2021-03-09

ENTREVISTA EXCLUSIVA A HORACIO PIETRAGALLA

Un diálogo a fondo con el secretario de Derechos Humanos de la Nación

En un diálogo extenso, el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla Corti, habló de la situación en Villa Mascardi, la posibilidad de articular una nueva mesa de diálogo tendiente a solucionar el conflicto en aquel lugar, la intervención del organismo como querellante en la causa de Rafael Nahuel, e incluso de sus orígenes como hijo de militantes montoneros (su padre fue asesinado por la Triple A, en 1975; su madre fue ejecutada en la última dictadura militar, en agosto de 1976, durante un allanamiento ilegal, en el que el actual titular de la Secretaría fue sustraído: en 2003, Horacio Pietragalla se convirtió en el nieto recuperado número setenta y cinco).  

 

–¿En qué piensa cuando se nombra a Villa Mascardi?

–Lo primero que me viene a la cabeza es el dolor que me causó la muerte de Rafael Nahuel. Y también el haber acompañado a la comunidad (Lafken Winkul Mapu). Porque a los pocos días yo estuve ahí, y hablé con ellos. Fue un dolor muy grande. Aparte, estábamos enterrando a Santiago Maldonado y, en el velatorio, nos enteramos que había pasado eso en Villa Mascardi.

–A los pocos días del fallecimiento de Rafael Nahuel, entonces, usted estuvo en Bariloche…

–Sí. Era diputado nacional, formaba parte de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, y me sumé a la mesa de negociación que organizó el Obispado de Bariloche.

–¿Qué le transmitieron, en aquel momento, los integrantes de Lafken Winkul Mapu?

–Fui hasta el lugar, me reuní con ellos, y me contaron cómo había sido la situación. Aunque los medios de comunicación estaban instalando que tenían armas de fuego, dijeron que no, que solo poseían gomeras… Explicaron lo que estaban haciendo cuando Rafa recibió el disparo, y que, como los prefectos lo habían dejado abandonado, lo bajaron hasta el camino.

–¿Dijeron que los prefectos lo dejaron tirado después de dispararle, y por eso ellos lo bajaron a la ruta?

–Sí. Un prefecto le disparó por la espalda, cuando estaban sentados en ronda. Ellos no los habían visto; las fuerzas tenían armas de largo alcance. La bala entró a la altura de la ingle, y sabemos cómo siguió todo… Sus compañeros lo bajaron a la ruta.

–¿Contaron que, cuando Rafael Nahuel recibió el disparo, se encontraban en el piso, sentados en círculo?

–Recuerdo que dijeron algo así como que era muy temprano, y estaban calentando agua. Rafael se encontraba en cuclillas, por eso recibió el disparo en la zona de la ingle, por la espalda.

–Más allá de haberse incorporado como querellante en la causa por la muerte de Rafael Nahuel, la Secretaría de Derechos Humanos se ofreció a colaborar en el caso del asentamiento mapuche en Villa Mascardi. Si desde la Justicia se aceptara su intervención, ¿cómo actuaría el organismo?

–En realidad, lo que hacemos es coherente con el fallo (de diciembre de 2020), donde la Justicia pidió que se agotaran las instancias de negociación, y que se conformara la posibilidad de un diálogo interpoderes, que creo que es lo que hay que impulsar. Ya tuvimos una mala experiencia con lo que fue, en su momento, el intento de desalojo… La Secretaría de Derechos Humanos hoy responde en nombre del Poder Ejecutivo pidiendo una mesa de negociación a la Justicia, para abrir un diálogo con la comunidad mapuche, y no correr el riesgo de que pueda pasar algo grave en un nuevo intento de desalojo. El Estado argentino, con esto, quiere mostrar otro posicionamiento, y ojo, que no hablo de la convalidación de tomas de tierras, sino que me refiero a lo que hace a la violencia y lo que significa impulsar un desalojo de estas características. Sabemos que en el gobierno de Mauricio Macri se actuó de determinada manera, y en la Patagonia tenemos la pérdida de dos personas: una, solidaria con las comunidades, como lo fue Santiago Maldonado, quien, por culpa de una represión ilegal, perdió la vida, y, durante muchos meses, fue algo que denunciamos como desaparición forzada, porque era lo que se presumía… pero, al principio, la justicia no investigó de esa manera, y por eso los errores que hubo en esa causa; después, mientras velábamos a Santiago, llegó el asesinato de Rafael Nahuel. Lo que queremos demostrar, primero con el pedido de ser querellantes en la causa de Rafael, y ahora con el deseo de armar una mesa de diálogo para que haya una pacificación de la zona, tiene que ver con una posición del Estado argentino, del Poder Ejecutivo nacional, distinta a la del gobierno de Cambiemos. Tenemos una mirada completamente contraria a la de ellos.

–Usted acaba de aclarar que no se trata de convalidar una toma de tierras. En ese sentido, sabe que, entre los vecinos, hay mucho malestar por la situación que se vive, ¿verdad?

