2020-12-27

BOCHA ZOTTELE RECUERDA EL PASO DE MARADONA POR BARILOCHE

Evocación de un dios con pies de oro y barro

El 2020 está por culminar… Ya pasó Navidad, y en enero llegarán los Reyes, aunque este año no podrán darle un balón de fútbol a la deidad terrenal a la que tantos monarcas y presidentes de diversas partes del mundo solían alabar (cuando convenía, o lo necesitaban).

Los ecos del dios con pies de oro y barro no cesan, aún se sienten, y seguirán.

En la ciudad, los homenajes a Diego Armando Maradona se reproducen en murales, estampados en prendas de vestir (incluido ese símbolo de los tiempos que corren, que es el tapaboca), y hasta tatuajes…

                                

Y, para aquellos barilochenses con algo de memoria, al hacer balances sobre lo que dejó el año, la pérdida del Diez trae aparejada imágenes de aquella visita maradoniana en el verano de 1996, cuando el Boca del que era parte vino a realizar la pretemporada a la ciudad.

Para una persona en especial, aquel momento fue muy particular.

Alberto “Bocha” Zottele ya pasó los setenta.

Nació en Bahía Blanca, y es un eximio bailarín de tango.

Pero, además, fue jugador de fútbol.

Pasó por varios equipos del país, entre ellos, Estudiantes de Bariloche (además, fue técnico de Boca Unidos).

En una ocasión había acompañado a un amigo a “ablandar” un Torino a esta parte del sur, pero terminó quedándose durante varios años; luego, partió a Buenos Aires.

Cuando se separó de la madre de sus hijos (que era jugadora de la selección argentina de básquet), decidió poner rumbo a esta ciudad una vez más.

Así, le tocó ser una pieza clave del paso del Boca de Carlos Salvador Bilardo por Bariloche.

“Parece exagerado, pero prácticamente lo hice todo yo”, recuerda.

Y detalla: “A través de los periódicos, me enteré de que Boca estaba en San Martín de los Andes. Allá no había Peña, y nosotros, acá, la estábamos armando. En ese entonces, el intendente era César Miguel. Hablé con él y le expliqué que había rumores de que el equipo estaba disconforme, porque allá las canchas no eran buenas… ‘Si querés, los traemos. El único gasto sería un vuelo de SAPSE (que era la compañía que tenía aviones en la provincia). De lo demás, me encargo yo’, le dije”.

Con el visto bueno del jefe comunal, partió a San Martín.

Antes de salir, ya se había asegurado el factor hotelero: conversó con quien tenía a cargo el Amancay, fanático de Boca, que estaba emocionado con la posibilidad de que el cuadro parara en el lugar.

Bocha llegó a San Martín de los Andes cuando anochecía. Se presentó en el hotel donde dormían los jugadores.

“Hablé con Bilardo. Le conté que acá había buena infraestructura y que contábamos con tres canchas”, señala.

La respuesta de Carlos Salvador fue inmediata, mandó a Nery Pumpido y José Luis Brown, que integraban el equipo técnico, a que, en ese mismo momento, partieran con Zottele, para ver si eso era cierto.

A la dos de la mañana, tras un viaje intrépido, en el que otra persona que era parte de la comitiva boquense condujo como si se tratara del último día sobre la Tierra, llegaron a Bariloche.

Bocha los llevó a ver el Estadio Municipal. El canchero primero no le creía una palabra a Zottele, pero, al espiar por la ventana, vio a Pumpido y Brown, y casi se desmaya.

Revisaron el campo y no lo notaron en buenas condiciones.

Zottele, entonces, los llevó hasta el de Estudiantes, que, si bien estaba mejor, no terminaba de convencerlos.

El Bocha tiró las últimas fichas… Los acompañó hasta la cancha que tenía el frigorífico Arroyo, que si bien no contaba con tribunas, se hallaba muy cuidada.

Con esa sí quedaron contentos.

