2021-01-10

LA BÚSQUEDA DEL KAYAKISTA QUINTEROS LLEVA MÁS DE UN MES

"Sabemos que está muerto, pero las circunstancias no se han esclarecido"

En la Playa del Viento aún resuenan ecos silenciosos que acompañan las corrientes de aire que abundan en la zona. No es una mudez asociada a un estado de circunspección, o de reserva por lo que sucedió. Se trata de la angustia muda que llega con la falta de respuestas. El 9 de diciembre de 2020, Andrés Quinteros, de treinta y cuatro años, desapareció en el lago Moreno. En teoría, cuando el kayak en el que iba se dio vuelta, el joven intentó, infructuosamente, llegar a nado hasta una orilla. La persona que estaba con él, Marcelo Vera, en cambio, logró arribar a la costa más tarde, con principio de hipotermia.

Hubo una búsqueda intensa de Prefectura, seguida por muchos voluntarios que se acercaron para brindar su ayuda.

Se hicieron caminatas por la orilla, donde se tuvo que luchar con el bloqueo que suponía la presencia de alambrados de propiedades privadas y árboles talados que se interponían en el camino.

También se realizaron expediciones subacuáticas, e incluso se llevó a cabo un registro mediante un sonar, lo que confirmó que, hasta noventa metros de profundidad, el cuerpo no estaba.

Hace unos días, sus padres, Mirta y Juan, fueron “a saludarlo” a la orilla.

“Cuando lo extrañamos vamos a ‘verlo’ al lago… y seguiremos yendo, hasta que tengamos su cuerpo”, suspira la mamá.

Se encontraron con un espectáculo que los turbó.

Un parador de la firma Puma Energy, con una zona de “relax” y sombrillas, licuados gratis, e incluso clases de yoga.

Además, kayaks disponibles.

Tienen, también, un gomón, para utilizar en caso de emergencia.

Cabe recordar que no hay guardavidas, por el conflicto existente con el municipio.

En la garita en la que tendrían que estar, hay un cartel en el que se lee: “Queremos salvar vidas, no buscar cuerpos”.

Cuando la madre fue “a tirarle un beso a Andrés al lago”, observó el parador turístico y se le aflojaron las piernas… “Sé que la vida seguirá circulando, lo entiendo, pero, como mamá, siento que no toman medidas de seguridad. Porque lo que le pasó a mi hijo le puede suceder a cualquier otro joven… Al ver eso, me descompuse”, afirma.

“El intendente no me llamó para decir: 'Señora mamá, ¿qué necesita?, ¿qué podemos hacer por usted?'”, asevera.

Y suelta: “¿Qué somos para los políticos que nos gobiernan? ¿Solo números?”.

“Me considero abandonada”, suspira.

Juan, su marido, resalta que, más allá de la inacción que aprecia por parte del gobierno municipal, se sintieron -y aún sienten- acompañados por el pueblo barilochense.

“Los días de la búsqueda, nos traían café, comida, abrigo”, rememora.

Por su parte, Leonardo Nicolás, tío de Andrés, se ha puesto a la cabeza de un proyecto tendiente a la concreción de un sendero, lo más completo posible, para que bordee el lago y se pueda transitar por el sector de manera cómoda, sin peligro de sufrir un accidente.

“Cuando Andrés nació, yo tenía cinco años, vivíamos juntos en la casa de mis padres, para mí, más que un sobrino, era un hermano”, apunta.

“Hay un círculo que, por un montón de preguntas sin respuestas, todavía no se cerró. No lo pude llorar como me hubiese gustado hacerlo. No tuve un cuerpo para enterrar… para mí, es como si se hubiese ido a pescar y todavía no regresara”, añade.

Al hablar de incógnitas sin dilucidar, el tío se refiere, particularmente, al otro tripulante del kayak, aquel que salió del agua: Marcelo Vera.

“Mi esposa es profesora de Educación Física, y el accidente del cerro Ventana (el 1° de septiembre de 2002, cuando nueve estudiantes del Centro Regional Universitario Bariloche murieron por una avalancha) nos tocó muy de cerca; recordamos que aquellos chicos estaban destruidos, con el ánimo por el piso… se los veía destrozados, y algunos aún siguen así, mientras que a este pibe lo vi intacto, su cara no tenía rasgos de tristeza”, apunta Leonardo.

“Sé que es enfermero, como mi sobrino, pero yo no lo conocía”, añade.

“No hay testigos que lo hayan visto ingresar al lago con Andrés… Sí lo vieron salir a Vera, solo…”, agrega.

“Ese chico tiene el corazón de piedra”, opina Mirta, cuando habla de quien supuestamente iba junto a su hijo en el kayak.

“Nunca se acercó, ni llamó… Solo lo vimos en la playa cuando lo hicieron ir… Primero dijo que Andrés se había caído a ciento cincuenta metros; después, a quinientos”, manifiesta.

