2021-01-03

LA VIDA DE VICTORIA ISLA REYES

Una historia de amores y pérdidas que comenzó en la isla Victoria

Hay historias de vida relacionadas de manera directa con lugares emblemáticos de nuestra ciudad, este es el caso de Victoria. Tal como su nombre lo indica, hace 70 años quiso nacer en la isla, pero alcanzaron a traer a su madre al Hospital Zonal.

“Nací circunstancialmente en Bariloche porque mi padre trabajaba en Parques Nacionales, entonces vivía en isla Victoria con mi madre”, comenzó recordando. Sus tías le contaron que casi nació en Puerto Pañuelo, donde la esperaba una ambulancia.

Victoria Isla Reyes está relacionada además con las familias Gingins y Lamuniere. Su padre dedicó gran parte de su vida a la navegación: “En el año 44 ingresó como marinero y todavía tengo el certificado cuyo encabezado dice que lo primordial era que supiera nadar y remar”.

Se crió en la isla Victoria. “En una casita que se ve apenas se desembarca”, dijo muy emocionada.

Luego su padre fue trasladado y cuando Victoria cumplió seis años regresaron, “pero ahí ya nos dieron otra vivienda más grande en el extremo de la isla porque mi familia se había ampliado”. De los diez hijos que tuvo el matrimonio, tres fallecieron de pequeños.

Su madre se enfermó y murió con tan solo 36 años. “Nosotros éramos todos muy chicos, yo tenía apenas ocho años y la última imagen que tengo de ella es que estaba muy amarilla”, relató con un llanto contenido.

“La mañana que vinieron a casa a buscarla para llevarla al hospital, mi mamá me entregó en brazos a mi hermanita más pequeña que tenía un año y dos meses y me dijo que la cuidara”. Esas son las últimas palabras que recuerda. Su madre murió un 17 de septiembre, dos meses antes de que Victoria cumpliera los nueve.


Con sus padres en la isla

“Al poco tiempo, vino una tía, hermana de mi papá y le pidió hacerse cargo de mí”. Un año más tarde, esa tía habló con las monjitas de Nuestra Señora del Rosario que colaboraban en el Hospital Zonal,  “le dijeron que estaba por llegar desde Buenos Aires la directora de la congregación”.

Recuerda el momento de conocerla: “Me pidieron que para ese encuentro planchara y llevara un guardapolvos de los que utilizaban ellas en sus tareas diarias dentro del hospital”. Victoria no entendía de qué se trataba todo lo que estaba sucediendo: “La señora elogió ese planchado y decidió llevarme con ella”.

Hacía muy poco que había perdido a su madre y, ahora, la llevaban lejos de sus hermanos. “Fui a un colegio de internado en Barracas, donde estuve diez años, hasta mis 18 recién cumplidos cuando egresé como docente”.

Su idea era regresar a Bariloche, pero otra tía que vivía en Carmen de Patagones le propuso quedarse allí. De todas maneras, debió hacer un viaje de manera urgente: “Me enteré que mi papá estaba muy enfermo y me vine a verlo”.  Hacía un tiempo que su padre había tenido una hija más con una nueva pareja.

Recuerda que estaba en un pasillo del hospital esperando a que le dieran autorización para entrar a la sala de internación: “Vi acercarse a dos muchachos de barba y pelo largo, mi tía me preguntó si no los iba a saludar, le pregunté quiénes eran y me respondió que eran mis hermanos”. Esa situación la angustió por no haber podido reconocerlos. Cuando su nena tenía casi dos años la trajo para que su padre la conociera: “Ya estaba muy delicado, pero pudimos charlar y disfrutó de su nieta”.


Una abuela orgullosa

El primer amor

Continuando con su vida en Patagones, llegó el primer amor. “Él vivía con su madre a una cuadra de mi casa, era el menor de tres hermanos y su papá había muerto un año antes de que yo llegara al barrio”.

Tenía un taller mecánico: “Había puesto un parlante donde pasaba música para los vecinos, pero a veces cortaba las transmisiones y cuando yo salía a hacer las compras me decía piropos por el micrófono y me dedicaba canciones”.

Finalmente la conquistó: “Al año siguiente nos casamos y después nació nuestra hija”. Solo tuvo una: “El hecho de haber quedado huérfana con tantos hermanos, de haber estado como pupila en un colegio con tantas chicas, son cosas que me quedaron muy marcadas”. Su hija también le dio un solo nieto. “Es el motivo por el que vine esta vez a pasear a Bariloche, se recibió de agente de policía y lo designaron acá”.

Victoria recién casada pudo ejercer la docencia, pero uno de los requisitos era que se trasladara a alguna escuela rural y su tía no quiso. “Entonces con mucho sacrificio estudié dactilografía, estaba terminando ese curso cuando me llamaron para tomarme una prueba del Ministerio de Obras y Servicios Públicos de Viedma”. Luego la derivaron al Departamento de Aguas. Corría el año 70.

San Antonio Oeste

Cuando su hijita tenía cinco años se mudaron: “Me convocaron porque iban a instalar la primera red de agua potable, es más, me tocó tipear la Carta del proyecto del canal Pomona- San Antonio Oeste”, recordó.

En esa etapa de sus vidas su marido le planteó tener otro hijo. “La relación ya no estaba bien, yo pensaba que si me separaba, con una mano agarraba mi valija y con la otra a mi hija. Es lo que hice diez años después”.

Vivió siete años sola con su hija y se volvió a enamorar: “Fue una relación de novela porque estando yo de pupila, en primer año, me hice muy amiga de una chica que iba de manera externa al mismo colegio”, relató. Cada fin de semana la llevaban a compartir en familia.

“Ese hombre era uno de los hermanos menores de mi amiga, de jóvenes no nos tratábamos mucho aunque yo sentía que le gustaba, pero al reencontrarnos nos enamoramos”. Vivieron seis años de mucho amor, pero él se volcó al alcohol y ella no lo pudo soportar porque su padre había muerto de cirrosis.

Aunque separados durante trece años nunca dejaron de hablarse. “Hasta el último día me llamó, un sábado de enero me dijo: dulce, yo siento que me estoy yendo, que me vienen a buscar. Yo no le creí, pero al mes murió", dijo muy conmovida.

Descendencia

El gran motor que impulsa la vida de Victoria Isla es su único nieto. “Vine a Bariloche a cumplir los 70 años y quería estar con él, además hace 50 días que no lo veía”. El joven tiene 23 años y es la primera vez que se separan tanto tiempo. “Es un chico tan lindo de mente y de corazón, un regalo de la vida”, dijo muy emocionada.

Una historia de vida cargada de pérdidas y abandonos que, pese a todo, no lograron mellar el hermoso carácter de Victoria Isla.

Susana Alegría

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