no tuvieran que abonar para ser atendidos.
Pero, como ya se ha dicho, la salud mental es algo sobre lo que no se conoce mucho si no se está inmerso, de alguna u otra manera, en el tema, por lo que De Virgiliis hace un repaso para adentrarnos en la problemática: “La población de pacientes no es homogénea”, asevera, para luego referirse a una primera categoría, conformada por “los ambulatorios, que viven con sus familias y, normalmente, están bien. Puede ser, por ejemplo, el caso de un trastorno bipolar”.
“Con ellos suele pasar que, de vez en cuando, se les ocurre dejar de tomar los medicamentos, entran en una crisis aguda y terminan con ideas paranoicas, en ocasiones peleando con los familiares, teniendo que recibir medicaciones forzadas”, expone.
“Esos pacientes quedan al cuidado, durante un tiempo, de las familias, hasta que se estabilizan”, continúa.
“El resultado es que, si las familias tienen que trabajar, no pueden hacerlo. Además, después de cuidar dos o tres días a una persona que no duerme, está a los gritos y tirando cosas, la gente a cargo termina agotada”, considera.
Y explica que eso sucede porque, en la actualidad, en Bariloche “no existe el recurso de una internación aguda, donde se pueda tratar a la persona durante una o dos semanas, administrarle la medicación necesaria, y después regresarla a su casa”. Otro tipo de pacientes es el conformado por los crónicos, justamente aquellos que estaban en los antiguos manicomios.
“Se encontraban ahí porque no podían vivir en forma independiente, y, en segundo lugar, porque no tenían dónde estar”, asevera el médico.
“Se veía a muchas personas metidas en especies de jaulas, semidesnudas y pidiendo cigarrillos, lo cual obviamente no era una situación digna”, sostiene, para luego calificar aquellos sitios como “depósitos”. Es ahí donde la desmanicomialización es correcta, porque ese tipo de instituciones desaparecieron.
“El problema es que esas personas con enfermedades crónicas, que no pueden funcionar independientemente, muchas veces no tienen familia, y, así, esa gente, a la que se pretendía proteger en su dignidad, termina en la calle, en la cárcel, sin un hogar y tomando alcohol”, resalta. “Dejarlas abandonadas es una negligencia por parte del Estado y la sociedad”, asevera.
El psiquiatra refiere que otro grupo con problemáticas mentales (que califica, en este momento, como “una inmensa mayoría”) es el conformado por los que padecen algún tipo de adicción. “Muchos de estos pacientes tampoco tienen los recursos necesarios para buscar tratamiento”, reflexiona.
Aclara que “las adicciones están dentro de las patologías psiquiátricas. Una persona, por el hecho de tener una condición adictiva, se considera paciente psiquiátrico o psicológico”.
“Por otra parte, existen pacientes con patología dual: además del problema adictivo poseen, por ejemplo, un trastorno bipolar”, añade.
Destaca que hay sitios que tratan de colaborar, por ejemplo las organizaciones que surgen desde las iglesias, y cita el hogar Emaús, el que indica que “al menos brinda un lugar donde dormir, y también algo para comer, pero, en realidad, las personas que están ahí, no reciben tratamiento”.
“La ley de desmanicomialización está mal entendida por la mayoría de las personas, porque se supone que prohíbe la creación de estos establecimientos en forma privada o estatal, pero en realidad lo que se prohíbe es la existencia de instituciones que no reúnan las condiciones, pero, en tanto y en cuanto, ellas se cumplan, es posible tenerlas”, afirma.
“No serían manicomios, donde la gente era encerrada durante años sin hacer nada, sino hospitales de día, lugares de tratamiento agudo, sitios para aquellos con consumo problemático de sustancias… Se trataría de sitios mucho mejores que las cárceles, donde no se provee ningún tipo de tratamiento… Porque, al estar sueltos en la calle, hay pacientes que cometen delitos, como el violador de perros”, menciona, a manera de ejemplo.
