UNA CÁMARA SUBACUÁTICA PODRÍA SER FUNDAMENTAL PARA ENCONTRAR A ANDRÉS QUINTEROS
La extraña relación entre una película sobre el Nahuelito, un ingeniero nuclear y la búsqueda del kayakista desaparecido
Hace varios años, el cineasta Miguel Ángel Rossi estaba, con sus hijos, junto al lago Gutiérrez, cuando observó la imagen insólita de una tortuga de gran tamaño.
En 2016, un ingeniero nuclear, Pedro Mariano Nowakowski, decidió investigar la manera de combinar sus dos pasiones: la actividad submarina y la robótica.
Estos dos hechos, aunque suene extraño, podrían derivar en un factor clave en la búsqueda de Andrés Quinteros, el joven que, supuestamente, desapareció en las aguas del lago Moreno, a la altura de la Playa del Viento, el 9 de diciembre de 2020, cuando el kayak en el que iba con Marcelo Vera -quien salió del agua con principio de hipotermia– se dio vuelta.
La combinación de elementos hace que, por estos días, la familia del muchacho aguarde –para poder usarlo en la búsqueda de Andrés– novedades en torno a un equipamiento que, de salir todo bien, se utilizará en una película de Rossi, quien, tras devolver al lago a aquella tortuga que había quedado varada (tal vez por el oleaje) con el caparazón para abajo, ideó un filme.
En realidad, lo primero que hizo fue dar aviso a un guardaparque, quien le respondió que era imposible que un animal así estuviese en esa zona.
“No sé si alguien tiró una tortuga en ese lugar y luego creció, pero estaba allí, y me surgió la idea de que si había una, y tan grande, por qué no podría existir otra de más tamaño, y pensé que el Nahuelito quizá hubiese sido algo así”, explica Rossi.
“Me puse a investigar. El plan, al principio, era hacer un documental corto, y después se abrió un mundo inmenso de testimonios, fotos, diferentes registros, avistamientos (incluso más allá del Nahuel Huapi; por ejemplo, en el Moreno), y distintas teorías, como la geológica y la radioactiva”, prosigue.
Con tanto material, el proyecto se transformó en un largo de docuficción, es decir un filme documental donde se utilizan, para recrear diferentes situaciones, elementos de ficción.
Así, nació “Bajo superficie”.
“La película ya debería estar terminada, pero todo lo que sucedió el año pasado, en relación con la pandemia, demoró su concreción”, expresa el director.
Un dato importante es que para la filmación el realizador utilizó (y aún tiene pensado usar) cámaras subacuáticas.
En 2019, se contrató un ROV, es decir un vehículo operado en forma remota, para hacer imágenes en el Nahuel Huapi, a poco más de cien metros de profundidad.
El equipo se alquiló por unos días a un grupo de trabajo, en Puerto Madryn, dedicado a labores con ese tipo de aparatos.
Cuando en diciembre se supo del caso de Andrés Quinteros, Rossi y las personas con las que trabaja lamentaron no tener, en ese instante, aquel artefacto, que podría haber sido de gran utilidad en su búsqueda.
Más allá de eso, el año pasado, cuando estalló la pandemia, estaban por recibir desde Chile otro ROV, perteneciente a la empresa trasandina Ingeniería Submarina, de una tecnología más compleja, para captar imágenes a cuatrocientos metros de profundidad.
El COVID-19 obligó a un parate.
Pero Rossi no pierde la esperanza.
“Estamos esperando que se abran las fronteras y que todo vuelva a cierta normalidad, para poder traerlo”, indica.
Pero, en medio de todo el proceso de “Bajo superficie”, algo se coló en la película.
El ingeniero nuclear Pedro Mariano Nowakowski, tras leer una noticia que hablaba de la realización cinematográfica, se comunicó con Rossi y le contó que estaba trabajando, junto a Leonardo Leocata, en un par de cosas que le podrían ser de utilidad.
La primera es una cámara para soltar desde una embarcación, conectada por medio de un cable, con un alcance de hasta trescientos metros, que, si las condiciones del lugar lo permitiesen, podría arrastrarse por el fondo.
“Va montada en una estructura sellada, dentro de un compartimento estanco, para que no ingrese agua”, especifica el ingeniero nuclear.
El otro aparato sobre el que Nowakowski le habló a Rossi fue un ROV, con seis propulsores, que también podría llegar hasta los trescientos metros de profundidad, con la posibilidad de direccionarlo desde una estación ubicada en una embarcación, lo que conseguiría que se captaran, con mayor precisión, imágenes con una cámara incorporada.