–Sí, sabemos que hay conflictos… y por eso se tiene que armar una mesa de diálogo. El gran problema que tenemos es que esto se parió con una situación de violencia, y con un muerto… El Estado nunca puede responder de esa manera. Desde ese primer momento, el gobierno de Macri y la política de Patricia Bullrich en Seguridad lo único que llevaron adelante fue la estigmatización y persecución de los pueblos originarios. El Estado tiene que agotar todas las instancias en una negociación. Hay posiciones coherentes y ciertas, tanto de los vecinos que viven cerca de esa comunidad, como también de la comunidad misma.

–¿Se puede hablar de diálogo cuando la inspección ocular que se realizó en diciembre culminó con piedrazos de un lado y balazos de goma del otro? Además, el año pasado, en general, se vivieron momentos tensos. Incluso, la gobernadora, en un corte vehicular que hacía la gente que tomó los terrenos, fue increpada…

–Creemos que podemos llegar a una instancia de negociación y diálogo, por eso estamos pidiendo esto; si no fuera así, no lo solicitaríamos. Entendemos que se puede dar la posibilidad de una conversación y una salida pacífica al conflicto. A eso apostamos. Pensamos que contamos con la capacidad para intentar llevar adelante, en última instancia, ese diálogo. Queremos marcar que no tenemos nada que ver con el gobierno de Cambiemos; nosotros no poseemos su mirada tendiente a estigmatizar a los pueblos originarios, al contrario, existen deudas con ellos que deben contemplarse: hay que observar y comprender su cosmovisión. Para nosotros, la única manera de llegar a buen puerto en este conflicto es una mesa de negociación, con distintos actores que tengan ganas de poder dialogar y abrirse, y no que esto sea cosa de acciones políticas de opositores regionales, que trabajan para desgastar. Por eso hay que separar la paja del trigo. Tenemos la capacidad de dialogar, que es la voluntad del Estado argentino, desde el Poder Ejecutivo nacional, y queremos marcar la gran diferencia que existe con lo que fue el gobierno de Macri. Obviamente, si se acepta nuestra propuesta, que la negociación salga bien o mal dependerá también de cómo se lleve adelante esa mesa, pero el tema es agotar todas las instancias, y la Secretaría de Derechos Humanos puede hacer un buen aporte.

–En realidad, en su momento ya se hizo una mesa de diálogo, encabezada por el Ministerio de Seguridad, y luego se agregó la presencia de la ministra de Justicia, Marcela Losardo. ¿Qué aportaría la Secretaría de Derechos Humanos? ¿Qué variaría?

–Hubo instancias anteriores, donde estuvo el Ministerio de Justicia, y la ministra de Seguridad, con quien estoy en contacto permanente acerca de este tema y, obviamente, se encuentra de acuerdo con esta posición. Estamos hablando del Poder Ejecutivo. La Secretaría es orgánica a las decisiones del gobierno nacional, y trabajamos interministerialmente esta problemática. Yo tuve un emprendimiento privado en Bariloche, viví dos años allá. No desconozco su realidad, las desigualdades sociales que existen, y también la doble vara que hay con los territorios: cómo se mira a una comunidad –no me refiero puntualmente a esta– que puede estar viviendo, por ejemplo, en un cerro, y cómo se trata a emprendimientos privados que privatizan parte de las montañas de la ciudad y nadie pregunta por qué no se puede acceder a ese lugar… Es un conflicto complejo. Hay que tratar de poner paños fríos y, si la Justicia acepta llevar adelante esta nueva negociación, barajar ideas con mucha amplitud; esto no se puede mirar solo de una manera. Por eso digo que hay que escuchar a los vecinos, que tienen razón en su reclamo, porque repudiamos la violencia, pero el Estado no desea responder, precisamente, con violencia. Queremos diálogo, un espacio en el que estén los sectores locales, la Iglesia, el Poder Judicial, las distintas comunidades, los pobladores… En el marco de un año electoral, pretender sacar partida de esto es lo peor que puede pasar.

–¿Cuándo vivió en Bariloche?

–En 2005 y 2006. Apenas recuperé mi identidad, fui para allá. Pero iba y venía, porque estaba relacionado con las Abuelas de Plaza de Mayo.

–Dijo que llevaba adelante un emprendimiento comercial…

–Administraba un hostel que quedaba atrás del Club Andino, en Neumeyer, donde ahora hay una cervecería. Se llamaba Cóndor Andino. Conozco la idiosincrasia de Bariloche. Mantengo muchos amigos allá… Estamos trabajando fuertemente con ciertos conflictos que surgen a lo largo y ancho del país, y sabemos que los que hay en la cordillera, con las comunidades, tienen una particularidad puntual… Comprendemos que no va a ser fácil la mesa de negociación, pero también es cierto que veníamos de cuatro años donde no había ninguna posibilidad de diálogo, y existían estigmatizaciones, incluso hasta generar en la sociedad fantasías como que había corporaciones internacionales atrás de las comunidades mapuches… Todos escuchamos las barbaridades que se dijeron, y sabemos que es mentira, porque no hubo ninguna prueba. Entonces, se debe tratar el tema como lo que es: un conflicto en el que hay tierras nacionales, vecinos involucrados, y una comunidad que reclama un derecho… Quien tiene la potestad y la posibilidad de llevar adelante un desalojo o una mesa de diálogo es la Justicia.

