2021-03-13

HACE POCO MURIÓ SU PAREJA, AHORA PERDIÓ LA CASA

“Miraba para atrás y observaba cómo todo se consumía”

Ayelén Camarda, de la zona oeste de Buenos Aires, llegó a la Comarca Andina en 2014, junto a su pareja, oriunda de La Plata, y la hija de ambos.

En el gimnasio municipal de Lago Puelo -sitio en el que se reciben donaciones, y también donde se refugian aquellos que perdieron todo- se la ve sentada en el piso del rincón más alejado de la puerta de entrada.

Su espalda, apoyada en un bolso. Mira su celular, a ver si hay suerte y el WhatsApp funciona. Aquí hay algo de conexión. En la mayor parte de la Comarca, todo lo que tiene que ver con comunicaciones resulta complicado.

Ayelén, con la voz quebrada, cuenta que su vivienda se encontraba en El Pinar: “Un barrio popular, ubicado en el límite de Lago Puelo con El Hoyo”, señala.

“Justamente, lo llaman El Pinar porque estaba repleto de pinos… así que ardió en un segundo”, comenta, para luego apuntar: “No hubo tiempo de nada…”.

“Había focos por todos lados… Es muy raro que eso fuera por el viento; parecía haberse prendido a propósito”, considera.

“Apenas pudimos preparar una mochila con una muda de ropa, agarrar el cargador del celular, documentos, y guardar unos papeles importantes”, indica.

Cuando se le consulta si el uso del plural abarca a su hija, su pareja y ella, la mirada se le nubla…  Cuenta que el hombre falleció hace un mes y medio.

La intención no es empeorar lo abrumada que ya se la ve, así que para qué profundizar… no es el momento. Volvemos al incendio, que, claro, tampoco es el mejor tema sobre el que hablar, pero las llamas son las que delinean la actualidad de la zona.

“Por suerte, no nos paralizamos”, sostiene, acerca del modo de actuar que tuvieron su hija y ella. “Aunque veíamos que estaba todo rojo por el fuego, pudimos hacer las cosas rápido y salir”, afirma.

“Incluso la nena (de doce años) pudo salvar a los animales”, expresa, en referencia a un perro y un par de gatos que deambulan por el gimnasio municipal.

“El fuego calcinó mi casa y las de mis vecinos… también el barrio de enfrente”, relata. Y aclara: “No llegué a ver cómo ardía mi hogar, porque subí rápido al auto de unos vecinos… Cuando iba en el coche, miraba para atrás y observaba cómo todo se consumía”.

“Pasamos la noche en Epuyén. Éramos seis personas. Nos quedamos en la casa de una amiga de una amiga”, manifiesta, y vale aclarar que eso es algo que se dio mucho en la Comarca: personas que recibían a compañeros de conocidos; y también gente que abría sus puertas a combatientes del fuego, y a los perodistas -a quienes enviaban amistades en común-, para que utilizaran el baño, o bien, en El Bolsón, donde había energía eléctrica, para cargar los celulares y, si la señal era buena, utilizar internet.

Al día siguiente, Ayelén regresó al lugar del que se había visto obligada a partir: “Pude ver el sitio donde antes estaba la casa… Es todo cenizas. Quedaron fierros doblados, de heladeras y lavarropas… No se puede recuperar nada”, sentencia. Y, con voz cansina, suelta: “Espero que se encuentre a los responsables de esto, porque seguro que fue intencional”.

Christian Masello/ Fotos: Matías Garay

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