Ambos equipos, cuando estén listos, podrían utilizarse en la película, pero, más allá de eso, ya pasaron a formar parte de la historia de la obra de docuficción, porque el cineasta realizó un registro de cómo fueron avanzando con la labor.
“Estuvimos filmando mientras armaban los circuitos y ensamblaban las piezas”, dice Rossi.
Lo cierto es que, al contar con ese incentivo de participar en la película, el trabajo de los ingenieros se aceleró.
Nowakowski apunta que la cámara estará lista a mediados de marzo, mientras que el ROV se hallará en condiciones de ser utilizado en mayo o junio.
Cuando los dos artefactos se encuentren en funcionamiento, incluso podrán tomar imágenes entre ellos, trabajando en conjunto, como una manera de observar cómo opera cada uno.
A partir de la desaparición de Andrés Quinteros, también emergió la idea de ayudar en la búsqueda.
Por eso, el ingeniero se comunicó con la familia y se puso a disposición.
Ana, hermana del joven desaparecido, informó al abogado Jorge Alejandro Pschunder de la existencia de ese proyecto, entonces el letrado sumó, en un escrito que presentó a la fiscalía, la solicitud de que se lo tuviera en cuenta para utilizarlo en el lago Moreno.
Según Pschunder, la fiscal Betiana Cendón estuvo de acuerdo con la propuesta.
De esa manera, si todo sigue como se espera, a mediados de marzo, en caso de que el clima lo permita, si bien el ROV todavía no estará listo, se podrá usar la cámara, que cuenta con un sistema de iluminación que permite grabar y captar imágenes muy nítidas a gran profundidad.
“Estamos contrarreloj, para tratar de terminar”, asevera Nowakowski, quien mantiene a Cendón al tanto de los avances.
Asimismo, el abogado de la familia Quinteros, Pschunder, destaca la labor desarrollada por la fiscal, de quien recalca que tuvo la buena voluntad de recibir la presentación del escrito donde se sugerían ciertas medidas.
“Como lo que sucedió no es considerado un delito, sino una investigación de causa de muerte, no podemos ingresar como querellantes, porque el código de procedimientos no lo permite”, aclara.
Una de las hermanas de Quinteros, Anita, también dice estar agradecida por la actividad desarrollada por Cendón. “Está trabajando muy bien”, afirma.
Igualmente, Pschunder aclara que aún aguardan respuestas paras las consultas que hicieron en la presentación en fiscalía.
“En realidad, no tendrían obligación de contestar, pero, como la recibieron, deberían hacerlo”, manifiesta.
Entre las cuestiones que citan en ese escrito, están las relacionadas a si es seguro o no que Andrés ingresó en el lago.
La familia desea saber si se pidieron, y obtuvieron, los registros de cámaras de vigilancia hogareña de los alrededores.
Y, dados los cambios de Marcelo Vera cuando se refirió al sitio donde se produjo el supuesto accidente, también tienen dudas sobre él.
Esa falta de precisión con respecto al punto donde Andrés habría desaparecido dificultaría la búsqueda con la cámara ideada por Nowakowski, ya que, a diferencia del ROV -que recién estará listo para funcionar un par de meses después-, no puede movilizarse más que por arrastre, pero, en un sitio con un fondo como el del Moreno, con distintas irregularidades, eso no sería posible, y la opción más acorde implicaría volcarla desde la embarcación en un sitio lo mejor posicionado posible.
“En ese lago, no queda otra que descolgar la cámara y moverse muy despacio”, sostiene el ingeniero.
Pschunder, en tanto, expone: “Como no somos parte, no podemos interrogar a Vera; y sé que la fiscal ha tenido algunos problemas de orientación para ubicar puntualmente dónde habría sucedido, en principio, el accidente”.
“La única voz que hay es la de Vera, y creo que también hay un testigo que vio el kayak de lejos, y no puede aseverar que Quinteros estaba arriba… no más que eso…”, añade.
“El cuerpo está desaparecido; no sabemos si en el agua u otro lugar. Porque no hay rastros”, considera.
“Uno es padre, y entiende el dolor de la madre… Debe ser muy feo no saber adónde llevarle una flor a tu hijo, quedarte siempre con la duda acerca de si murió o no, si lo mataron o realmente se ahogó… Es una incertidumbre constante”, reflexiona el letrado, para luego concluir: “No podemos dejar el tema en ascuas”.
Christian Masello