–Hace un momento citó la recuperación de su identidad. Falta poco para que se cumplan cuarenta y cinco años del golpe de Estado que instauró en el poder a la última dictadura militar. Cuando llegan fechas así, ¿qué siente?

–Más allá de la historia personal de cada uno, y de los dolores individuales, por las pérdidas de familiares y seres queridos, los que militamos sabemos que no es una fecha más. Comprendemos que, a partir de ese momento nefasto, la historia argentina cambió para mal de una manera radical, con una persecución feroz a dirigentes y militantes políticos y gremiales, a representantes de la cultura y periodistas… Eso dejó un vacío en la posibilidad de construir una patria con personas que tenían un interés… Se sintió la ausencia de esa militancia que traccionaba para un país totalmente distinto al que implementó el modelo económico que llevó adelante la dictadura… Ahí empezaron las crisis fuertes, y el hundimiento de una dignidad. Tuvimos un retroceso muy grande como Estado argentino. La dictadura fue financiada para instalar un modelo económico que sabemos que dejó a muchas argentinas y muchos argentinos afuera del sistema. A partir de ahí se emplazó un modelo liberal, y luego neoliberal, y hasta hoy pagamos las consecuencias.

–Antes de recuperar su identidad, ¿había tenido algún tipo de militancia?

–Partidaria, no. Sí era una persona que tenía mucho conocimiento de lo que pasaba en lo político, y sobre la historia argentina y latinoamericana, pero no era un militante. Trabajaba, jugaba al básquet, estudiaba…

–¿Por qué empezó a dudar acerca de su identidad?

–Primero, porque tenía un padrino que era teniente coronel. Crecí en una familia con vínculos con militares. La persona que me crió trabajaba para uno… Fui a una escuela pública, y siempre supe lo que había sucedido en la dictadura. La película “La noche de los lápices” la vi en el colegio, al igual que “La historia oficial”, que justamente contaba el tema del robo de bebés. Y al estar cerca de un militar, y tener tantas diferencias físicas con los supuestos familiares, hizo que, en la adolescencia, comenzara a fantasear acerca de si yo podía ser uno de esos chicos que buscaban las Abuelas de Plaza de Mayo.

–Tras recuperar su identidad, identificaron los restos de sus padres, ¿verdad?

–Después de 2001, con la crisis que nos sacudió a todos, tenía ganas de irme a vivir con quien era mi novia a Brasil. Dudaba sobre mi identidad, y no sabía si partir con eso encima o acudir a las Abuelas, para averiguar. Decidí lo último. Eso fue en 2002, y a principios de 2003 me dieron el resultado genético y comprobé que soy hijo de Liliana Corti y “Chacho” Pietragalla. A los tres meses aparecieron los restos de mi padre, en las fosas de San Vicente, Córdoba. Así que, gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense, pude recuperar los restos de mi papá, y, al año siguiente, los de mi mamá.

–¿Cómo fue todo aquello?

–Fuertísimo. Tuve que hacer el duelo de mucha gente junta. Primero, enterarme de que mis padres estaban desaparecidos. Pero, también, la posibilidad que me arrancaron de conocer a mis abuelos y un tío… Por suerte estuve cerca de las Abuelas, que tienen gran experiencia en trascender al dolor, y poder transformar eso en algo. Nos enseñaron a no odiar, a construir, trabajar, organizarse… Creo que tuve una de las escuelas más lindas con la que puede contar un ser humano: nuestras queridas “viejas”. A cuarenta y cinco años del golpe, hay que homenajear su resistencia, porque nuestra democracia es lo que es también gracias a la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

–Había dicho que, en su momento, había venido a Bariloche tras recuperar su identidad, ¿ese hecho tuvo algo que ver en la decisión?

–Fui porque aposté a un amor, y, a pesar de que eso duró poco, me quedé a vivir dos años por el emprendimiento comercial que había iniciado.

–Luego de haber descubierto quién era, ¿siguió viendo a la familia con la que creció?

–Un año, luego me comencé a distanciar. Con mi hermana de crianza sí estaba en contacto, pero lamentablemente falleció por una enfermedad…

–¿Las personas que creía que eran sus padres siguen vivas?

–Sí, siguen vivas… Nosotros les decimos apropiadores, porque hubo acciones ilegales, no existió ningún papel… Se trató de un robo de bebés.

–Pero nunca más habló con ellos…

–No. En el barrio tengo un espacio de militancia, por lo que iba mucho. Ahora hay otros compañeros, y yo ya no estoy yendo… Antes me los cruzaba, sin ningún problema… Tampoco es que tenga odio hacia ellos, pero uno elige estar bien. 

Christian Masello

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