EMPLAZAMIENTO DEL PRIMER CEMENTERIO OFICIAL
En 1963 todavía había lápidas en el predio del ex Colegio Nacional
Graciela Pino contaba con 12 años cuando al pasear por un aparente baldío, se topó con varias tumbas, entre ellas, la de Otto Goedecke. Después, la necrópolis se mudó hacia el actual Pasaje Gutiérrez.
En los primeros tramos de los 60, todavía existían lápidas donde actualmente se encuentra el ex Colegio Nacional, porque allí funcionó el primer cementerio institucionalizado de San Carlos de Bariloche (ver aparte). Paciente reconstructora del pasado barilochense, la escritora Graciela Pino compartió con El Cordillerano una anécdota de su preadolescencia, cuando se topó insospechadamente con la tumba de Otto Goedecke.
“Cuando tenía más o menos 12 años, iba a la escuela nocturna de la 71, que es la 266 de ahora”, contextualizó la vecina. Hablamos entonces de la Avenida 12 de Octubre al 1200, para que todas y todos entendamos. “Una vez, con unas amigas íbamos caminando por la costanera. Donde ahora está el Colegio Nacional había un baldío y encontramos unas lápidas. Una decía: Otto Goedecke”, sorprendió Pino al cronista. “Así que debe ser que sí, que había un cementerio ahí”, supuso.
En la mañana de hoy martes este diario publicó que efectivos policiales desplegaron un operativo en el predio del establecimiento educativo, al responder inquietudes de vecinos que habían encontrado restos óseos de apariencia humana. Ya durante el procedimiento se confió que allí había funcionado en el pasado, un cementerio. Los testimonios espontáneos coinciden con los recuerdos de Pino.
Graciela Pino en la redacción de El Cordillerano.
“Aclaro que yo andaba por la costanera porque mi mamá, la señora Dina de Pino, era la directora de esa escuela nocturna, que funcionaba en la 71”. Tal establecimiento “era la de Adultos N° 10, no tenía con quién dejarme y yo iba todos los días con ella. Entonces, a veces, con otras chicas con quienes estudiábamos inglés por ahí, paseábamos un poco y después, volvíamos a la escuela. No era que andábamos vagabundeando de noche ni nada de eso (risas)”, señaló Graciela, como si todavía temiera alguna reprimenda.
Estado de abandono
El encontronazo un tanto lúgubre sucedió “cuando yo tenía 12 años, en 1963. Te digo que estaban las lápidas como en un pastizal, no era que estaba cuidado o que era un lugar frecuentado”, ilustró la vecina. “Estaba como abandonado y, es más, nosotras nos asombramos mucho cuando las vimos y que una decía Otto Goedecke. No tengo ni idea de en qué año se fue el cementerio para el otro lado, pero debió ser unos años antes porque ya estaba en desuso”, calculó.
A propósito, “por una tía mía, muy muy vieja del año 48, supe que el cementerio de Bariloche estaba donde ahora está el SPLIF, por la calle Pasaje Gutiérrez, donde estaba la hostería La Montanara. A la altura de Tacuarí pero para el lado de la universidad”, precisó Pino. “Ahí donde está el SPLIF y donde hay un vivero”. Eran otros tiempos: “cuando murió su esposo era pleno invierno y les dijeron que terminaran rápido con el velorio porque después, la nieve no los iba a dejar llegar hasta el cementerio”, compartió. ¡Hasta Pasaje Gutiérrez!
“Esos son los datos que te podría dar”, concluyó nuestra interlocutora. Graciela Pino es autora de libros que deberíamos tener en la biblioteca en circunstancias como la actual, cuando el pasado de Bariloche se entromete sin pedir permiso en el presente: “El Picadero”, cuyo título hace referencia al “campito” donde se erige insultante el Bariloche Center; y “Boleto a 1965”, que remite a su mudanza hacia Península San Pedro. Dos años después del asunto de las lápidas…
Adrián Moyano