2021-02-03

LA CONTAMINACIÓN EN EL NAHUEL HUAPI, DESDE EL PUNTO DE VISTA DE PREFECTURA

Una dura realidad: “Toman el lago como si fuera un tacho de basura”

“Toman el lago como si fuera un tacho de basura”, afirma el jefe de la estación de Salvamento, Incendio y Protección Ambiental (SIPA) de la Prefectura Naval Argentina en San Carlos de Bariloche, Claudio Gabriel Luxen Espinosa, ante la cantidad de productos que la mano humana arroja al agua en la ciudad.

Esto se acrecienta durante las temporadas, porque el turista se suma a la desatención por el ambiente que se observa en algunos lugareños.

En cuanto a la problemática de pérdida de combustible, Luxen indica que, aunque es “el contaminante más agresivo”, no suelen darse demasiados casos, ya “que no son tantas las embarcaciones que transitan el Nahuel Huapi”.

Igualmente, hay medidas de seguridad dispuestas para casos así. “Cuando se ve una mancha de hidrocarburos, se debe disponer de alguna barrera de contención, con unos flotadores que limitan el combustible, el cual tiende a quedar en la superficie”, explica.

“Así, se restringe la mancha a un sector, tratando de que no llegue a la costa, y se dispone de algún medio de extracción, con el que también sale un poco de agua, porque no se puede separar por completo, y se deposita en un contenedor, para llevar todo a su depósito final, en alguna planta de tratamiento”, añade.

Las barreras de contención pueden estar formadas por diferentes materiales. En ese sentido, cita algunas hechas con elementos naturales, como turbas, que además sirven para absorber un poco los hidrocarburos, y apunta que otras “tienen flotadores circulares de lona con una especie de pollerita, un faldón con contrapeso”.

Depende cuál sea el elemento derramado, y también en qué tipo de agua esté, se opta por alguna en particular. “En el mar, o en sitios con corrientes, hay que colocar un faldón, para que la mancha no vaya por debajo, y así pueda quedar circunscripta a un sector”, manifiesta el oficial principal.

En esos lugares, donde existe mucho oleaje, y no se puede contener el material vertido, Luxen dice que “se determina una ‘zona de sacrificio’ en la costa, y allí se hace el saneamiento”.

Eso significa que se trata de dirigir el elemento contaminante hasta un sitio determinado de la orilla. Igualmente, aclara que es casi imposible que eso suceda en Bariloche o, al menos, se hace todo por evitarlo.

Por un lado, están las causas naturales, ya que, al tratarse de aguas mayormente calmas, las “manchas” son más fáciles de controlar. Al hablar de un Parque Nacional, se agota cualquier posibilidad antes de recurrir a ese extremo.

Luxen aclara otra cuestión. Si sucede alguna situación que involucre derramamiento de combustible, “Prefectura fiscaliza, pero existen empresas que se encargan de realizar la tarea”. “Los barcos grandes, que pueden implicar riesgo de contaminación, ya sea por hundimiento o colisión, con una pérdida de hidrocarburos en el agua, tienen un plan de contingencia”, ahonda.

“El buque, entre los certificados de seguridad que debe poseer, tiene que contar con una empresa –habilitada por Prefectura en la temática de contaminación– que, en un caso así, se aboque a la labor”, especifica. Esa firma escogida por los navíos es la que, ante una eventualidad que derive en contaminación, debe hacerse cargo de “circunscribir la mancha”, y también abordar “el tratamiento de la zona”.

El oficial principal aclara que un hundimiento no siempre equivale a derramamiento de combustible, ya que “hay situaciones donde un buque que se sumerge tiene bien cerrado el depósito, el hidrocarburo se mantiene dentro, y no mancha el agua”. En casos así, “se retira la embarcación y no queda ningún contaminante”.