Al día siguiente, el plantel aterrizó en Bariloche. Estaban Carlos Navarro Montoya, Carlos Mac Allister, Fernando Gamboa, Sergio Martínez y Alphonse Tchami, entre muchos otros, pero no Claudio Caniggia, que se encontraba lesionado, ni Diego Armando Maradona, que no había sido parte del viaje al sur.

Para entrenar, Bilardo quiso utilizar el golf del Llao Llao, por la cercanía con el Amancay, así que Zottele fue a preguntarle al gerente de ese momento, Pablo D’Onofrio, que consultó con Buenos Aires y enseguida dio una respuesta positiva.

Claro, la publicidad era inmensa.

Bocha rememora: “Clarín sacaba dos páginas centrales diarias, donde se veía a los jugadores, el lago, el hotel”.

Luego del comienzo de los entrenamientos, Zottele recibió un llamado de Guillermo Coppola: “Vamos a ir. Volamos en un avión de Macri (entonces, presidente del club). Abren el aeropuerto solo para nosotros, porque a esa hora no funciona”, le dijo el representante.

Y añadió: “No me mandes ningún periodista, porque Diego viene dado vuelta como una media”.

No era la mejor época del Diez.

“Los recibimos dos personas, nada más. Silvina García Larraburu, que trabajaba con César Miguel, y yo”, recuerda Bocha.

Zottele, en Buenos Aires, donde trabajó en la municipalidad, ante un llamado de Alejandro Fantino, había jugado un partido de papi con Maradona en 1993, pero Diego no lo tenía presente.

Así que ese 1996, si bien estaba aquel mojón, para el Bocha, fue un momento casi de iniciación en la vorágine maradoniana: lo que se vio desde la llegada, cuando Maradona le pedía al remisero que pasara a los patrulleros que actuaban como custodia.


Cristian Sandoval, un ciudadano barilochense que en 1996 cumplió el sueño de la foto con El Diego

Luego, fue la locura de la prensa… Zottele recuerda, en especial, un momento en que Diego salió a hablar con los periodistas y apuntó contra uno: “Vos, buchón de Macri, hiciste mil setecientos kilómetros al pedo, porque no te pienso dar bola”.

Cuando llegaron, Coppola le dijo a Bocha: “Te voy a pedir tres cosas”.

Mencionó, primero, “dos celulares corporativos, para hablar todo lo que se pueda”. Quien actuaba como anfitrión no tuvo inconveniente en conseguirlos. En la compañía telefónica de la época, cuando explicó para qué era, se los dieron de inmediato.

El representante solicitó también la presencia de “dos amigas”.

“Pensé en compañeras de tango”, explica Bocha, quien le dijo que iba a consultar con algunas chicas, y le aclaró: “Ojo, que no son trolas, se trata de buenas pibas… si después tienen afinidad, depende de ustedes qué hagan”.

“Salieron con ellas todos los días que estuvieron acá”, manifiesta el exjugador.

Pero lo que verdaderamente lo sorprendió fue el tercer pedido: cocaína.

“Ahí moriste, porque yo no tengo ni idea”, contestó Zottele.

Y Coppola le espetó: “¡Uy!, sin eso, éste se pone insoportable”.

Aquella fue la vez del partido de Boca con un seleccionado local, pero Maradona pegó el faltazo.

El Bocha, quien durante esos días había logrado una gran afinidad con Diego, hasta el punto en que, en algunos momentos, Coppola parecía celoso, le insistía: “Diego, ¿cómo no vas a jugar? No habrá otra oportunidad para que lo hagas en Bariloche… La gente te quiere ver a vos…”.

“Bocha, no rompas más las bolas, no voy a ir”, decía el Diez.

“Aunque sea, date una vuelta por la cancha, vestido así nomás”, proponía Zottele.

Pero Maradona fue concluyente: “Mirá la panza que tengo, cómo voy entrar a la cancha así, y a dar una vuelta peor… me va a quedar toda la ropa apretada. No me entrené ninguno de estos días…”.

Así que cuando fue el partido, Maradona y Coppola estuvieron con “las amigas”.

Tras el encuentro futbolístico, Bilardo les dio licencia a sus entrenados.

