LA HISTORIA DE LA FAMILIA DE LA AHIJADA DEL PRESIDENTE
¡Nena!, dijo la partera… ¡¡¡Siete veces!!!
“¡Siete mujeres!”, exclamó el presidente, al terminar de conversar con personal militar, en la sede del INVAP, apenas minutos después de arribar al lugar. Los destinatarios de la expresión de Alberto Fernández -María Clara Soraiz y Leonardo Arévalos- lo aguardaban con ansia.
En sus brazos, estaba Mercedes Lucía, quien propició, con su llegada al mundo, la expresión enfática del primer mandatario. Séptima hija mujer; ahijada del presidente.
La tradición de que el jefe de Estado apadrine al hijo número siete del mismo sexo viene de vieja data, aunque ha tenido algunas modificaciones a través del tiempo.
En la Rusia zarista de Catalina La Grande (siglo XVIII) se otorgaba el padrinazgo imperial como una forma de protección “mágica”, para que el descendiente en cuestión no cayera en la maldición de ser lobizón o bruja.
Cuentan que en la Argentina, en 1907, le llegó al presidente José Figueroa Alcorta una carta de la pareja conformada por los alemanes Apolonia Holmann y Enrique Brost, quienes habían vivido muchos años en Rusia y estaban radicados en este país.
En la misiva, solicitaban el resguardo del padrinazgo presidencial para su séptimo hijo varón, con el fin de que la leyenda no se convirtiera en realidad.
Figueroa Alcorta aceptó el pedido. Así, se instauró la costumbre de que el hijo número siete fuera apadrinado por el presidente.
Lo de que fuera varón era un poco por tradición machista, pero también porque había un mito guaraní que hablaba de un séptimo hijo lobizón.
El asunto es que, luego de Figueroa Alcorta, los presidentes argentinos continuaron apadrinando a los séptimos descendientes, aunque, por ley, quedó establecido recién en la década del setenta. Y, claro, ya no sólo para varones. Aunque la condición sigue siendo que la prole sea del mismo sexo.
Así, el viernes 14 de febrero de 2020 nació en Bariloche la séptima hija mujer de María Clara y Leonardo.
María Clara, junto a algunas de sus hijas
La pareja ya tenía a Sofía, Tamara, Milagros, Ana María, Isabella y Paloma (que ahora tienen, en orden de mención, diecinueve, diecisiete, catorce, trece, ocho y cuatro años). “No me gusta mucho que mi mamá suba fotos de las nenas a su facebook”, cuenta María Clara, quien, por tal razón, le había dicho a su madre –que no se encontraba en Bariloche– que, cuando naciera Mercedes, no le iba a mandar imágenes.
Pero, mientras llegaba al mundo, la señora le escribió al diario El Cordillerano, para avisar que estaban dando a luz a una séptima hija mujer en Bariloche.
En el hospital le dijeron a María Clara que afuera esperaba gente del periódico, y que la había mandado la abuela… “Yo no entendía nada”, cuenta ella.
Y la abuela lo logró… “La fotografía salió en todos lados…”, apunta María Clara. Pero la noticia llegó mucho más allá.
Al leer en los medios que había nacido una séptima hija mujer, desde presidencia de la Nación se comunicaron con el hospital, para confirmar el dato.
También, supuestamente, iba a acudir el intendente, Gustavo Gennuso, pero María Clara, que no quería saber nada con la exposición mediática, pidió el alta rápidamente y marchó a su casa, así que no hubo foto con el jefe comunal.
En su hogar, recibió una comunicación desde Padrinazgo Presidencial (existe una oficina dedicada exclusivamente al tema), donde le explicaron los pasos a seguir para que Mercedes fuera formalmente ahijada del presidente.
De esa manera, la beba se transformó en quien inauguró lo de ser ahijada/o durante el mandato de Fernández, aunque luego, tras ver la noticia en los periódicos, una familia que había tenido también a su séptima nena, en San Juan, solicitó el padrinazgo, pero, más allá de que la pequeña sanjuanina nació antes, Mercedes quedó como la primera que contó con la unción presidencial.
Igualmente, la historia de esta familia data de mucho antes del padrinazgo y el encuentro con Alberto en el INVAP.
En 2005, María Clara buscaba un cambio de rumbo vivencial, y se le ocurrió probar suerte en Mendoza, donde residía Leonardo. El flechazo fue inmediato.