Cuando se le consulta si suelen ver propiedades privadas que tengan salidas de desperdicios cloacales directas al lago, o una emisión de otro tipo de desechos, primero esclarece: “Desde Prefectura, abordamos la contaminación que se produce dentro del espejo de agua; el Municipio es el que debe exigir que todo, antes de llegar ahí, tenga el tratamiento debido”. Luego precisa que, en caso de notar algo por el estilo, igualmente “se intervendría y se tomarían muestras de la mancha”.

“Se trataría de disminuir, en lo posible, la contaminación hallada, para luego generar un sumario administrativo y determinar de dónde vino”, informó.

Pero, contrariamente a lo que se suele comentar, acerca de la existencia de salidas clandestinas por donde se arrojan desperdicios en el lago, Luxen sostiene: “Hay bombas que extraen el agua, pero no vertimiento de particulares”.

“Al hacer buceo, no hemos divisado nada de eso”, afirma. A la vez, añade: “Tampoco tengo noción de fábricas o plantas con desembocaduras”.

En cualquier caso, si sucediera una situación de daño ambiental en el lago, por las causas descriptas, u otras similares, Luxen expone que, al igual que pasa con una embarcación que derrama hidrocarburos y los encargados de la misma deben afrontar económicamente el suceso a través de una empresa que se encargue de la limpieza, se “intentaría intimar al que generó el daño, para que se haga cargo de los gastos, por más que Prefectura tomara intervención”.

Más allá de las distintas variantes contaminantes, el oficial principal resalta: “Lo que sí veo es mucha basura que la gente tira”.

“En la costa se observan continuamente latas y botellas que seguro van a terminar al fondo del lago”, advierte. Cuenta que también se aprecian desperdicios de quienes van en las embarcaciones que realizan excursiones. Agrega que, a su vez, varios de los que salen en bote a pasar una tarde de sol se comportan del mismo modo. “No tienen la decencia de guardar la basura y tirarla luego en su casa”, critica. Pero no todo lo que hay bajo el lago procede de actividades recreativas o relacionadas con los turistas.

Así, es habitual que practicantes de snorkel les comuniquen que divisaron baterías bajo el agua. “Por el tamaño, la mayoría parece de embarcaciones”, asegura Luxen.

Hay una en particular que quedó en la base del puerto San Carlos como mojón de la barbarie contaminante, dado el tamaño y el peso que tiene. “O se cayó, o la tiraron desde un buque, porque estaba lejos de la orilla”, asevera el oficial principal.

También quedó para el anecdotario cuando, el año pasado, entre agosto y septiembre, se retiraron del Nahuel Huapi, en un sector puntual (en la zona de Villa Verde), alrededor de ciento treinta neumáticos.

“No se pudo definir de dónde provenían; tampoco, quién los arrojó…”, suma interrogantes Luxen, a una situación donde, justamente, el factor predominante fueron las dudas. “Ni siquiera sabemos el tiempo que estuvieron ahí, porque hay que tener en cuenta que, para que una goma se degrade, pasan muchísimos años…”, anexa.

Recuerda que se manejaron varias hipótesis, pero él tiende a inclinarse a que “los arrojaron como descarte, desde alguna gomería o algo así. Varios se encontraban a veinticinco metros de la costa… Incluso, puede ser que los arrojaran desde la misma orilla”.

“Si bien en su mayoría eran de camiones, había de todos los tamaños, aunque de rodados catorce y quince aparecieron muy pocos. Para retirarlos, hubo que sacarles el sedimento que se juntó a través del tiempo en el interior; porque, mientras estuvieron en el fondo, se fueron llenando de arena y piedras…”, expone.

Más allá de esa situación tan particular, que llamó la atención por la abundancia del material hallado, Luxen comenta que, lamentablemente, toparse con neumáticos bajo el agua es algo bastante común. “Solemos encontrarlos cuando hacemos prácticas de buceo”, cuenta.

Tras las explicaciones y los recuerdos vertidos durante la conversación, a manera de conclusión, Luxen es categórico: “La contaminación por hidrocarburos es muy esporádica… la que es muy fuerte es la generada por las personas, que, supongo que por negligencia, arrojan los residuos en el agua”.

Christian Masello

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