“Quiero pedirle a la fiscal Cendón (Betiana) las imágenes de seguridad de las casas de la zona, para ver si se observa si mi hijo ingresó ese día en la playa, porque, en realidad, hasta ahora, lo único que hay es la palabra de ese pibe”, agrega, aclarando que solo pudo hablar con la fiscal la semana de la desaparición, y que le gustaría encontrarse con ella nuevamente.

Mirta, al contar únicamente con la voz de Vera, a quien no conocía, duda acerca de si su hijo entró al lago, y, si lo hizo, piensa incluso que pudo haber pasado algo extraño, como “una discusión entre ellos, previa o en el agua”.

Andrea, la hermana de Andrés (“Soy la del medio”, aclara, ya que también está Anita, la más pequeña de la familia), por estos días planifica cómo conseguir que, a través de la Fiscalía, se pueda traer un ROUV (siglas en inglés de Remotely Operated Underwater Vehicle, es decir un vehículo sumergible operado de manera remota).

“Si no se utiliza esa tecnología, lo más probable es que el cuerpo quede ahí”, afirma la joven.

Señala que, en caso de que el aparato diera una indicación precisa, buzos de profundidad podrían sacarlo.

A su vez, remarca que el artefacto se está utilizando en este momento en la búsqueda de una persona desaparecida en el Dique Florentino Ameghino, en la provincia de Chubut.

Sabe que el lago Moreno, en su base, ofrece un terreno complicado para los lentes con los que trabaja el robot, pero no pierde la esperanza de que lo traigan.

Andrea también se refiere a Marcelo Vera. Relata que, cuando le contaron lo que pasó con Andrés, lo llamó por teléfono desde Comodoro Rivadavia, donde reside (es secretaria legislativa del bloque Frente de Todos de aquella localidad).

“Me dijo que el kayak se había dado vuelta y que mi hermano quiso ir a nado hasta la costa, pero que no llegó a divisar qué pasó con él… Le pregunté si hubo alguna discusión, algún problema, si existió consumo de alcohol… Contestó que no, que Andrés lo había pasado a buscar y fueron a la playa”, indica.

Según le explicaron desde Fiscalía, “Vera llegó con el kayak a la orilla, y dos chicos, de catorce y quince años, lo vieron y se acercaron con sus papás a ayudarlo… Lo único que alcanzó a decir es que había otra persona en el agua, nada más… Estaba con hipotermia grado tres, a punto de congelarse”.

“Yo no lo conocía, mi hermano nunca me habló de él”, expresa Andrea.

“Cuando me comuniqué, me pareció una persona muy fría en relación a la situación que había pasado. Considero que cualquiera, en un caso así, mínimamente lloraría… él no lo hizo”, recalca.

Y luego expone: “El kayak era suyo, el que sabía andar era él, no mi hermano. ¿Por qué no se pusieron chalecos? Me resulta raro… Quiero encontrar el cuerpo para sacarnos la duda de si fue o no un accidente… No sé si discutieron, si hubo una pelea en medio”.

La muchacha revela que cuando pasaron quince días de la desaparición de Andrés, la familia, junto a los más íntimos, realizó una ceremonia en la playa, precedida por un sacerdote. “Tiramos rosas para despedirlo… Hay madres que visitan a su hijo en un cementerio; a la nuestra le tocó hacerlo en el lago”, suspira.

Y sentencia: “Sabemos que mi hermano está muerto, pero las circunstancias en que sucedió no se han esclarecido”.

Anita, la hermana menor, que en febrero cumplirá dieciséis años, dice tener emociones encontradas: “Siento tristeza, y un poco de enojo”, cuenta.

“Si aquel día hubiese estado un guardavidas, quizá se habría evitado”, reflexiona.

En cuanto a Marcelo Vera, la chica tiene una opinión similar al resto de la familia: “Su testimonio cambió varias veces… No llamó ni fue parte de la búsqueda. Tengo mucha intriga… Ojalá la justicia pueda resolver las preguntas que quedan en el aire… Que recuerde, Andrés nunca habló de él”, afirma.

Más allá del dolor, Anita resalta que su hermano “era muy positivo”, y, siguiendo esa línea, “se trata de seguir adelante”, por eso trabaja junto a su tío en la realización de un camino que bordee el lago. “Quiero honrar la memoria de mi hermano con un sendero inclusivo”, dice.

Marcelo Vera, en tanto, prefiere, por el momento, mantenerse en silencio. Su pareja se encargó de exponer su parecer: “Él atravesó una situación muy traumática, en la cual perdió a su amigo. Estuvo, y seguirá estando, disponible para hablar con la familia cuando ellos lo deseen, así como también para colaborar con quienes están a cargo del caso. Por fuera de eso, prefiere respetar la memoria de su amigo, el dolor de su familia y su propio dolor, y no armar un debate mediático de la situación”.

En tanto, en la familia, están a la espera de cualquier novedad… Así, Juan, el papá de Andrés, cuenta que el 25 de diciembre recibió un llamado del jefe de Prefectura en Bariloche, Miguel Curual. “Un vecino avisó que había visto algo en el lago… pero, al final, era solo un árbol tirado…”, puntualiza.

Christian Masello / Fotos: Facundo Pardo

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