“Otras veces van a un hospital público durante unos días, y después están de vuelta en la calle”, agrega.
En este punto, De Virgiliis abre un paréntesis: “Tenemos un sistema de salud que dicen que fue colapsado por el virus, pero, en realidad, si se mira la historia de Argentina, esto viene de mucho antes… yo terminé la carrera de medicina en 1982. En aquel momento, como practicante, fui a un hospital, y había que pedirles a los pacientes que llevaran gasa por si hacía falta…”.
“No se ha colapsado por una pandemia, sino que lo está desde hace mucho tiempo, porque básicamente no hay recursos para los hospitales públicos. No veo que la educación ni la salud hayan estado realísticamente en la agenda de ningún gobierno”, reflexiona.
Llevando el tema a lo que sucede en la ciudad, expone: “Los profesionales a cargo, psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales, y el Hospital Zonal Ramón Carrillo en general, hacen lo mejor que pueden con los recursos que les dan, pero eso recursos son totalmente insuficientes”.
“Pacientes psiquiátricos están internados en una sala general, al lado de personas con condiciones médicas, y no deberían estar mezclados, porque se escapan, están expuestos a enfermedades…. No digo que deben estar segregados, pero no se los puede poner en una sala de medicina general”, juzga.
Además, a toda la problemática desplegada, se añade que la pandemia, sobre todo en un primer momento, de cuarentena estricta, no hizo más que empeorar la situación de muchos pacientes y visibilizar nuevos afectados.
“Es absolutamente cierto que aumentó la depresión, y también la angustia, que deriva en ataques de pánico”, dice el psiquiatra. “Y se vio mucho en dos ambientes específicos: el de la educación y el de la salud”, especificó.
“Varios de los pacientes que atendí en el último tiempo han sido maestras y personal de salud, todos afectados indirectamente por la pandemia, con patologías precipitadas a partir de ella”, informa.
El profesional cuenta que, en cuarentena, también se notó un aumento de conductas adictivas a las redes sociales, a la pornografía virtual, al uso del celular…
Y si lo repasado fuera insuficiente, todavía persiste cierta estigmatización -aunque la califica menor que respecto a años atrás- de la problemática, a veces, por parte de los allegados al paciente, o incluso se suele observar en el propio afectado, que cuando concurre a una consulta suelta: “Yo no quería venir porque los que van a los psiquiatras son los que están realmente locos”.
Ante un pantallazo del panorama de salud mental en Bariloche, surge que el tema conlleva gran importancia y requiere una pronta atención.
“Anticipábamos que, en algún momento, la Escuela de Hotelería (sitio al que se trasladó a los pacientes de salud mental) iba a reabrir y esa gente, de nuevo, quedaría en el limbo”, expresa De Virgiliis.
“Por eso estamos tratando de establecer un sistema donde haya un espacio que podría ser autosustentable”, detalla.
“Al principio requeriría un apoyo de salud pública, o de alguna ONG, para poder pagar salarios, expensas, servicios… Pero, una vez generado el espacio, hay algunos mecanismos que tal vez facilitaría suficientes recursos para hacernos cargo en parte de esa población”, declara, aunque todavía no quiere brindar demasiados detalles.
“Hace unos meses, estuvimos en contacto con algunas personas del gobierno provincial, y también del municipio, para ver si era factible encontrar un edificio donde se pudiera hacer este trabajo. Demostraron un interés verbal, pero no hubo un seguimiento del tema”, confía el profesional.
Así, adelanta que, de propiciarse un lugar de las características que relata (donde algunos abonarían honorarios, pero también una gran parte, conformada por los pacientes de menos recursos, contaría con asistencia gratuita), se podría utilizar además para “el desarrollo de residencias en psiquiatría y adiccionología, para crear personal capacitado”.
“Sería, entonces, una manera de formar gente para el tratamiento del grave problema de consumo de sustancias que tenemos en la actualidad”, concluye.
Christian Masello/ Foto: Facundo Pardo