Bocha habló con el dueño del boliche que en la época se encontraba frente al Cívico, junto al lago, donde hoy están las guitarras gigantes al estilo Hard Rock.

“El propietario ofreció que fuéramos, con comida y bebida libre”, apunta Zottele.

En esa ocasión, Coppola volvió a cargar con el pedido de droga.

El Bocha repitió la respuesta que había dado en la primera ocasión: “Yo, de eso, no sé nada; en serio…”.

Cuando fueron al boliche, algunos jugadores le preguntaron a Bocha si sabía de algún cabaret.

Zottele les contestó con la verdad: sí, había uno, pero era de medio pelo…

Los muchachos insistieron en ir, así que el Bocha los acompañó, vio la movida que se armó en el lugar, y volvió con el resto del plantel.

Se encontró con un Maradona empapado en sudor, bailando sobre la mesa.

Si bien el local estaba cerrado, alguien había dejado pasar a algunas chicas, que se contorneaban sobre los parlantes…

Diego estaba eufórico, y Bocha temía que el encontronazo con el frío que hacía afuera le hiciera mal.

Se lo advirtió a Coppola: “Mirá cómo está… se va a enfermar”, pero el representante le dijo que lo dejara, si no Maradona se enojaría.

Una hora después, Zottele insistió, pero Coppola le contestó que nadie se animaría a sacarlo… Bocha afirmó: “Yo voy”.

Lo llamó, y Diego gruñó: “¿Qué pasa?”.

“¿Por qué no nos vamos? Te va a hacer mal…”, soltó Bocha.

Hoy, al recordar la escena, Zottele se emociona, casi hasta las lágrimas… Dice que la mirada que le echó el Diez fue “como una radiografía”.

“Yo le hablé como a un hijo, y él, tras unos segundos, me contestó: ‘Tenés razón, vamos’”, indica.

De aquellos días, el Bocha evoca alguna anécdota más, como cuando Guillermo Coppola le pidió prestado un sombrero texano de cuero que supuestamente devolvería antes de irse (cosa que no sucedió, aunque igual guarda un buen recuerdo del representante), o la foto que se tomó junto a Diego y sus hijos, María Eva y Juan Manuel, que estaban de visita en la localidad, y un día acudieron a la concentración con unos amiguitos.

Bilardo invitó a Zottele a que, cuando fuera a Buenos Aires, se acercara al predio del Sindicato de Empleados de Comercio donde el equipo entrenaba.

Así lo hizo, y, allá, pidió permiso para sumarse a un picadito. El entrenador preguntó cuánto calzaba. “Cuarenta y uno”, contestó.

Salvador llamó a Caniggia, y le explicó: “Gracias a este muchacho, estuvimos en Bariloche. Prestale los botines, por favor”.

“Así que jugué con los botines de Caniggia”, ríe Bocha.

En aquella ocasión, Maradona no estaba.

Zottele lo volvió a ver brevemente en Villa La Angostura, en 1997, cuando Diego pasó unos días en aquella ciudad, invitado por su amigo, el exjugador Carly Randazzo.

En aquella ocasión, apenas se vieron. Zottele trabajaba en FM del Lago, y acudió a cubrir la visita.

Recuerda que Diego estaba a punto de formar parte de un partido informal: se colocaba los botines, cuando dos chicas se arrimaron y lo besaron. Una fotógrafa disparó su máquina, y el crack enloqueció.

La persiguió, aún sin terminarse de colocar el calzado.

Le sacó la cámara y le tiró el rollo. Dijo que no quería tener problemas con Claudia.

Bocha intervino para que la cosa no pasara a mayores, porque el Diez estaba que explotaba…

Zottele tiene en su cabeza las imágenes del partido homenaje en cancha de Boca, donde él estuvo presente durante la jornada aquella de “la pelota no se mancha”. Se conmueve al decirlo…

Afirma descreer de lo que se habla de los entornos de Maradona: “No lo manejaba nadie”, sostiene.

Y suspira: “Se murió porque quiso… era una criatura…”.

 
             

Christian Masello

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