Leonardo cuenta que, cuando la conoció, se dijo: “Con esta mujer, tengo seis hijos…”. “Al final, fueron siete”, bromea. María Clara señala que nunca pensó que iban a ser tantos embarazos… “Pero, con cada nena que nacía, era una satisfacción tan grande que, apenas salía del parto, ya decíamos: ‘¿Buscamos otro?’”.
Hubo mudanzas temporales, de Mendoza a Buenos aires, y a la inversa, hasta que pusieron en permuta una vivienda que tenían en tierra porteña. Un hombre acudió con la oferta de cambiarles aquella propiedad por una casa que poseía en Bariloche.
María Clara no conocía esta localidad, y Leonardo había estado hacía ya bastante tiempo, con sus hermanos. “Como porteña, pensar en Bariloche era imaginar un lugar mágico, un sueño”, reflexiona la mujer.
“Me acuerdo que cuando tenía catorce años, en la revista del diario Clarín, la Viva, vi una foto de un sitio que no conocía, y dije: ‘Quiero vivir en esa ciudad’. Se la mostré a mi mamá, y ella me contestó que era Bariloche”, explica. El asunto es que, cuando vinieron a ver la casa, para decidir si permanecerían en estos pagos, quedaron encantados.
Foto navideña
Y, seis años después, acá están, todavía. Leonardo es alfarero, y realiza, además, tareas de mecánica automotriz. Cuando estuvieron con el presidente, le obsequió un plato parido por sus manos.
Durante la pandemia, cuando no había trabajo, la pasó muy mal, y se apoyó en su mujer, que es psicóloga holística (especialidad que contempla los problemas emocionales como manifestaciones del alma en su intento de evolución).
Ella trabaja con distintas terapias alternativas, y cuenta que ese tipo de temáticas la cautivó desde joven. Así, refiere que, a los diecisiete años, ya estudiaba astrología.
En ese sentido, puntualiza que, de las siete hijas, dos son piscianas, una sagitariana, otra virginiana, dos leoninas y una acuariana (la ahijada del presidente). “Todas tienen una personalidad diferente”, afirma.
Cuenta que las dos mayores nunca se terminaron de acostumbrar a Bariloche, así que rumbearon de nuevo para Buenos Aires, donde viven con los abuelos paternos.
María Clara revela: “A mí siempre me gustaron las nenas, y, si cuando estaba embarazada, me preguntaban qué quería que fuera, decía nena. Pero me daba pena por Leonardo, que es muy hincha de Independiente, y soñaba con el varoncito para gritar los goles… Por eso, cada vez que quedaba embarazada, pensaba: ‘Ojalá que sea nene’, pero, cuando me confirmaban que era una beba, me daba una alegría tremenda”.
“Además, no sé cómo criaría a un varón, estoy acostumbrada a las chicas…”, sonríe.
Salida familiar (casi a pleno)
En cuanto a lo del fanatismo del marido por Independiente, ella señala que es de River, y, aunque a las hijas no les queda otra que, por el papá, decir que son del Rojo, le parece que cierto sentimiento gallina flota en el ambiente.
Tan fanático es Leonardo, que ni siquiera pudo claudicar cuando Alberto Fernández le pidió que hiciera a Mercedes de Argentinos Juniors… Más allá de bromas futboleras, cuando se pone serio, el papá, al referirse a lo complicado que es mantener una familia numerosa, sostiene: “Al tener tantas nenas, hay que estar atento a la supervivencia…”.
Por eso, ahora aprovecha cada posibilidad laboral. Durante el día, arregla autos, y por la noche realiza tareas de alfarería. Duerme sólo lo justo y necesario.
Además, los fines de semana, cuando el tiempo acompaña, suele ir a la zona donde está la gruta de la Virgen de las Nieves, y coloca una mesita donde ofrece sus productos de cerámica.
Las compras de indumentaria para las hijas, revela María Clara, suelen hacerlas por mayor, como forma de conseguir mejores precios: remeras, medias y demás…
Leonardo sostiene: “Al varón supongo que, por ahí, le tirás una pelota y juega; pero las nenas quieren pinturitas, cosas para arreglarse las uñas, determinada ropa…”.
“Uno tiene que trabajar las veinticuatro horas, incluso mientras duerme, para así seguir adelante con la familia”, añade.
