SUFRIR EL CORONAVIRUS EN PRIMERA PERSONA
“Lo que viví fue espantoso, fueron unos 15 días donde el dolor era terrible”
Santiago Pinedo vive en Bariloche, tiene 52 años y toda su vida fue un amante de los deportes, una persona sana y sin problemas físicos de ningún tipo. No toma alcohol y nunca fumó.
Sin embargo, pese a todo este alentador panorama, se contagió de COVID-19 y lo sufrió muchísimo. Hoy, ya recuperándose en su casa, eligió contar su experiencia, para que otras personas tomen conciencia de lo que puede traer aparejada esta enfermedad, que ya se ha llevado la vida de más de 2,5 millones de personas en todo el mundo.
El relato lo hizo a Antonio Zidar en la radio de El Cordillerano, donde contó que se contagió de unos de sus sobrinos que habían llegado junto a su hermana provenientes de Buenos Aires.
“Empecé con dolor de garganta y fiebre. Hasta que llegó un punto que me deshidraté y no me bajaba la temperatura. Me compraron un saturómetro y siempre estuve controlado. Cuando me deshidraté dejé de comer, de tomar agua, y fue cada vez peor. Empezaron unos dolores terribles muy raros, un malestar general enorme, con dolor de cabeza, de todo el cuerpo. No me podía tocar ni yo mismo, sentía que estaba como arriba de una parrilla y que yo era un cordero”, comenzó diciendo.
“Lo que viví fue espantoso. Fueron unos 15 días de dolores muy fuertes, donde el dolor era terrible. Hasta que me llevaron al Sanatorio San Carlos, a quienes agradezco por su enorme predisposición y atención. Yo parecía una bomba radioactiva, las enfermeras venían y me daban aliento, me pedían que no le afloje. No tenía fuerzas ni para tocar el botón al lado de la pared para llamarlas. Fue terrible, no se lo deseo a nadie”, recuerda Santiago sobre sus peores días.
Expuso además, que él no tenía intenciones de internarse, porque pensaba que eso le provocaría la muerte. “Entonces, cuando me confirmaron que debía internarme, fue fuertísimo. Además las cosas que vivís ahí adentro, esa sensación de soledad, que pasan los días y no hablás con nadie. Es inevitable que la cabeza te empieza a carburar, los miedos que afloran. Necesitás que alguien de tu familia venga un ratito a estar al lado tuyo y no se puede, estás solo”, sostuvo.
“Yo pensaba cuánto más podía resistir mi cuerpo a los dolores, a los retorcijones, la garganta, el estómago, la espalda, era todo. Era un dolor infernal desde la punta de los pies hasta la cabeza”, agregó Santiago.
Ahora, hace un mes que está haciendo la recuperación domiciliaria, pero va del sillón a la cama. “Hace un mes salí y hoy soy una piltrafa. No me puedo concentrar, no puedo hacer ejercicios, no puedo tomar frío. Ahora me están haciendo unos estudios cardiológicos, otros con un neumonólogo para poder respirar de otra manera”, contó. También perdió muchos kilos, aunque ya los pudo recuperar.
“Ahora me agito muchísimo, respiro cortito. Me dan dolores en la espalda, en el pecho y que duran un rato largo. He tomado muchas pastillas y ya estoy asqueado, trato de tomar lo menos posible, camino despacito, así es mi vida hoy”, se lamentó.
Finalmente, expresó que la idea de contar su historia, es para transmitirle a la gente que se cuide, en especial a los jóvenes. “Yo confío en que Dios me dio una oportunidad y me dijo que me tocaba quedarme”, concluyó Santiago.
Diego Llorente