LO HABÍAN DECLARADO CULPABLE EN NOVIEMBRE
Impusieron doce años de prisión a un abuelo abusador
Los jueces Gregor Joos, Héctor Leguizamón Pondal y Marcelo Alvarez Melinger lo habían declarado culpable en noviembre del año pasado y luego de la instancia de cesura, le impusieron una condena de doce años de prisión. Fue hallado culpable por varios hechos de abuso sexual, cometidos contra su pequeña nieta, que por entonces tenía nueve años de edad.
La identidad del condenado no puede revelarse porque ello ayudaría a revelar la identidad de la víctima (con la que tiene un parentesco directo), sobre la que rige una doble protección legal por la entidad de los delitos investigados y por su condición de menor de edad.
El sujeto, nacido en Bariloche hace 68 años, fue enjuiciado en noviembre del año pasado y acusado por el fiscal Martín Govetto por varios hechos de abusos sexuales perpetrados entre enero y mayo del año 2019.
En la acusación lograron fijarse al menos siete episodios en los que la niña resultó violentada por parte de su abuelo.
De acuerdo a la descripción realizada por la fiscalía y que la sentencia pudo confirmar, el sujeto aprovechaba las ocasiones en las que quedaba solo con la pequeña para someterla a manoseos, besos e inclusive practicarle sexo oral, al tiempo que la obligaba a tocar sus genitales.
Mientras los hechos ocurrían, perversamente el acusado le manifestaba a la niña que esas "cosas eran las que hacían los abuelos con sus nietas para que aprendan, que también se lo hacía a sus otras nietas; que no debía contárselo a sus padres porque ellos ya sabían porque él les había contado y que era un juego".
Los hechos descriptos fueron encuadrados en las figuras de promoción a la corrupción de menores agravada por la ascendencia y por haber sido cometido contra una menor de 13 años, abuso sexual simple agravado por la ascendencia -cinco hechos- y gravemente ultrajante agravado por la ascendencia -dos hechos-.
Al término del juicio, la fiscalía había pedido la declaración de responsabilidad mientras que defensa reclamó la absolución por el beneficio de la duda. Más adelante, tras el juicio de cesura, la fiscalía reclamó una pena de dieciséis años de cárcel, mientras la defensa bregó por el mínimo legal.
De acuerdo a las constancias del expediente que los jueces destacaron en la sentencia, el testimonio de la víctima resultaba creíble y los profesionales que la asistieron detectaron en ella indicadores de la situación que padeció: angustia, pesadillas, problemas de sobrepeso, falta de atención, negación a la asistencia al colegio, aislamiento, peleas con la madre e inclusive ideaciones suicidas, todo lo que definieron como pedidos permanentes de ayuda, como consecuencia de un estrés postraumático.
Los jueces remarcaron que del relato de la niña surgía que "se trata de algo que ha vivenciado" y remarcaron que los relatos fueron repetidos "frente a cada interlocutor que ha tenido. Las médicas en el hospital, el psicólogo tratante, la perito psicóloga; así como en la cámara gesell", por lo que concluyeron que "el relato de la niña es coherente desde el punto de vista interno, apreciando que su relato es lógico. Se observan las circunstancias de tiempo, modo y lugar. Aporta vivencias propias de quien ha vivido las mismas".
Los magistrados evaluaron: "Con relación a los hechos se puede observar, no solo por la cantidad, sino por su gradualidad la 'preparación' de los mismos, así como la progresión de los mismos para tratar de lograr que los mismos no se conocieran. Los comentarios relacionados a que estas cosas se las hacen sus abuelos a las nietas para que aprendan, el engaño referido a que sus padres ya conocían que esto él lo hacía; pero que no hacía falta que ella se los contase a ellos; precisamente por que ya lo sabían; que se trataba de un juego. Ese obrar previo, pretende alterar el sentido y la dirección normal de la sexualidad, en una niña de 9 años; que precisamente por su edad no puede consentir de modo alguno".
Más adelante sentenciaron: "No se observa por otra parte; siquiera motivo alguno que justificara una falsa acusación. La niña dijo que lo quería mucho a su abuelo; pero que después de esto no lo quería más. Que para ella no existe", al tiempo que descartaron "la existencia de un complot urdido por la niña o por la familia".
Al momento de considerar los elementos para ponderar la pena a imponer, los jueces consideraron justa la pena de doce años de prisión.