En cualquier caso, María Clara advierte que todos los embarazos fueron buscados: “Cuando la última que había nacido crecía un poquito, ya nos imaginábamos cómo podría ser la siguiente”, sonríe. Leonardo reconoce que, ante cada nuevo embarazo, “estaba el deseo del varoncito”.
“Pero hora cerramos la fábrica…”, suelta, para luego aclarar: “En realidad, la cerraron”, porque María Clara tuvo que hacerse una intervención, por una cuestión médica.
El hombre, rendido de amor, suspira: “Yo la veo, rodeada de sus princesas, a la hora de comer, y es maravilloso”.
Aunque no todo se trata de imágenes idílicas, las preocupaciones se multiplican. “En casa se habla de todo”, expone Leonardo, para luego completar: “Ahora conversamos mucho de los femicidios que están sucediendo. Como papá, estoy aterrorizado. No sé a quiénes van a elegir mis hijas: qué personas pueden ser mis siete yernos… También hay que ser equilibrado, no todos los hombres son asesinos ni violadores. Entonces, intentamos que no se fanaticen con esa cuestión”.
Leonardo, más allá de que se pone serio al tratar esas temáticas, vuelve a reír cuando se le consulta si, para el Día de la Mujer, les hará obsequios a todas las “princesas del hogar”. “Por ahora, recibe regalo sólo la madre…”, responde.
María Clara y Leonardo revelan que hace mucho que tienen ganas de contraer matrimonio (nunca formalizaron), pero, por uno u otro tema, el asunto se fue demorando.
El año pasado, cuando la cuestión parecía firme, llegó la pandemia… Así que, por ahora, el sueño de María Clara, de casarse por iglesia, deberá esperar.
Lo mismo lo referido al bautismo de Mercedes, en lo que hace a la ceremonia formal. Supuestamente, cuando se concrete, vendrá gente de protocolo presidencial, para acompañar el acontecimiento, y entregarle a la nena una medallita y un diploma.
Luego, está el compromiso de acompañar económicamente su educación en lo referido a gastos relacionados con el estudio.
Además, en varias ocasiones, desde que nació la pequeña, se comunicaron para consultar si la familia necesitaba algo.
Pero, aunque los bolsillos estaban semivacíos, no recurrieron al “mangazo”. Lo único que solicitaron fue, el año pasado, en un momento complicado de la pandemia, si podían ayudarlos a cobrar la Asignación Universal por Hijo, que no recibían, y les facilitaron el trámite.
Cuando se enteró de que Fernández vendría en una visita de apenas unas horas al INVAP, María Clara escribió al sector de Padrinazgo Presidencial, exponiendo que, como era probable que en el bautismo no pudiera estar, sería bueno que la nena se sacara una foto con el padrino, aprovechando su paso por la ciudad.
“Sabía que era difícil, pero le puse: ‘El que no arriesga no gana’”, revela la mujer.
La noche anterior al aterrizaje presidencial, llamaron para explicar que Alberto había leído el mail y quería conocer a Mercedes.
Así que al otro día, en el INVAP, la niña fue la estrella. María Clara y Leonardo aclaran que lo que sintieron al estar frente al mandatario, que los dejó en estado de shock, no está relacionado con cuestiones partidarias: “Somos apolíticos. Yo no tengo preferencia por ningún partido. En las últimas elecciones, no voté a nadie; estaba enojado con la clase política, y rompí el voto…”, asevera él.
“Hablar con el presidente fue una emoción enorme…”, añade Leonardo, que también es séptimo hijo, en su caso de una familia de nueve hermanos, pero, como bromean las mujeres de la casa, así como Mercedes es pura, porque en la familia no nació ningún varón, él no lo es, ya que dos hermanas le cortaron la posibilidad de conseguir el padrinazgo presidencial…
“Cuando lo vi, me puse a lagrimear… Se ve que los presidentes tienen un aura especial”, afirma.
“Jamás pensé que conocería a un presidente; y todo gracias a Mercedes, y a su mamá, que tuvo siete embarazos maravillosos”, aprecia el hombre.
“Nos dijimos unas palabras íntimas, y le tomó la mano a la nena… Se le veía muy humano, sensible”, agrega.
María Clara, en tanto, dice: “Fue algo cortito, apenas unos minutos, pero muy emotivo… Le expresé que confiábamos en él”.
Christian Masello